EN BUSCA DEL REINO.

EN BUSCA DEL REINO.

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO FUNDAMENTO SU IGLESIA PREDICANDO LA BUENA NUEVA, ES DECIR EL REINO DE DIOS PROMETIDO MUCHOS SIGLOS ANTES EN LAS ESCRITURAS: “PORQUE EL TIEMPO ESTA CUMPLIDO Y SE ACERCO EL REINO DE DIOS” Mc 1,15.

CONCILIO VATICANO II. Const. Sobre la Iglesia.

1. IMPORTANCIA DEL TEMA DEL REINO DE DIOS.

Hay palabras de un contenido elevadísimo y profundo que debemos meditar con gran interés. Una de ellas es la palabra REINO, que en la Biblia equivale a REINO DE DIOS.
“El Reino de Dios es el concepto central de la Biblia. Une el principio y el fin de la historia de la salvación, la gloria de Dios y el sentido del hombre. Explica al puesto singular de Cristo. Es fundamental para comprender la doctrina cristiana acerca de Dios. Señala la unión intrínseca entre religión y moralidad. Ilumina la esencia y el significado de la Iglesia. Sólo desde la idea de Reino de Dios puede explicarse convenientemente la vida cristiana presente y futura” H Elfer “El Reino de Dios”.

Ahora bien, este Reino comienza a manifestarse como una luz delante de los hombres por la palabra, por las obras y por la presencia de Cristo. La palabra de Dios se compara a una semilla depositada en la tierra: quienes la reciben con fidelidad y sé unen a la pequeña grey de Cristo, recibieron el Reino; la semilla va germinando poco a poco hasta el tiempo de la siega. Los milagros del Señor, por su parte prueban que el Reino de Dios ya vino a la tierra: “si expulsó los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el Reino de Dios ha llegado a vosotros “Lc 11,20. Pero sobre todo el Reino se manifiesta en la persona del mismo Cristo, hijo del hombre, que vino a “servir y a dar su vida para redención de muchos” (Mt 10,45)

El Reino de Dios quiere decir la victoria definitiva de Dios sobre todos los enemigos de la vida humana; el pecado, el mal, la injusticia, la opresión, las torturas, el sufrimiento y la muerte. El Reino de Dios es el dominio del Creador en la historia humana. La resurrección de Cristo es la prueba evidente del destino del hombre. Jesús volverá a la tierra para hacer definitivo el Reino de Dios en la gloria.

“Ignoramos el tiempo en que hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de que manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebosar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción se revestirá de incorruptibilidad y permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas que Dios creó pensando en el hombre…

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad, en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre “el Reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz”. El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra, cuando venga el Señor, se consumará su perfección.”

“Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual” No. 39.

2. EL REINO DE DIOS ES MISTERIO DE AMOR.

El amor paternal de Dios a sus hijos los hombres es el misterio más grande del Reino de Dios, o del Reino de Cristo o del Reino de los cielos ya que los tres títulos indican la misma realidad. Ese amor de Dios por los hombres lo lleva a darnos como regalo maravilloso a su Hijo muy amado para que Él nos ilustre en los secretos del Reino.

La iniciativa parte del Padre quien, no queriendo dejar a los hombres bajo el imperio de Satanás, instituye su Reino, fundado en el amor y la libertad. Dios ama a cada hombre individualmente, pero también comunitariamente para que forme parte de su Reino. Jesús, al predicar el Reino pone al acento en la generosidad divina, en la invitación al banquete celeste, aun cuando los hombres pongan pretextos y se excusen por motivos que se podían aplazar (compré unas yuntas de bueyes que voy a contraer matrimonio he comprado un campo y debo verlo, etc.)

El Reino de Dios tiene un valor absoluto y ante él palidecen todos los otros valores humanos. Por eso el Reino nos pide la renuncia voluntaria a todo cuanto pueda oponerse a las exigencias del Reino. Incluso hay que estar dispuesto a sacrificar la propia vida, sí así lo exigiera el Reino de Dios. “BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y TODO LO DEMAS SÉ OS DARA POR AÑADIDURA”. MT 6,33. La búsqueda sincera del Reino es, pues, la primera obligación moral del hombre. En el Reino se integran las más grandes realidades valiosas para el hombre; la gracia, la vida eterna, la gloria, la filiación adoptiva, la paz, la justicia, la reconciliación y otra más. Todas ellas expresan el contenido del mensaje evangélico, pero carecerían de sentido si se las desconecta del Reino de Dios. Más aún, son verdaderos constitutivos del Reino de Dios y de Cristo.

3. LA LEY FUNDAMENTAL DEL REINO.

Si nuestro concepto de Dios es el de la Biblia, el predicado por Jesús con tanto calor filial, si le reconocemos su soberanía en la historia, entonces nos intrigará sabes cuál es la ley fundamental del Reino. A través de todo el mensaje evangélico de Jesús descubriremos que es la aceptación voluntaria de su dependencia, el reconocimiento libre y gozoso de su soberanía absoluta fundada en su divinidad. La voluntad de Dios se os manifiesta en forma clarísima en los Diez Mandamientos dados por Dios a su pueblo y a todas las generaciones futuras en el monte Sinaí.

Mas para llegar a cumplir y amar la voluntad divina expresada en los diez Mandamientos es indispensable un proceso previo de interiorización. Es decir, que por ese proceso de interiorización. La Ley deja de ser norma EXTERNA para convertirse en convicción personal INTERNA. El proceso de interiorización de la Ley divina en nuestro corazón exige un gran sacrificio; renunciar al modo natural de ver el universo para aceptar en la fe realidades no visibles, renunciar a nuestros deseos carnales para seguir las enseñanzas del Evangelio. Jesús es diáfano en su enseñanza, el sentido de la vida es BUSCAR EL REINO, hacer la voluntad del Padre, aceptar con gozo su soberanía y consiguientemente la dependencia voluntaria de su santa Ley. Jesús mismo se considera sometido a esa Ley hasta el punto de considerarla tan necesaria como el alimento: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen” Jn 4,32. Y en su enseñanza al pueblo afirmó: “No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo”. Mt 7,21 “Cuando tengáis que orar, decid: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” Mt 6,10.

