LUZ DE CRISTO

LUZ DE  CRISTO

“Demos  gracias a Dios”

En el mundo, soy luz del mundo.  (Juan (SBJ) 9,5)

Autor: Pedro  Sergio Antonio Donoso Brant ocds

1.       EL CIRIO PASCUAL, SÍMBOLO DE CRISTO–LUZ

En la procesión de entrada de la  Vigilia hemos cantado por tres veces la aclamación al Cristo:”Luz de  cristo. Demos gracias a Dios“, mientras progresivamente se iban  encendiendo los cirios de los presentes y las luces de la iglesia. Pero el  cirio más importante es el que se encendió como símbolo de Cristo–Luz.  El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las  siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra,  hasta la tarde del domingo de Pentecostés.

Una vez concluido el tiempo  Pascual, el Cirio se conservará dignamente en el bautisterio. El Cirio  Pascual también se podrá utilizará durante los bautizos y en las exequias, es  decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un  cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno,  como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.

2.       QUE ES LA LUZ

Estamos necesitados de la luz, sin  ella, todo se nos hace difícil, requerimos luz para poder ver y saber hacia  donde vamos, la luz, nos ilumina el camino de nuestra vida, sin ella, no nos  atrevemos a dar un paso, en otras palabras, la luz es lo que nos permite  orientarnos. Extraño decirlo, pero la peor amenaza de nuestra vida, es la  oscuridad y la peor amenaza de la luz son las tinieblas,  por que ambas,  apagan la vida y la claridad.

Desde siempre, el hombre ha esperado  que amanezca radiante, es decir, con un sol muy luminoso, pero a las pocas  horas este espacio de luz abandona a los hombres. Lo que quiero decir, es que  sol, solo evita la sombra por un período determinado, pero hay mas, muchas  veces tenemos el sol en lo alto, pero no significa que no haya un poco de  sombra, es decir por mucha luminosidad que nos de el sol, finalmente es una  mezcla de luminosidad y oscuridad. Finalmente, al final de cada día, el  hombre tiene irremediablemente, que vivir en la ausencia de luz terrenal.

3.       LA INDISCUTIBLE Y MAS AUTENTICA LUZ

Frente a la oscuridad terrenal,  Cristo nos dice; “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará  en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”  (Juan (SBJ) 8,  12), por que nuestro Señor, es la indiscutible y mas autentica luz, luz que  ninguna luz terrenal puede superar; “en el mundo, soy luz del  mundo”.  (Juan (SBJ) 9,5), es la luz que permanece con un brillo donde  se desentraña la gloria de Dios y el sentido del mundo y que brilla desde el  principio de la creación. “Luz verdadera que ilumina a todo hombre que  viene a este mundo”. (Juan (SBJ) 1,9).

Y como lo expresa el apóstol Pedro,  somos un familia elegida “para anunciar las alabanzas de Aquel que nos  ha llamado de las tinieblas a su admirable luz  (1 Pedro (SBJ) 2, 9), además  somos; “hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche  ni de las tinieblas”. (1 Tesalonicenses (SBJ) 5,5), por tanto debemos  dar gracias y reconocer la incuestionable, autentica y maravillosa luz que se  nos ofrece para caminar por los caminos de la verdad, modo irrefutable para  llegar a participar de los misterios del Señor.

4.       QUIEN DICE QUE ESTÁ EN LA LUZ Y ABORRECE A SU HERMANO, ESTÁ AÚN EN LAS  TINIEBLAS

Sin embargo, sabiendo que;  “Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna”. (1 Juan (SBJ) 1,5),  no nos mostramos a esta luz, es decir no nos dejamos iluminar ni menos  traspasar por esta luz que hace que nos veamos como hermanos, que nos demos  cuenta que somos hijos de Dios y que iluminados por El podemos entendernos  bien. Porque muchas veces nos sentimos hombres de Dios, le miramos a El, pero  no vemos a nuestros hermanos, no queremos entenderlos  y hasta incluso, los  desatendemos y relegamos con falsa justificaciones olvidándonos de lo que nos  ha enseñado el Evangelio: “Si decimos que estamos en comunión con él, y  caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en  la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros”  (1 Juan (SBJ) 1,7). Por tanto, si de verdad queremos estar iluminado por  Cristo y dar verdadera caridad a nuestros semejantes, acojamos con sinceridad  la palabra del Señor que nos ha escrito un mandamiento nuevo – lo cual es  verdadero en él y en vosotros – pues las tinieblas pasan y la luz verdadera  brilla ya.”Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está  aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no  tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en  las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus  ojos”. (1 Juan (SBJ) 2, 9-11)

5.       ALEJADO DE LA VERDADERA LUZ, CAEMOS EN LA LOCURA DE LA EMANCIPACIÓN Y  LAS TINIEBLAS

“Pues el mismo Dios que dijo:  De las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros  corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la  faz de Cristo.  Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que  aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. (2  Corintios (SBJ) 4, 6-7)

