Celebraciones Importantes del Mes de Abril

DOMINGO 13

DOMINGO DE RAMOS

Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

 

JUEVES 17

JUEVES SANTO

Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

VIERNES 18

VIERNES SANTO

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

 

DOMINGO 20

LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, del hebreo, pasáj, “cojear, saltar” y del latín, resurrectio, “acción de resucitar”, por excelencia, la de Nuestro Señor Jesucristo (siglo I). El relato más antiguo de este acontecimiento se encuentra en 1 Co (15, 4-8). En los Evangelios se habla de apariciones de Jesús resucitado a sus apóstoles. El relato evangélico de san Juan (20, 1-9) narra cómo al tercer día de haber sido sepultado, se comprueba que el Redentor ha salido vivo del sepulcro. Al respecto, el Papa Francisco en la Homilía del 30/III/2013, apunta: “(las mujeres) Encuentran la tumba vacía, el cuerpo de Jesús no está allí (lo que) suscita interrogantes, causa perplejidad, pero sin ofrecer una respuesta (…) dos hombres con vestidos resplandecientes, que dicen: ‘¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado’ (Lc 24,5-6). Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor —el ir al sepulcro—, ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no sólo en la vida de aquellas mujeres, sino también en nuestra vida y en nuestra historia de la humanidad. Jesús no está muerto, ha resucitado, es el Viviente (…) Así, la novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los discípulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. Y este es un mensaje para mí, para ti, querida hermana y querido hermano. Cuántas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura…, y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí a Aquel que vive. Acepta entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de Él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en Él, ten la seguridad de que Él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como Él quiere”.

 

DOMINGO 27

LA DIVINA MISERICORDIA

LA DIVINA MISERICORDIA, del latín, miser, “pobre, miserable” y cor “corazón”, “de corazón sensible a la miseria”. Este día está dedicado al Señor de la Misericordia quien se aparece a la religiosa polaca santa Faustina Kowalska (5 de octubre) quien deja escrito en su Diario la promesa pronunciada por Jesús: “A aquel que propague la confianza y el amor hacia Mi Misericordia, le daré el céntuplo en esta vida y en la otra”. Iconografía: Jesús vestido con una túnica blanca, una mano levantada para bendecir y con la otra señala su corazón sobre el pecho. Desde su herida abierta en el pecho emanan dos grandes rayos, uno rojo (sangre), el otro pálido (agua)”; al pie de esta representación como rúbrica la frase: “Jesús, yo confío en ti”. Este día tiene doble Indulgencia. En su Homilía del 7/IV/13, el Papa Francisco señala: “Qué hermosa es esta realidad de fe para nuestra vida: la misericordia de Dios. Un amor tan grande, tan profundo el que Dios nos tiene, un amor que no decae, que siempre aferra nuestra mano y nos sostiene, nos levanta, nos guía (…) En mi vida personal, he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre. Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado (…) Queridos hermanos y hermanas, dejémonos envolver por la misericordia de Dios; confiemos en su paciencia que siempre nos concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa, de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia en los sacramentos. Sentiremos su ternura, tan hermosa, sentiremos su abrazo y seremos también nosotros más capaces de misericordia, de paciencia, de perdón y de amor”.

 

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