Una explicación más profunda de la dependencia de Dios, como la Ley fundamental del Reino la encontraremos en las siguientes páginas que son difíciles de entender con una sola lectura. Se requiere mucha atención, pero el tema vale la pena, ya que va a la raíz de los problemas de indiferencia religiosa del mundo moderno.

Definitivamente, en cuanto que la voluntad creada no es para sí la misma bondad, sino que necesita del OBJETO de su beatitud o felicidad, es esencialmente dependiente del BIEN ABSOLUTO. Necesariamente la voluntad creada está “LIGADA” y OBLIGADA” a otro, es decir, al bien perfecto. Este es el fundamento de la Religión (religar) y de la obligación moral obligar. Y así por no poder ser la voluntad creada del hombre EL BIEN SUPREMO PARA SI, no es absolutamente autónoma, no es para sí la norma última o ley de sus acciones, sino que SU LIBERTAD QUEDA RESTRINGIDA. Por condición esencial de su naturaleza DEPENDE DEL BIEN EN SÍ o BIEN PERFECTISIMO. Sólo aceptando libremente la dependencia de la voluntad divina como BIEN SUPREMO puede encontrar la voluntad creada, es decir, el hombre, su PROPIO PERFECCIONAMIENTO Y FELICIDAD.

La razón última de la obligación o dependencia de Dios no es la voluntad divina que arbitrariamente pretendiera dominarnos; la razón última de la obligación o dependencia radica en la sabiduría divina y en la constitución misma de nuestra naturaleza humana. La dependencia surge de la misma esencia de Dios y de lo que ES la creatura racional. Por el hecho mismo de que una creatura y que tiene su ser sólo de Dios, se sigue necesariamente quedar religada a Dios como A SU BIEN y principio de TODO BIEN.

La obligación moral nace de la misma esencia de la naturaleza creada como una CONDICION NECESARIA de su perfección y felicidad. Porque así como la dependencia de la creatura a Dios como a su causa eficiente es la CONDICION NECESARIA DE SU EXISTENCIA, del mismo modo su obligación moral y unión a Dios en un sentido de DEPENDENCIA como a SU BIEN es CONDICION NECESARIA DE SU PERFECCIONAMIENTO Y FELICIDAD.

Quitar la relación de la creatura a su causa eficiente sería reducirla A LA NADA; de la misma manera quitar la relación de la creatura a la fuente de su bondad, sería reducirla al mal, a la privación de su bien; sería conducirla a su miseria, ligarla y cautivarla a los límites de su esencia y de su bien privado y esto es el mal o el pecado.

De aquí se ve que la obligación moral necesariamente se deduce de la misma naturaleza de la voluntad creada.

Bajo esta luz, la obligación o dependencia en sentido estricto es aquella relación que refiere la creatura a Dios COMO A SU BIEN. La obligación moral existe inmediatamente que existe una naturaleza creada, ya que le falta su ULTIMA PERFECCION que es la felicidad.

Al comprender estas verdades se entiende perfectamente el amoroso clamor de San Agustín: “HICISTE, SEÑOR, NUESTRO CORAZON PARA TI Y ESTARA INQUIETO HASTA QUE DESCANSE EN TI”. La capacidad de amor del corazón humano es INMENSA y nada puede saciarlo definitivamente sino el amor misericordioso que Dios siente por sus hijos los hombres.

4. EL RETO DEL HOMBRE MODERNO A LA SOBERANIA DE DIOS.

El pecado ha llegado a obtener un nuestros tiempos el dominio en las inteligencias de los hombres por haberse llegado a constituir en sistema filosófico. El mayor error moderno es el humanismo ateo, bajo cualquier forma: liberalismo absoluto, comunismo ateo o existencialismo pagano.

El principio fundamental de tal filosofía consiste en que según ella el hombre, ya individual, ya socialmente, no puede adquirir su perfección de un principio externo ni en un bien supraterreno ni en ninguna ley que obligue al hombre hacia una meta superior a su naturaleza, sino que el hombre debe encontrar su perfeccionamiento EN SI MISMO Y POR SUS PROPIAS FUERZAS. Este es el reto ateo a la doctrina de Cristo, a la cual le niegan un verdadero humanismo. La obligación moral hacia el bien que está fuera de nuestra naturaleza, dicen, es UN ATENTADO CONTRA LA LIBERTAD. Nuestra voluntad es autónoma, dueña de sus acciones, verdaderamente libre y si es OBLIGADA a algo que esté fuera del ámbito de nuestra naturaleza, pierde su libertad. La oración y humilde súplica a una potestad superior es degradación.

El fundamento de este error moderno no es sino la renovación de la primera tentación en el Paraíso en el origen del mundo; “seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” Gen 3,5.

Se exigen para una naturaleza creada y limitada propiedades divinas. Se pretende divinizar lo que esencialmente es limitado. Solo a Dios le corresponde naturalmente y por su esencia divina. LA PERFECTA LIBERTAD E INDEPENDENCIA DE TODO BIEN y por tanto la perfecta felicidad y autonomía. A toda naturaleza creada se le concede la libertad PARTICIPADAMENTE, gratuitamente, por un acto de amor que es la creación. Y al ser creada esa naturaleza, se le imprime un movimiento hace el BIEN, HACIA LA FELICIDAD y esa es su condición natural: TENER, PARA SU PERFECCIONAMIENTO, AL BIEN QUE ESTA FUERA DE SI.

