Aceptar lo que somos

 Aceptar lo que somos

Todo en la vida…, o nos afecta o no nos importa, pero la realidad es que todo debería de afectarnos,  e importarnos, porque no vivimos solos. Si creemos en al amor Cristo, si nos tomamos en serio los Evangelios, sabemos que formamos parte de in Cuerpo místico, cuya cabeza es el mismo Cristo y que todo el bien que seamos capaces de crear y todo el mal que hayamos producido en nuestras vidas, afecta a ese Cuerpo místico de Cristo al que pertenecemos, y hemos contribuido a su mayor o menor grado de santidad por medio de los resultados de las acciones de nuestras conductas.

            En una presentación de pp., he recibido una historia más, pero quizás por mi amor a los animales y en especial a los perros, me ha llamado la atención, pues en ella, como en cualquier acaecer de nuestras vidas, siempre podemos extraer una reflexión de carácter espiritual, que es tanto como decir de Fe, Amor, y Esperanza. La historia es la siguiente

Todo dueño de una tienda de venta de animales, sabe muy bien, que los cachorritos de perros, son la delicia de los niños, aunque no de las mamas de los niños, que solo sopesan el engorro de tener en casa u perro pequeño al que hay que educar y si no se vive en una casa con jardín, el latazo de tener que sacar todo los días al perro a un parque público, y es que el animal está creado por Dios para vivir en la naturaleza, no en un quinto piso de una casa con vecinos. Pero lo que ninguna madre sopesa, es el bien que el contacto del niño con el perro psíquicamente ambos se donan. Nosotros estamos creados, para vivir en contacto con la naturaleza y me resulta absurdo, que niños y no tan niños, vean por primera vez en un zoológico, lo que es un pato, una gallina, un cerdo, un burro, un cuervo o un milano y no sean capaces de distinguir un pino de un piruétano.

Siguiendo con la historia el dueño de una tienda de animales estaba colocando un anuncio en la puerta que decía: “Cachorritos en venta”, y como esta clase de anuncios siempre atraen a los niños, pronto apareció en la tienda un niño de unos siete años de edad preguntando…… Cuál es el precio de los perritos?” El dueño contestó: “Entre 30 y 50 Euros”. El niñito metió la mano en su bolsillo y saco unas monedas: “Solo tengo 2.50… ¿Puedo verlos?”. El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió una perra seguida por cinco cachorros. Uno de los cachorros no podía seguir a los demás.

El niño inmediatamente señaló al cachorro rezagado que cojeaba y preguntó ¿Qué le pasa a ese cachorro? El dueño de la tienda le explicó que el cachorro nació con una cadera defectuosa y que siempre cojearía. El niño se emocionó y exclamó: ¡Ese es el cachorro que yo quiero comprar! El dueño de la tienda le dijo: No, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo. El niño se disgustó, y mirando a los ojos del hombre le dijo: No, yo no quiero que usted me lo regale. El vale tanto como los otros cachorros y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2.37euros ahora y 50 céntimos cada mes hasta que lo haya pagado completo.

El hombre contestó: No deberías comprarlo. El nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos. EL niño se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: Bueno, yo tampoco puedo correr y el cachorro necesita a alguien que lo entienda. Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas… Sonrió y dijo: Hijo, solo espero que cada uno de estos cachorros tenga un dueño como tú. En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te quiera incondicionalmente.

El tema de esta historia, nos pone de frente, a la aceptación humana de la voluntad del Dios. Nada adelantaremos en el camino hacia Dios, si no aceptamos su voluntad, es imposible llegar a la santidad sin amar la voluntad de Dios. Nosotros no vemos ni comprendemos que el mal que recibamos es bueno para nuestra salvación eterna. De inmediato todos nos sublevamos, pero si pasan los años y uno reflexiona, llega un momento, que se entiende que el mal que recibimos en su día, se nos ha transformado en bien. De aquí que conviene no olvidar este pareado:

          “Sea bueno o malo lo que recibamos,

           de tus divinas manos viene

           y es lo que nos conviene,

           aunque no lo comprendamos”.

