Respondemos a una nueva pregunta desde Facebook sobre cómo deben vestir los sacerdotes

Respondemos a una nueva pregunta desde Facebook sobre cómo deben vestir los sacerdotes

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Quisiera preguntar con todo respeto, si los sacerdotes se deben poner “uniforme” solo cuando están en sus repectivos “trabajos” donde fueron enviados o deben estar siempre identificados como tales , porque en mi ciudad ninguna congregación se identifica como sacerdote (ni en misión, ni en los colegios, ni en las propias parroquias), solo a la hora de dar misa. gracias! (Silvia M Mazzeo)

Sobre este tema, lo mejor es acudir al último documento de la Santa Sede que dice algo al respecto: el nº 61 del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, en su última versión de 2013. Es fácil encontrarlo y leerlo en la red, pero resumiré algo su contenido.

Señala en primer lugar que el sacerdote debe ser reconocido como tal, de forma que su vestido sea “signo inequívoco de su dedicación y de la identidad de quien desempeña un ministerio público”. Añade a continuación que su realidad interior debe manifestarse en el exterior, también de esta forma.

Por lo cual, dispone que el sacerdote debe llevar traje talar o traje sacerdotal que le distinga de los laicos, según las normas de las Conferencias Episcopales y las legítimas costumbres locales. Y que no se deben considerar legítimas costumbres las que se opongan a lo anterior. Obviamente, está hablando de situaciones ordinarias, pues a veces se dan situaciones extraordinarias, como lo es la persecución religiosa.

Y acaba con un párrafo que viene a decir que estas medidas no solo son en beneficio del pueblo, sino del mismo sacerdote, pues es un recuerdo permanente de su entrega y su misión, y le protege (“sirve asimismo como salvaguardia de la pobreza y la castidad”).

Hasta aquí lo que dice el Directorio. Creo que hay que entenderlo sin una excesiva rigidez que iría en contra del sentido común más elemental –no se trata de que sea obligatorio el traje sacerdotal cuando se va un día de excursión al monte-, pero a la vez con toda la exigencia que se desprende de sus palabras. Una aclaración pertinente es que estas palabras de dirigen fundamentalmente al clero secular. El regular –los religiosos (en la pregunta se mencionan “congregaciones”, lo que corresponde a éstos)- no es que quede fuera porque no haga falta que lleven un traje distintivo, sino por tener cada instituto su propio hábito.

Se podrían hacer muchos comentarios, pero nos limitaremos a alguno que puede ener particular relevancia. El primero, frente a la objeción de que el sacerdote tiene que estar con su gente, el pastor con su rebaño, y que cualquier singularidad como la del vestir le alejaría del pueblo, y por tanto de su misión. Sin embargo, late en este modo de razonar un equívoco: estar con la gente no significa ser “uno más” entre la gente. El sacerdote no lo es, puesto que lo que proporciona es propio y peculiar.

Desde un punto de vista más teológico, el sacedote es una persona consagrada, y lo agrado significa precisamente algo que se sustrae del uso común y se dedica directamente a Dios. Los fieles necesitan ver en el sacerdote el dispensador de lo sagrado, y él mismo lo tiene que dar a enender así en su persona. Verlo de otra manera es desdibujar el sacedocio mismo: para ser uno más, no haría falta la ordenación sacerdotal ni todo lo que la acompaña. Y a la vez se perdería el sentido mismo de lo sagrado, como se comprueba en algunos casos, en los que se empieza por diluir la peculiaridad de las cosas sagradas (por ejemplo, utilizando los templos para mítines u otros usos profanos), y se acaba viendo a los sacramentos mismos como algo meramente simbólico.

Desde otro punto de vista más “secular”, el uniforme en los adultos (aquí no se consideran los escolares) tiene el significado común de estar de servicio. Y un sacerdote, aunque lógicamente tenga sus horarios de atención, debe considerarse como estando permanentemente de servicio. Y la realidad se lo suele confirmar: siempre hay imprevistos, siempre surgen cosas inaplazables. La vocación sacerdotal es de servicio permanente.

Valga como resumen el comentario hecho en un debate sobre el tema. Alguien adujo el viejo dicho castellano que dice que el hábito no hace al monje. Le replicó otro de los participantes con estas palabras: “es verdad, el hábito no hace al monje… pero lo viste”.

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