La dependencia de Dios que es la ley fundamental del Reino es algo esencial a la voluntad humana que desea alcanzar su perfeccionamiento en la FELICIDAD, en SU BIEN. El hombre está obligado a una norma inmutable que es la Voluntad Divina identificada con el BIEN SUPREMO, pero esta obligación lo conduce a su perfeccionamiento y a su felicidad. Así la ley, la dependencia, la obligación moral son esenciales a la creatura racional y son al mismo tiempo su explicación y sustentación como ser inteligible. No es posible reunir en un solo ser dos notas contradictorias; creatura e independencia absoluta del BIEN; creatura y perfección divinidad; creatura y voluntad autónoma absoluta.

5. LAMENTABLE CONFUSION ENTRE LIBERTAD Y LIBERTINAJE.

Debo confesar que mi entrevista con aquel joven de veinte años me impresionó fuertemente. Duramos dos largas horas hablando. Y él hizo con una franqueza que tengo que alabar. Prescindió de todo formalismo, habló con la transparencia de los lagos canadienses. Y yo le dejé que hablara, que vaciara totalmente el fondo de su alma, sin interrumpirlo para nada, a fin de captar mejor su pensamiento que se expresaba en palabras y frases, a veces pausadas a veces vehementes.

Si yo tengo ocho botellas de vino, decía, ¿por qué no me las he de poder beber todas, sin dejar nada? si ME GUSTA bebérmelas todas. ¿Por qué no lo he de poder hacer? yo sé que me voy a emborrachar, PERO YO LO QUIERO.

Y si están junto a mi unos cigarros de marihuana, ¿porqué no me los he de poder fumar? sé que me voy a drogar, PERO YO LO QUIERO.

Y si encuentro una joven que me gusta, ¿por qué no he de tener relaciones sexuales, si ella lo acepta? ella y yo LO QUEREMOS. MI LIBERTAD ES LO QUE YO MAS AMO, ES LO QUE YO MAS ESTIMO. Poder hacer todo aquello que me guste, en el momento en que me guste y en la forma que más me guste. ¿Por qué se ha de restringir mi libertad?, ¿quién puede tener derecho a privarme de mi LIBERTAD? “a mí la vida no me interesa sin libertad”.

Este modo de pensar de nuestro joven podría suscribirlo miles y miles de jóvenes y de personas maduras que lamentablemente confunden LA LIBERTAD CON EL LIBERTINAJE y esta lamentable confusión es un rechazo práctico del Reino de Dios.

San Pablo ya vislumbraba en su tiempo el terrible problema derivado de confundir libertad con libertinaje y por eso escriba a sus discípulos de Galicia una carta en la que les decía:

“Hermanos: Para ser libres nos liberó Cristo. Manteneos, pues firmes y no es dejéis oprimir nuevamente por el yugo de la esclavitud… por que, hermanos han sido llamados a la LIBERTAD; SOLO QUE NO TOMEIS DE ESA LIBERTAD PRETEXTO PARA LA CARNE… ahora bien, las obras de la carne son conocidas: Fornicación, impureza, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueses, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne que QUIENES HACEN TALES COSAS NO HEREDARAN EL REINO DE DIOS”. Gal 5,13-21.

Supuesto que la ley fundamental del Reino de Dios es aceptar la dependencia del Señor, pues no sería Reino perfecto aquel en el que el Rey mandara y los súbditos pudieran rechazar sus mandatos y supuesto que la dependencia de Dios RESTRINGE EN PARTE NUESTRA LIBERTAD, es muy importante y necesario ACLARAR LAS IDEAS SOBRE LA LIBERTAD Y DEL USO QUE DE ELLAS DEBEMOS HACER.

La libertad es cualidad de la voluntad que apetece EL BIEN. Así como la inteligencia tiene por único objeto la verdad, así la voluntad tiene por objeto único EL BIEN. La voluntad ejerce su acto LIBREMENTE; es decir con autodeterminación, o sea con capacidad de actuar o no actuar, en una forma o en otra, de elegir una cosa u otra. Así pues, por su voluntad libre el hombre es DUEÑO DE SUS ACTOS. Cuando el hombre actúa libremente no toma ninguna determinación que no venga de sí mismo. No procede su decisión de ninguna presión exterior, en la voluntad está el querer o no querer.

El hombre es dueño de sus actos, pero al mismo tiempo ES RESPONSABLE DE ELLOS pues sería absurdo que hubiera proliferación de acciones, ya constructivas, ya destructivas y no hubiera NADIE a quien se debiera atribuir. Las acciones se atribuyen a la persona y la persona se vuelve buena o mala, según que sus acciones sean buenas o malas. Llevamos un alma inmortal piense o no piense en ello el hombre, crea o no crea en ello. La realidad esplendorosa del universo, su armonía y orden constantes nos están hablando a gritos de UN PLAN admirable que nos lleva a un planificador inteligentísimo a quien llamamos Dios. Dios es el custodio del orden moral, porque sin orden moral el mundo de los hombres sería la selva más inhumana y si Dios no promulgara sus leyes que imperan al hombre a vivir en el amor, Dios MISMO SERIA EL RESPONSABLE DEL GRAN DESORDEN MORAL QUE se produjera en el mundo. Y decir esto sería una blasfemia. Tiene que haber, pues, otro responsable, un ser libre, que no es Dios, el responsable de que el mundo de los hombres se convierta en jungla y no en convivencia inspirada en el amor. Llevamos un alma inmortal y esto implica una grave responsabilidad. La responsabilidad, es pues, el precio que el hombre paga por su libertad. Querer la libertad sin la responsabilidad de los actos libre es imposible, es una contradicción y un absurdo.