Dios desea plenamente nuestro bien eterno, y nosotros nos emperramos en sacrificar ese bien eterno por uno caduco y corto en este mundo. Y es aquí, donde aparecen nuestras diferencias con Dios, porque en vez de agradecerlo los que nos proporciona, sea esto bueno o malo para llevarnos a su eterna felicidad, renegamos y no aceptamos su voluntad cuya única esencia es hacernos eternamente felices, con la felicidad para la que Él mismo nos creó.

La importancia de aceptar de inmediato la voluntad divina, nos la ponía de manifiesto el Señor cuando nos decía: “…, mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra”. (Jn 4,34). Y también en otra ocasión nos dejó dicho: “…, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envío”. (Jn 6, 38).

            Hay que diferenciar entre dos clases de aceptaciones. Hay aceptaciones que se refieren al estado físico con el que nacemos, según hayamos nacido normales o capitis disminuidos. Y dentro de la normalidad, hay personas, inconformes con su aspecto físico, sobre todo las de sexo femenino más que los varones, que también los hay, olvidándose de aquello de que: El hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso. Pero mientras hay personas que tiene la gollería de quejarse de su aspecto físico, hay otras muchas en las que sus defectos físicos son más trascendentes y han de ejercitar la resignación cristiana, porque si así lo hacen, su gloria será muy superior a la nuestra. Un buen consejo, para la resignación y para todo el que sienta o crea que Dios no se ha acordado de él, es que si uno quiere verse libre de la tristeza, guárdese de amar lo que no puede poseer nunca o lo que tendría que perder pronto. Porque la resignación cristiana es la llave de la felicidad.

            Nos comenta Jean Vanier, que: Los psicólogos y sobre todo aquellos que han acompañado a personas afectadas por un cáncer que les ha llevado a la muerte, han descrito las diferentes etapas de esta realidad. En primer lugar el negarse a creerlo ¡No es posible! Corren a otros médicos, hasta el día en que ya no pueden negar la realidad. Entonces todo se hunde, aparece la rebeldía, la ira hacia lo real, hacia Dios y hacia el otro, Uno se hunde en la cólera: ¿Por qué yo? Pero no se puede quedar uno en la rebeldía, se buscan formas para salir. Se intenta cambiar la realidad negociando con Dios, con su destino. Si rezo tal oración, si hago tal peregrinación o si dejo de fumar, o si, si, si,…. Pero nada cambia y uno entonces acaba en la depresión en la tristeza. Uno se encierra hasta el día en que pasa algo; un rayo de sol entra en el corazón, se produce un encuentro; entonces se acoge la realidad tal como es. Se descubre que no se trata de fabricar la realidad sino de aceptarla y descubrir en ella una luz, un nuevo amor una presencia.

            La frase que santifica cualquier momento, nos dice el obispo Sheen, es: “Hágase tu voluntas”. Fue el fiat de Nuestro Señor en Getsemaní el que inició nuestra Redención; fue el fiat de Nuestra Señora el que abrió el camino a la Encarnación. La palabra corta todas las amarras que nos ligan a las cosas pequeñas y estrechas que conocemos; despliega todas nuestras velas a las posibilidades del momento, y nos lleva hacia cualquier puerto que Dios disponga.

            Para Royo Marín, en realidad, no hay nada que Dios desee tanto de nosotros como la aceptación plena y absoluta de su voluntad divina en todas y cada una de sus manifestaciones. Dios no quiere forzar nuestra libertad, la respeta siempre y en todas partes; pero quiere que se la entreguemos libremente por la aceptación, plena, voluntaria y absoluta de su divina voluntad… porque en esa aceptación absoluta, rendida y entrañable, encuentra Dios su propia gloria y nosotros nuestra verdadera y auténtica felicidad.

            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s