Sin embargo, tenemos que hacernos  muchas preguntas de porque si siempre hemos podido vernos a esta luz que es  eternamente auténticamente no hemos cegado a entendernos y ayudarnos entre  nosotros, es decir, como hijos de un mismo Dios que es Padre y Madre. Porque  diga lo que se diga, siempre hemos estado iluminados por la luz de Dios y de  darnos cuenta de esto, sabemos que invariablemente no hemos dejado de tener  la posibilidad de entendernos entre todo comedidamente. El mundo ha sido para  los hombres revelación de Dios, sin embargo no hemos cerrados a esa  revelación y por eso mismo hemos perdido y vamos perdiendo la visión  auténtica del mundo y de cuales son nuestra verdaderas raíces. Alejado de la  verdadera luz, caemos en la locura de la emancipación, en las tinieblas, y ya  no nos entendemos, porque no nos queremos ver como criaturas de Dios, y si  seguimos por estos caminos, nos vamos a perder y no lo volveremos a  encontrar, y de seguro que las tinieblas y la muerte se harán cercanas  nuestras. Representante y señor de la humanidad caída en las tinieblas es  Satán. Matando el verdadero saber sobre sí mismos, mata en nosotros la vida  verdadera; es, por tanto, criminal y engañador. “Y nada tiene de  extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Por tanto, no es  mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero  su fin será conforme a sus obras”. (2 Corintios (SBJ) 11,14)

6.       DESDE LA ENCARNACIÓN, LA LUZ BRILLA EN LAS TINIEBLAS.

Porque en otro tiempo fuisteis  tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor.  (Efesios (SBJ) 5,8) Cristo es  quien trae la luz a las tinieblas de la historia humana. La curación del  ciego de nacimiento es un símbolo de esto; en ese milagro no debemos ver sólo  una ayuda momentánea que Cristo presta misericordiosamente a un hombre; si  sólo tuviera ese sentido, sería un episodio insignificante en un mundo en que  viven miles y millones de ciegos sin encontrar quien les cure; pero tiene  gran importancia; en ese milagro se hace patente la función de Cristo ante la  Historia y ante los mismos individuos. “La Palabra era la luz verdadera  que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.” (Juan (SBJ) 1,9) En  efecto, Cristo ilumina la vida humana de forma que sentimos que somos nosotros  mismos; porque en Cristo logra el hombre la verdadera y clara mirada sobre sí  mismo. En El se reconoce como criatura, como abandonado y, a la vez, como  redimido. En El se ve como debe ser visto desde Dios, y logra así la  verdadera medida y norma de su vida; pues Cristo le enseña a medirse y  valorarse conforme a Dios, Cristo le lleva, pues, a la verdadera conciencia  de sí mismo; toda otra conciencia es una ilusión.

7.       QUIEN VE EL MUNDO A LA LUZ DE CRISTO

Yo, la luz, he venido al mundo para  que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. (Juan (SBJ) 12,46) Sólo  los iluminados por Cristo veremos de verdad: todo lo demás son pasiones y  fantasías. Porque hay muchos que fantasean de superhombres, de hombres  divinos, de sabios que gustan ser admirados, de paraíso terrestre. Pero por  gracia, hay muchos que entienden que sólo Cristo da un saber verdadero sobre  la vida y el mundo. Es así como quien ve el mundo a la luz de Cristo no se  hace de los hombres ilusiones y esperanzas que no puedan ser cumplidas. Quien  ve el mundo a la luz de Cristo, ve al mundo y al hombre con claridad y sin  ilusiones, y sin embargo no es escéptico.

Quien ve el mundo a la luz de  Cristo, al ver los pecados y la basura de la tierra no cae en la desilusión o  se resigna o desespera de forma que sólo pueda librarse por la diversión y  distracción; para él ilumina Cristo con sus palabras de amor una nueva  realidad. “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre  que viene a este mundo”. (Juan (SBJ) 1,9) en la que el hombre puede  poner su  esperanza última e incondicional: esa realidad es el amor de Dios,  que el hombre a la luz de Cristo ve destacarse en todas las sombras y  tinieblas terrestres, en las ruinas y catástrofes de la Historia, en los  peligros y amenazas de esta vida, en todas las traiciones y bajezas humanas, en  los cínicos y falsos cariños hechos en nuestras espaldas. Quien ve el mundo a  la luz de Cristo, sabe por eso hacia dónde debe volverse para transformarse  amando a los hombres y a las cosas del mundo.

8.       LA ILUMINACIÓN DE CRISTO

Mira, pues, que la luz que hay en  ti no sea oscuridad.  (Lucas (SBJ) 11,35). La iluminación de Cristo no es un  fenómeno natural como la del sol, sino que es espiritual. Cristo es la Luz y  el portador de la Luz por ser el Revelador. El hombre es, pues, responsable  de oír y aceptar la Revelación. Puede cerrarse a ella con orgullo; el orgullo  prefiere las tinieblas a la luz. No quiere reconocerse como criatura y se  obceca en su orgullo, al precio de dejar sin resolver los enigmas de la vida  y sin contestar las eternas cuestiones del por qué y para qué, al precio,  pues, de una vida inauténtica, triste y esclava. El orgulloso y autónomo  prefiere vivir en la noche y desesperación a vivir en la luz y la alegría,  porque esto sólo puede alcanzarlo sometiéndose al Revelador. El desesperado,  sea clara o confusa su desesperación, es responsable de ella: es culpable  (Cfr. Eranos-Jahrbuch, 10, 1943. Tema general: “Cultos antiguos al sol y  simbolismo de la luz en la Gnosis y en el Cristianismo antiguo”). El que  se deja iluminar por Cristo, Revelador, logra la verdadera Vida. “Pues  todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que  duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo”.   (Efesios (SBJ) 5,14)

Yo, la luz, he venido al mundo para  que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. (Juan (SBJ) 12, 46)

La Luz de Cristo  viva en sus corazones

Pedro Sergio  Antonio Donoso Brant ocds

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s