Después de una deliberación razonable, es decir, de pesar con inteligencia los motivos para actuar o actuar, para elegir una cosa o elegir otra, queda a la voluntad libre la facultad de optar por lo que crea más conveniente, por lo que sea más valioso. En toda elección libre siempre tiene que haber UN MOTIVO para decidirse, pero es indispensable asegurarse de que ese motivo sea VALIDO, VERDADERO Y NO APARENTE.

La validez de los motivos funda las acciones ejercitadas con una libertad que humanice, que engrandezca y merezca el mérito.

La falsedad o apariencia de los motivos funda el libertinaje.

Las diferencias entre la libertad y el libertinaje son las siguientes:

En la libertad hay un límite para las acciones humanas; en el libertinaje no hay ningún límite. Se piensa erróneamente que todo se puede pensar, decir o hacer.

Para elegir con libertad hay siempre UN MOTIVO VALIDO Y VERDADERO. Cuando se actúa en el libertinaje, no hay motivo válido, sino sólo aparente.

En el buen uso de la libertad queda siempre en el conciencia un sentimiento de paz y de sentirse bien. En la actitud libertina queda en la conciencia el malestar y la turbación, a menos que ya esa conciencia se haya destrozado tanto que sea absolutamente insensible a todo toque de espiritualidad.

Cuando se vive en la libertad de los hijos de Dios se tiene derecho a heredar el Reino de Dios. Cuando se vive en el libertinaje no se heredará el Reino de Dios como expresamente lo dice San Pablo y consta en la Biblia.

Cuando se acepta la dependencia de Dios el alma va avanzando cada vez más en la verdadera libertad interior. Cuando se profesa el libertinaje el hombre cae en las garras de la esclavitud. Por eso decía Jesús: “El que comete pecado se hace esclavo de pecado”. Jn 8,34.

Libertad sin responsabilidad es utopía, es el más grave engaño en que el hombre puede caer, es fraude a todo lo humano y al verdadero humanismo. El libertino destroza la sociabilidad, pervierte el orden, se erige en falso Dios, pues adora sus tendencias pecaminosas y desordenadas.

Un error en el concepto de la libertad puede arruinar nuestra vida. Tenemos que ser muy sinceros y reconocer si en nuestras acciones nos impulsa una pasión desordenada o el deseo de procurarnos un auténtico bien para nosotros mismos y para los demás.

Siempre habrá una lucha en todo corazón humano entre el placer y el deber, entre el bien sensible, cuando es pecaminoso y el bien espiritual, entre la carne y el espíritu; entre la naturaleza y la gracia. Pero que quede bien claro que la LIBERTAD NO ES EL DESENFRENO NI EL LIBERTINAJE. El desenfreno procede de la esclavitud a las pasiones y las decisiones libres bien razonadas nos introducen en la LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS.

6. EL RECHAZO DEL REINO POR FALTA DE FE.

“El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder y por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas y que, al encontrar una de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra”. Mt 13,44-45.

Con estas dos parábolas Jesús nos quiere explicar la trascendental importancia de aceptar en nuestro interior el Reino de Dios, es decir, de recibir el mensaje de Jesús, de recibirlo en actitud de fe. El aceptar el Reino o no aceptarlo el hombre se juega él todo de su vida: “El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado”. Mc 16,16 Quien NO BUSCA EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, deja pasar la ocasión de encontrar el camino de la salvación. Quienes no buscan este camino o quienes voluntariamente se aparten de él, son aquellos que según el profeta Zacarías quedan sumidos “en las sombras de la muerte”. Lo trágico del caso es que no le demos crédito a Jesús y sí se lo demos a los hombres que en la historia nos cuentan lo que nosotros no pudimos ver. Si el hombre restringe sus conocimientos y da su asentimiento sólo a lo que personalmente pudo ver y oír, verdaderamente que sus conocimientos van a ser muy limitados y su cultura tremendamente estrecha y superficial. Jesús acreditó su legitimidad de enviado del Padre con sus enseñanzas tan elevadas, con sus milagros y con su vida tan admirable. No tomarlo en cuenta para nada es verdaderamente “descubrir un tesoro”, constatar su legitimidad y alto precio y… pasar de largo sin volver a acordarse de él. “BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y TODO LO DEMAS SÉ OS DARA POR AÑADIDURA”. Al no buscar con determinación el Reino de Dios, estamos haciendo prioritario lo que es la añadidura de la vida y lo prioritario lo estamos haciendo añadidura. Actitudes ilógicas humanas.

En el relato “EL EXTRANJERO”, Albert Camus, un literato ateo, pone en labios de un condenado a muerte la siguiente narración:

“En este instante entró el cura en mi celda. “Dios te ayudará” afirmó.”Todas las personas que he visto en la situación en que usted se encuentra se convirtieron a Dios”.

Tuve que conceder que esas personas estaban en su derecho de hacerlo. Esto probaría, además que habían tenido tiempo para hacerlo. Pero yo no quería que me ayudasen. Sencillamente, me faltaba tiempo para interesarme por lo que no me interesaba… quise decir llanamente que pasara de largo y me dejase en paz. Pero él se volvió de repente y me gritó literalmente: “no, no le creo a usted. Estoy seguro de que también usted desea otra vida”.

¡Claro que deseo otra vida! le respondí. Pero eso es tan inútil como el deseo de riqueza, como el deseo de saber nada muy rápido o de tener unos labios más bonitos.

Todo queda en la misma línea… el cura quiso volver a hablarme de Dios. Pero yo me acerqué a él e intenté explicarle, por última vez, que me quedaba muy poco tiempo para vivir. “Y ese tiempo yo no quería perderlo con Dios”.

¡Qué ilógicas y tristes realidades humanas! creerle a todos los maestros humanos de física, de química, de idiomas, de astronomía Y NO CREERLE AL MAESTRO DE MAESTROS, JESUS, QUE NOS DA EL TESTIMONIO DE OTRA VIDA Y SELLA SU TESTIMONIO CON SU MUERTE EN LA CRUZ.

