Estado de gracia

Estado de gracia

Para llegar a un estado de gracia divina…, es decir, para llegar a vivir en el llamado estado de gracia o de amistad con el Señor, es necesario para alcanzarlo, previamente encontrar al Señor. En los niños bautizados de pequeños estos tienen ya encontrado al Señor, pues nunca lo han perdido, el estado de gracia, y por lo tanto, inician su vida material humana, al mismo tiempo que su vida de relación, amor, amistad y gracia, pues el estado de gracia en sí, no es otra cosa que vivir en amistad y gracia con el Señor. Para aquellos que no tuvieron la suerte de ser bautizados de niños, para recibir el bautismo previamente han de desearlo y este deseo de ser bautizado, no nace en el alma humana, si ella no ha encontrado antes al Señor.

Lo ideal y maravilloso sería, que una vez recibido el bautismo sea de niño o de mayor nunca más perdiésemos el estado de gracia que se adquiere con él, pues el sacramento bautismo se reciba a la edad que sea, produce una limpieza total y absoluta de alma humana. El alma que en esa situación sea llamada por el Señor, se irá derecha al cielo pues está totalmente purifica de todo rastro de culpa.

El bautismo es indispensable para obtener la salvación y subsiguientemente la vida eterna. El Señor bien claro que nos dejó dicho: “En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu no podrá entrar en el reino de los cielos”. (Jn 3,5). Pero más explícitamente recogen estas palabras del Señor, escribiéndonos: “El que creyere y fuera bautizado se salvará, más el que no creyere se condenará”. (Mc 16, 16). Y esta aseveración divina no tiene vuelta de hoja. El bautismo, nos hace hijos de Dios y una vez bautizado, el Espíritu de Dios entra en nuestro ser. Así nos lo recuerda San Pablo en la epístola a los Romanos, cuando nos dice: “9 Más vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; 10 más si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”. (Rm 8,9-11).

Y el Catecismo de la Iglesia católica en su parágrafo 1.513, nos dice: “El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis anua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (Cf. Cc. de Florencia: DS 1314; CIC can. 204, 1; 849; Creo 675, 1): “Baptismus es sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”, Ca th. R.2,2,5)”.

En el bautizado, y así nos lo dice el Concilio de Trento, no queda nada de lo que Dios odia. Los que en el bautismo se han revestido de Cristo, se han vuelto puros y sin culpa, hijos queridos de dios, “herederos de Dios, coherederos con Cristo” (Rm 8,17), de manera que nada les impide alcanzar el cielo directamente si no mancillan esta situación ofendiendo a Dios con un pecado capital. El tema es muy claro, el bautizado es elevado al estado de gracia sobrenatural, y sobretodo adquiere el don sobrenatural de la Inhabitación Trinitaria. Todo esto puede perderse si ofende a Dios en forma capital. Pero dada la misericordia de Dios, el pecador si se arrepiente, puede acudir al sacramento de la penitencia, para recuperar el estado que perdió.

Lo que se pierde es el estado de gracia, indispensable para muchas cosas y entre ellas la de poder acceder a la gloria de Dios. Vivir en estado de gracia, es dejar al Señor morar dentro del alma de uno mismo. San Juan recoge estas palabras del Señor: Respondió Jesús y les dijo: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada”. (Jn 14,23). También San Juan recoge esta aseveración del Sor expresada en otros términos: “El que conoce mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y al que me ama lo amará mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”. (Jn 14,21).

San Agustín, nos dice algo muy importante que hemos de tener presente <en nuestro estado de gracia con el Señor. Dice San Agustín: “No es, sin embargo, igual la permanencia de Cristo en ti, que la de ti en Cristo; pero ambas son de provecho para ti y no para El”.  Y Santo Tomás de Aquino sobre este tema nos dice que: “Es evidente que Dios ama con un amor especial aquellos a quienes, por medio del Espíritu Santo, ha convertido en amadores suyos. Pero el amado mora en el corazón del que ama según es propio del amor”. De aquí se desprende necesariamente que, por medio del Espíritu Santo, no solamente mora Dios en nosotros, sino nosotros en Dios. Así lo dice la escritura nos dice: “El que vive en caridad permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4, 16).

Cómo lógicamente se puede suponer, Dios no se encuentra de la misma forma unísonamente por igual en todas las almas donde mora. Él es Amor y solo amor y consecuentemente está más a gusto donde más se le ama. A este respecto, la carmelita descalza Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), escribe diciéndonos: “Verdad es que Dios en todas las almas mora en secreto y encubierto, que de no ser así, no podrían ellas subsistir. Pero “en unas mora solo, en otras no mora solo; en unas mora agradado y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa mandándolo y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar ni hacer nada.

El alma donde menos apetitos y gustos moran, es donde Él más solo y agradado y más como en casa propia mora, rigiéndola y gobernándola y tanto más secreto mora cuanto más solo”…. Ni el demonio ni el entendimiento del hombre pueden saber ni sospechar lo que allí pasa. más para la misma alma no es cosa tan secreta, porque siempre siente en si este abrazo…. En otras almas que no han llegado a esta unión de amor, las más de las veces mora en secreto para ellas, porque no le sienten de ordinario, sino cuando Él las hace algunos recuerdos sabrosos, que no son del género y metal de los que están en estado de perfecta unión de amor, ni tampoco son tan secretos para el demonio ni al entendimiento del hombre como los otros, por no ser del todo espirituales; quedan también algunos movimientos del sentido todavía”.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

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