Símbolos de los últimos días de la cuaresma

Símbolos de los últimos días de la cuaresma
Aportación del H. Balbino Juárez, fms.

1.Los ramos
Aclamar a los héroes y a los grandes blandiendo ramos verdes que simbolizaban la inmortalidad de su gloria era una tradición oriental. Así sucedió el Domingo de Ramos. Por eso, en la tradición cristiana una alfombra de ramos o unos ramos agitados simbolizan el homenaje rendido al triunfador.
En la plegaria de bendición de los ramos leemos: “Acrecienta, Señor, la fe de los que en ti esperan y escucha las plegarias de los que a ti acuden. para que los que hoy alzamos los ramos en honor de Cristo Victorioso, permanezcamos en Él dando frutos abundantes”.
La victoria aquí celebrada es completamente interior, es la que se obtiene sobre el pecado, la que se cumple por el amor y asegura la salvación eterna:

es la victoria definitiva y sin apelación. El símbolo del ramo alcanza así la plenitud de su sentido. Estaba ya prefigurada en la rama de olivo que trae la paloma en su pico para anunciar el fin del diluvio
(Gn 8.11). Es un mensaje de perdón. de paz recobrada y de salvación. El ramo verde simboliza la victoria de la vida y del amor. Por eso, el arte medieval lo pone en las manos de los mártires como símbolo de la gloria del martirio.
San Lucas ha pasado por alto el recordar los ramos que agitaba la muchedumbre; sin embargo, añade: “paz en el cielo y gloria en las alturas” rememorando así en el umbral de la Pasión el cántico de los ángeles en la noche de Navidad.
Para muchos fieles, por ser benditos, los ramos signiflcan algo cercano al amuleto, al fetiche, al objeto sacro que protege de todo mal. Sin embargo, el ramo que llevamos a casa es símbolo de una opción de fe que ha sido renovada, de un compromiso asumido frente a Dios y a la comunidad: hacer presentes los valores del Reino en nuestro ambiente, en nuestra familia, en nuestro país.

2.El Hosanna
Hosanna, en el Antiguo Testamento, aparece como una aclamación solemne dirigida a Dios cuyo significado es: “salva”, “da salud”, “ayúdanos ahora”. Era utilizada para rogar por la salvación y remisión de los pecados de todo el pueblo, pedir la prosperidad en el año nuevo, la lluvia, etc.
En el Nuevo Testamento y teniendo en cuenta el uso judío del “Hosanna”. Los hechos del Domingo de Ramos que nos narran los cuatro evangelistas reciben una nueva luz y un profundo significado. Los judíos, en efecto, jamás aclamaban con ramos y cantando Hosanna a otro que no fuera el mismo Dios. Nunca un rey fue recibido de este modo.
Por eso se comprende la profunda indignación de los fariseos que, no sin razón, veían en ello como un
reconocimiento público de la divinidad de Cristo o de su mesianidad. En efecto, los judíos consideraban como mesiánico el versículo 25 del salino 118: “Salvanos, Señor, asegúranos la prosperidad”. seguido del versículo 26: “Bendito el que viene en nombre de Yahvé”.
Para recibir a Cristo, el Domingo de Ramos, aquella multitud de Jerusalén, y particularmente los niños hebreos, se sirvieron de los mismos cánticos con los cuales aclamaban a Yahvé en la fiesta de los Tabernáculos: ¡Señor, sálvanos, ayúdanos! ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre de! Señor!
Movidos por aquel que “de la boca de los niños y de los que maman hace brotar la alabanza”, aquellos niños y toda aquella multitud, sin darse cuenta, daban al Hosanna su auténtico y definitivo significado. El Hosanna de la fiesta de los Tabernáculos era una súplica. un anhelo de redención, más aún que una aclamación.
El Hosarma del Domingo de Ramos dirigido a Cristo: “Hosanna al Hijo de David” era un reconocimiento de su mesianismo, de su poder redentor, y como una acción de gracias a Dios, porque a través de su Hijo, llegaba definitivamente la salvación y la redención a su pueblo, por las cuales tanto había orado, clamando en sus antiguos Hosannas.

3.El óleo
Este elemento, consagrado en la Misa Crismal por el obispo, se remonta principalmente al uso que el pueblo de Israel hacía de él para consagrar o ungir a sus reyes, a los sacerdotes y a los profetas (cf 1 Sm 10,1-2). E1 aceite, conservado en un recipiente, era derramado sobre la cabeza de aquel que, en cualquiera de estas tres funciones, debía obrar en su nombre. En ningún momento la consagración significaba una separación, sino más bien lo contrario: la asunción de un compromiso, de una misión ante el pueblo.

EL óleo de los catecúmenos

Colocado sobre el pecho, fortifica a aquel que está por recibir el Bautismo y lo predispone para buscar el bien y evitar el mal. La imagen, retomada en el rito del Bautismo. responde a la de los gladiadores que se ungían el cuerpo para tonificar los músculos y afrontar la dura pelea en las arenas del Imperio.

El crisma
Hecho, como los otros dos, de aceite mezclado con sustancias aromáticas, es el óleo que se consagra, por excelencia, para Dios. A1 ser derramado sobre la cabeza del que ha sido bautizado con el agua, da a entender que el cristiano es ya “para siempre miembro de Jesucristo, sacerdote, profeta y rey”. En la Confirmación el cristiano recibe, junto con la unción crismal sobre la frente, “la señal del Espíritu que se le confiere”. Fuera de esos dos usos fundamentales, el crisma también se emplea en la ordenación de un obispo (unción de la cabeza) y en la de los sacerdotes (unción de las manos), así como en la dedicación de las iglesias y los altares.

EL óleo para la Unción de los Enfermos
Se remonta, en cambio. principalmente a los apóstoles, quienes “curaron a numerosos enfermos con óleo”
(Mc 6,13). El mismo Jesús retoma esta imagen en la Parábola del buen samaritano quien, al ver al judío herido, “se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino” (I.c 10,34).
También aparece en la práctica pastoral de la Iglesia primitiva. tal como lo atestigua Santiago en su Epístola: “Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor” (Sant 5,14).
Si el óleo de los catecúmenos fortifica y el crisma consagra, el óleo para la unción de los enfermos “refresca”, lenifica las heridas del dolor y la enfermedad. Por este motivo, generalmente se aplica sobre la frente, las manos y los pies del enfermo, lugares del dolor de Cristo provocados por la corona de espinas y los clavos, para que todo sufrimiento sea asumido y vivido en unión a la Pasión del Señor.

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