La situación interior de un condenado a muerte debe ser tremendamente conflictiva y lo único que puede darle un rayo de esperanza es su firme fe en la realidad del Reino de Dios al que ya se acerca, si le cree a Jesús. En contraste con la narración de Albert Camus, C. Journet nos refiere el siguiente hecho histórico:

“Un sacerdote de New York atendía a los negros de un barrio de la gran ciudad. Un día lo llamaron a confesar a un negro de 25 años de edad. El negro, por haber asesinado con muchas agravantes a una joven, debía morir una hora más tarde en la silla eléctrica. El sacerdote lo confesó y le dio la Sagrada Comunión. Luego hubo un pesado silencio que el sacerdote no quería interrumpir porque el condenado a muerte, muy conmovido, lloraba como un niño. De pronto, el joven negro, entre sollozos dijo:

-Padre, he desperdiciado toda mi vida; nunca he querido aprender un oficio, sólo sé bolear calzado. Permítame, Padre, que le limpie sus zapados; quiero pagarle toda esta alegría que usted me dió con el perdón de Dios, ya que DENTRO DE UNOS MINUTOS ESTARE EN EL CIELO.

El joven se arrojó decididamente a los pies del sacerdote, escupió en sus propias manos y comenzó a limpiar con fuerza los zapatos del sacerdote. Este, embargado por la emoción, callaba. Más tarde, comentando el hecho, decía:

-En aquel momento me acordé de la pecadora que lavó con sus lágrimas los pies de Jesús y las palabras del propio Jesús: “se le perdonan sus muchos pecados porque ha demostrado su mucho amor”.

7. EL RECHAZO DEL REINO DE DIOS POR FALTA DE AMOR.

Sabemos hasta donde ha ido Dios en su amor por los hombres. Al contemplar a Cristo en la cruz no podemos dudar que Dios quiere salvar a todos los hombres que no rechacen la fe en su bondad, pero, ¿de qué los quiere salvar? de que rechacen en su vida el amor. El rechazo del amor es el pecado. Cerrarse sistemáticamente a creer al que es infinitamente veraz, cerrar el corazón al amor a los hermanos. Cristo nos enseña con sus palabras y con su ejemplo que debemos luchar con todas nuestras fuerzas para iniciar en esta vida el Reino de Dios.

La debilidad de la voluntad humana, lesionada por el pecado, se extiende no sólo al individuo, sino también al hombre en cuanto miembro de la sociedad. El hombre carnal se inclina más al bien material que al espiritual. Y respecto de la sociedad es mayor verdad, si cabe, que en el hombre social la carne codicia contra el espíritu es el bien común de toda la sociedad: amistad, paz, convivencia. Los deseos de la carne son enemistades, riñas, lucha de clases y de naciones porque los instintos pasionales no pueden elevarse a la universidad del espíritu.

La historia nos refiere hechos que muestran hasta que punto puede pervertirse el corazón humano para hacer el mal a los inocentes.

En el primer Libro de los Reyes, al comienzo del capítulo 21 encontramos esta relación:

Nabot de Yezrael tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria y Ajab le dijo a Nabot:

– Dame tu viña para plantar ahí una huerta, ya que está pegada a mi casa; yo te doy por ella una viña mejor o si prefieres, te pago con dinero.

– Nabot respondió a Ajab:

– -Dios me libre de darte la herencia de mis padres.

– Ajab se fue a su casa triste y enfurecido porque Nabot le había dicho: “No te daré la herencia de mis padres”. Se acostó en su cama, se volvió de cara a la pared y no quiso comer. Entonces se le acercó su esposa Jezabel y le dijo:

– ¿Porqué éstas de mal humor y no quieres comer?

– El respondió:

– Es que hablé con Nabot de Yezrael y le dije que me vendiera su viña o que, si prefería, yo se la cambiaría por otra mejor, pero él me respondió que no me daría su viña.

– Su esposa Jezabel le dijo:

– ¿No que tú eres el rey poderoso que manda en Israel? levántate, come y alégrate. Yo te daré la viña de Nabot.

– Entonces ella escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y hombres principales de la ciudad en que vivía Nabot. Las cartas decían: promulguen un ayuno, convoquen una asamblea y sienten a Nabot en primera fila. Pongan frente a él a dos malvados que lo acusen, diciendo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey”. Luego lo sacan fuera de la ciudad y lo apedrean hasta que muera.

– Los habitantes de la ciudad, los ancianos y los hombres principales que vivían cerca de Nabot, hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las cartas que les había remitido. Promulgaron un ayuno y en la asamblea sentaron a Nabot en primera fila. Llegaron los dos malvados, se sentaron frente a él y lo acusaron delante del pueblo, diciendo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey”. Luego lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió. Enseguida le mandaron avisar a Jezabel que Nabot había muerto apedreado.

Cuando Jezabel supo que Nabot había muerto apedreado, le dijo a Ajab: Ve a tomar posesión de la viña de Nabot de Yezrael, que no quiso vendértela, pues Nabot había muerto, fue a tomar posesión de la viña de Nabot de Yezrael.

¿Creemos que en vista de tan negras acciones Ajab, su esposa Jezabel, aquellos dos malvados y cuantos cooperaron al crimen eran dignos de participar en el banquete del Reino que Dios invita a todos los hombres de buena voluntad?

¿Es Dios quien los excluye del Reino o son más bien ellos, con sus indignas acciones los que se cierran las puertas del Reino?

El Reino de Dios se inicia en esta vida y dentro de nosotros está, ya que la aceptación o rechazo de la invitación de entrar en el Reino de Dios la hace extensiva a todos los hombres y su más ardiente deseo es que la sala de su banquete se llene de invitados.

La verdad más profunda de la vida, la verdad salvadora radica en la práctica del AMOR. El amor es el eje del mundo y si ese eje se deforma, se tuerce, el carro del mundo caminará muy mal. El amor está a nuestro alcance, es lo que más nos ennoblece y lo que nos da las satisfacciones más profundas porque nos hace sentir la comunicación espiritual de nuestras almas. Por el amor nos hacemos semejantes a Dios QUE ES AMOR. El amor es dádiva, oblación, entrega generosa de nosotros mismos. Por el amor nos olvidamos de nuestro egoísmo y vivimos para los demás. El mundo sería un paraíso si todos guardáramos el mandamiento de Jesús: “Amaos los unos a los otros, como yo los he amado”. El Reino de Dios es la consagración del amor. Nadie entrará al Reino si en su vida terrena no ha aprendido a amar, a prodigarse, a buscar la construcción de un mundo mejor: más humano, más sensible a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente los más desprotegidos, los menos favorecidos por los dones de la naturaleza.

En el juicio final, cuando Cristo vuelva a su mundo a juzgar a todas las naciones se nos examinará en nuestras actitudes de AMOR O DE INDIFERENCIA GLACIAL ANTE LOS DEMAS.

“Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me dieron de comer, estuve sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron; estuve desnudo y me vistieron, enfermo y encarcelado y fueron a verme…”

‘Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron…”MT 25-31-43.

Cuidémonos de juzgar con más severidad que el mismo Dios, porque hay quien intenta tranquilizar su conciencia para no ayudar a sus hermanos diciendo: “Los pobres son unos flojos, son unos viciosos, podrían salir del infierno de su miseria y no mueven un dedo”. Por eso yo no los ayudo. “Estos son juicios superficiales, precipitados, injustos, carentes de la debida información”. Sin duda que está rechazando el Reino de Dios quien se cierra al amor porque confunde la JUSTICIA CON LA CARIDAD. La justicia es dar a cada uno SEGÚN LO QUE MERECE, la caridad es DON, es REGALO, es AYUDA y es PERDON. Y aunque un prójimo sea vicioso es verdad que tiene hambre o sed o está desnudo. Cristo no dijo: “sólo a los buenos, a los trabajadores, a los que no pecan, a los que no huelen mal, sólo a esos ayúdalos”. Al contrario, él decía: “No tienen necesidad de medio los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores.”

Cuidémonos seriamente de no ser excluidos del Reino, POR FALTA DE AMOR.

8. ME BASTAN LAS MIGAJAS DE LA MESA DE DIOS…

El dinero se define diciendo que es “PODER DE COMPRA”. La gente no busca tanto el dinero para guardarlo bajo el colchón en forma de billetes sucios y mal olientes. El dinero lo busca la gente porque con esos billetes sucios y mal olientes pueden COMPRAR lo que les agrada: Un buen coche, o unos buenos coches, una cómoda casa, magníficas diversiones, viajes caros, paseos suntuosos, comida espléndida, vestidos de última moda, etc.

Desafortunadamente nuestra sociedad es una sociedad de consumo y muchos ya se consideran felices si pueden adquirir cuanto anuncian en la T.V. o en la Radio. Es verdad que la dignidad de hijos de Dios que poseemos nos está pidiendo cuanto es necesario para una vida suficientemente humana y digna. Dios no quiere la miseria para sus hijos, pero tampoco quiere las diferencias abismales entre los que tienen todo cuanto apetecen y los que carecen de casi todo. Es una conciencia social sincera la que nos debe ayudar a revisar si nuestros gastos son superfluos o no, si somos más bien como el rico Epulón del evangelio, habiendo tantos pobres que esperan las migajas de la mesa de los ricos y no hay quien se las dé.

El Reino de Dios se puede perder por falta de visión, por carecer de una imaginación creadora que nos presenta el panorama de nuestra sociedad con realismo veraz. Hay quienes plantean el problema de la vida equivocadamente. Lo que los hombres necesitan saber ante todo es porque viven. Los hombres no tendrán descanso hasta el día en que hayan comprendido por qué han de vivir y morir. Ese día habrán fundado en su existencia una corriente irresistible de gran fe y de certidumbre que les permitirá entregarse alegremente a la tarea de vivir. Cuando escuchen las palabras de Jesús; “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura” y todo lo que la sociedad de consumo nos ofrece SOLO ES AÑADIDURA, SOLO SON MIGAJAS QUE CAEN DE LA MESA DE DIOS.

Si tuviéramos tres coches último modelo, una cuenta maestra bien provista, una casa en Acapulco, otra en Cuernavaca y la tercera en México, si no tuviéramos enfermedades, si los laboratorios quebraran por falta de clientela, si todo mundo nos estimara y alabara, si viviéramos de fiesta en fiesta y de banquete en banquete, si no tuviéramos arrugas, ni canas ni calvicie, si fuéramos a vivir 900 años, si el amor siempre nos inundara, si el trabajo fuera muy placentero, si nunca tuviéramos penas, si todo ocurriera a nuestro gusto, si pudiéramos adivinar cual iba a ser el billete premiado en los magnos sorteos, si recogiéramos muchas migajas de la mesa de Dios… le diríamos al Señor: “Quédate tu con tu Reino de los Cielo. Yo me instalo definitivamente en la tierra… “

¿Y qué pasaría al cumplirse los 900 años? antes de llegar al siglo noveno le diríamos al Señor: “Ya basta, Señor, de pavos y caviar en los banquetes, ya estoy hastiado de migajas caídas de tu mesa, ya quiero sentarme en el banquete de tu casa. Mi corazón quiere ALGO MAS. Algo que no se acabe, algo que sea espiritual y que encienda el amor, algo que sea espiritual y que encienda el amor, algo que sea conocimiento verdadero de tu plan divino de salvación, algo que llene definidamente mi pobre corazón humano, algo que me inunde de felicidad y amor”.

Si aún en la hipótesis soñadora de una vida muy placentera por poder cumplir todos nuestros gustos humanos, pero al fin y al cabo no son sino migajas caídas de la mesa de Dios, llegaría un momento en que le pediríamos a Dios lo definitivo. ¿Qué sería si nuestra vida no fuera placentera sino llena de preocupaciones, angustias, enfermedades, tensiones de relaciones humanas como es la realidad? con mucha razón y presteza le pediríamos al Señor que ya nos diera el pase para su banquete definitivo en el Reino de los cielos.

La virtud de la esperanza teologal nos sostendrá en las dificultades de la vida.

Un poeta de mucha sensibilidad escribió unas estrofas que nos invitan a fomentar la esperanza porque los bienes de Dios nos promete se apoyan en su veracidad, en la fidelidad del Señor para cumplir sus promesas y en su poder para realizarlas.

“Esta insomne ansiedad que me atormenta,

esta angustia febril que me devora,

este pan de dolor que me sustenta

y este añorar lo que al morir se añora,

no son, no pueden ser sino la lenta

mutación de mi noche por mi aurora;

tras de la oscuridad y la tormenta

El sol revive y el jardín se enflora”.

Chesterton decía que a los cristianos se les debería reconocer por el paso que llevan en la calle, porque teniendo una fe muy firme en el Reino que en su bondad Dios nos reserva, deberíamos ir por la calle con la mirada en alto, el paso firme, la sonrisa en los labios… en cambio los materialistas, los que no tienen ni fe ni esperanza tendrían que ir cabizbajos, tristes, su porvenir es muy negro: convertirse en hierba de cementerio.

9. EL PUNTO CLAVE EN LA BUSQUEDA DEL REINO DE DIOS.

Hemos visto que la ley fundamental del Reino de Dios consiste en aceptar la dependencia del Señor. Reconocer en la práctica que no encontramos en nosotros mismos la fuente de la felicidad, sino que necesariamente la buscamos fuera de nosotros. Hemos visto que sólo Dios puede satisfacer nuestro anhelo de felicidad. Le concedimos razón a San Agustín cuando escribió: “Hiciste, Señor, nuestro corazón para Ti y estará inquieto hasta que descanse en Ti”.

Pero ésta aceptación de la dependencia de Dios supone la abnegación, supone el esfuerzo y la lucha para superar nuestras tendencias desordenadas. Pues bien, para suavizar esa lucha y mitigar ese esfuerzo necesitamos apoyarnos más que en máximas o principios verdaderos, pero austeros, necesitamos apoyarnos en EL AMOR A UNA PERSONA Y ESA PERSONA ES PRECISAMENE JESUCRISTO. Por esto el punto clave para buscar con éxito el Reino de Dios, o sea, en encontrar al fin de nuestra vida el Reino de Dios, es apoyarnos en un amor muy sincero a Jesús que nos ha mostrado su amor yendo a la cruz voluntariamente.

Es bueno adquirir la disposición de aceptarse del mal moral para ser fiel a las exigencias de la propia conciencia, para no sentir la humillación de verse caído y derrotado, para no incurrir en la falta de autenticidad por vernos estimados y admirados, cuando en realidad el alma se siente culpable de una o muchas caídas graves. Todas esas motivaciones son buenas, pero la motivación excelentísima y más perfecta es la que se funda en un anhelo de amor personal por Jesucristo, que nunca cometió pecado y nos invita calurosamente a imitarlo. El amor personal a Jesús lleva necesariamente a un compromiso definitivo con El. Compromiso que nos impulsará a vivir siempre en un anhelo de agradarlo para mostrarle nuestro amor. “El reino de los Cielos padece fuerza” pero el amor hace nacer la fuerza para tender siempre hacia la meta de nuestro destino humano: Llegar al banquete celeste que Dios nos ha preparado, por los méritos de Cristo, desde toda la eternidad. “BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y TODO LO DEMAS SÉ OS DARA POR AÑADIDURA.

10.COMO VEIA A CRISTO EL PAPA PAULO VI.

Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda creatura, él es en quien todo subsiste. El es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros.

El es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama; compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.

Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, más aún, EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA; él es el pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. El, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo Reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Este es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos los anuncios: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito y el hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne, nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico.

¡JESUCRISTO! Recordadlo: El es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos”. (Homilía pronunciada por Paulo VI en Manila en 1971).

El punto clave del Reino de Dios es su rey, Jesucristo. El reino es magnífico porque el Rey es divino. El Reino es asequible porque su Rey es humano. El Reino es de justicia porque su Reino es justo.

11.COMO SUPERA BLANCA ESTELA LOS OBSTÁCULOS A SU VOCACIÓN.

El amor a Jesucristo es la clave para buscar con éxito el Reino de Dios vamos a referir muy resumidamente lo que ocurrió en la vida de Blanca Estela una joven de 19 años al terminar sus estudios de preparatoria. Blanca Estela quería ingresar como religiosa a una congregación de un reglamento muy severo.

La superiora, para ver si la joven estaba realmente decidida, la describió con colores muy oscuros la vida que debería llevar si ingresaba a la congregación.

-Hija mía, le dijo, aquí tendrás para ti un cuarto de paredes blancas, sin adornos y no la recamara lujosa que tienes en tu casa.

Y en ese cuartito, preguntó la joven. ¿Habrá un Cristo?

Eso sí, respondió la superiora, tendrás un Cristo. Deberás además conformarte con una comida escasa y muy sencilla; en nuestro comedor sufrirás mucho.

Madre y en ese comedor ¿habrá un Cristo?

Sí, también ahí hay un Cristo.

Entonces admítame, madre, por favor en este convento.

Fíjate bien, aquí cada religiosa debe acusarse de sus faltas delante de todas las demás religiosas en la sala de reuniones.

Oiga madre, ¿y en esa sala de reuniones hay un Cristo?

Claro que hay un Cristo. Ya te lo dije: al Cristo aquí lo encuentras dondequiera.

Entonces, madre, concluyó la joven, admítame usted en su convento: todo problema tendrá solución para mí porque yo amo entrañablemente a Cristo y El me quiere a mí.

Y dos meses más tarde Blanca Estela ingresó a la congregación y fue superando todas las pruebas del noviciado. Posteriormente hizo sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia y hoy que han pasado diez años de aquella singular conversación, todavía persevera en la congregación y sus deseos son servir al Señor en sus hermanos hasta el último día de su vida. La clave de su vida religiosa sigue siendo su amor a Jesucristo quien ha fundado el Reino de santidad y de gracia; Reino de justicia, de amor y de paz.

12.UN POBRE EN BUSCA DEL REINO.

Apenas arrancó el autobús de la terminal de Guadalajara, cuando mi compañero de asiento empezó a roncar como una locomotora. Tenía una abundante melena de color castaño oscuro. El ancho rostro como el de los teutones. Fornido y musculoso parecía un hombre acostumbrado a los trabajos rudos. Tendría unos treinta años de edad y por todo equipaje llevaba una bolsa de plástico en la mano.

Una hora después de iniciado el viaje despertó de su profundo sueño, se desperezó, miró a través de la ventanilla como queriendo reconocer el paisaje. Un instante después me preguntó por el lugar de mi destino.

Era un domingo de Ramos. Mi compañero sintió deseos de conversar y me empezó a contar su historia con sencillez:

“Hace ya diez años que hago este mismo viaje. En la parroquia del Calvario, de la ciudad de León, me esperan para la representación de “LAS TRES CAIDAS”. En esa parroquia, en el atrio, hace ya más de quince años que se representa en vivo la Pasión del Señor, en la tarde del Viernes Santo”.

“Yo hago el papel del buen ladrón, de Dimas, según le llaman.”

“Desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la noche yo me la paso en la cruz. Me canso mucho. Me amarran las manos y mi único descanso es apoyar mis pies descalzos en un pequeño sostén de madera clavado en la cruz. Sin embargo, lo hago porque “ME NACE”, porque tengo ofrecida una manda desde hace diez años”.

“Verá usted cual fue el origen de mi manda. Hace diez años me acusaron de haber matado a un hombre en la ciudad de León. Me metieron a la cárcel. Soy pobre, trabajo en la tenería y no pude pagar ningún abogado que me defendiera.”

Todos los días en el interior de la delegación de policía me colgaban de los pulgares y me torturaban. Querían que confesara que lo había matado a aquel hombre. Yo tenía entonces veinte años. Y les decía con todas mis fuerzas: yo no fuí, yo no fuí.” Así pasaron tres días de terribles torturas yo me desmayaba y con un balde de agua fría hacían que recobrara el conocimiento y volvían a torturarme”.

“Mire cómo tengo los labios por la parte de adentro. Y me mostraba las grandes cicatrices de sus gruesos labios”.

Cuando empezaba el cuarto día de tormentos yo le ofrecí a Dios: “si me sacas con bien de este lío, te prometo DE POR VIDA, representar el papel de él en LAS TRES CAIDAS”.

Empezaba el cuarto día. Un individuo que no era de la policía llegó a donde yo estaba y empezó a torturarme. Yo estaba atado de los pulgares por unos cáñamos delgados, pero muy fuerte. Cuando empezaba a golpearme llegó el jefe de la policía y lo regaño porque se metía en lo que no le importaba. El jefe mandó que me desataran y me dijo:

“Ya agarraron a los que mataron al que te achacaban. Puedes irte a tu casa y dispensa tanto golpe”.

“Y con un usted dispense quiso arreglar todo”.

“Yo ya perdí mi trabajo, le dije, consígame uno”.

“Pronto vas a encontrar un trabajo mejor”.

“Pronto sí, pronto como si fuera tan fácil…”

Yo sentí muy feo seguir viviendo en León y me vine a vivir a Guadalajara. Ya tengo diez años de vivir con mi abuelita, con mi madre, con mi esposa y con mis dos hijitas, una de seis y otra de cuatro años.

“Hace diez años, la primera vez que tuve que representar el papel de Dimas, tuve que dejarme crecer el pelo. Y cuando me veían con esta melena se burlaban de mí y decían que era yo afeminado. Eso me dolía mucho, pero no les podía decir que era una manda. Ahora, como cambió la moda, ya muchos traen melena y no me dicen nada..”

“Yo no sé como pudo ser, pero le doy muchas gracias a Dios de que, apenas hice mi manda, entró el jefe de policía con la noticia de que habían descubierto a los verdaderos culpables de la muerte de aquel hombre.”

Y mi amigo Dimas se concentraba y en sus ojos oscuros se trasparentaba la verdad de una historia trágica y de una injusticia palmaria; torturar a un hombre. Como si no supiéramos que un hombre torturado, al borde de la desesperación, se ve presionado a confesar cualquier cosa, hasta que mató a su propia madre, cuando en realidad la idolatra.

La terrible injusticia del primer Viernes Santo se repite en nuestro mundo. Estamos en la fase histórica del Reino de Dios. La semilla de trigo crece junto a la ciña. Las parábolas de Jesús se aplica al pie de la letra él nuestra sociedad del siglo XX. Un pobre curtidor, mi amigo Dimas, alcanzó un gran parecido moral a Jesús, al sufrir una cruel injusticia y encomendó a Dios su causa. Este nuevo Dimas aceptó la invitación de pertenecer al Reino y buscó, con sacrificio, la forma de llegar a él.

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