El secreto del Papa Magno

El secreto del Papa Magno

Hay un principio básico en filosofía que reza así: “el obrar sigue al ser”; por tanto podemos decir, siguiendo esto, que si una persona “hace” cosas grandes, “es” grande.

Para nombrar las cosas grandes que ha hecho el multifacético san Juan Pablo II, harían falta varios libros; así y todo quería recordar algunas:

– Deportista, actor, escritor, filósofo, filólogo, teólogo, poeta, magnánimo en todo lo que se propuso hacer.

Papa

– Sacerdote a los 26 años, obispo a los 38, Papa a los 58.

– Tercer pontificado más largo de la historia (26 años y 5 meses).

– Primer Papa polaco; el primer papa no italiano luego de 455 años.

– Llevó a cabo 146 visitas pastorales en Italia 104 visitas pastorales en el extranjero.

– Recorrió más de 1.247.613 kilómetros, lo que representa casi 29 veces la vuelta a la Tierra y 3,24 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Es el Papa más viajero de la historia con 133 países visitados, la mayor parte de los cuales recibieron por primera vez a un Pontífice.

– Dictó más de 20.000 discursos.

– Convocó a la segunda celebración milenaria de la historia de la Iglesia, el Gran Jubileo del Año 2000. También presidió el Año Mariano en 1988, celebrando los 2000 años del nacimiento de la Santísima Virgen María.

– Recibió a más de 17 millones de personas en unas 1100 audiencias generales. Además recibió entre 2 y 4 millones de personas en audiencias concedidas a grupos específicos y autoridades de Estado. A esto se le pueden agregar los cientos de millones que asistieron a las celebraciones litúrgicas en Roma y el mundo presididas por el Papa.

Y se podría seguir… y seguir… y seguir… por algo se lo llama, todavía informalmente, con el apelativo de “magno”.

índiceEl P. Carlos Buela, nuestro fundador, quien mucho se ha inspirado en los escritos de san Karol, al plasmar en el papel lo que el Espíritu Santo ha querido para nuestra Familia Religiosa (tenemos más de 1100 citas suyas en nuestro derecho propio), en un artículo escrito a menos de un año de haber sido elegido Papa, hablando del golpe mortal que dio al comunismo en su primera visita a Polonia, con visos proféticos escribía: “Por eso hago votos ante la Iglesia, ante la historia y ante el mundo, para que se llame al Papa, Juan Pablo Magno”[1].

Decíamos, “obra” así, porque “es” así… citando sus palabras: “Intentan entenderme desde fuera; pero yo sólo puedo ser entendido desde dentro”[2]. El primer secreto, entonces, que lo diga él mismo –hablando de la delicada labor de “padre” que debe llevar adelante el sacerdote, sobre todo con los que sufren–: “el secreto es siempre la santidad de vida del sacerdote”[3]. Ese ha sido, sin lugar a dudas, también su propio secreto.

Pero decir que el secreto de una persona es la santidad, a veces no es descubrir algo muy oculto, menos todavía cuando ya está canonizada… sería, en todo caso, un “secreto a voces”. Además, aún en este caso en que la santidad aparece bastante “de carne y hueso” (por la cercanía temporal, por ciertos modos de ser de san Wojtyla, etc.), siempre está la tentación de pensar –y remarco el hecho de que es “tentación”[4]– que la santidad, o sea la perfección de la caridad, la vida mística, etc., es “para algunos genios”[5] o, que llegaré “algún día…” con cierto dejo de imposibilidad. O, simplemente que: “no es para mí”.

Por eso quería destacar lo que, sin ser para nada oculto en su vida, podríamos llamar “el secreto del secreto”, o sea aquella condición, a mi modo de ver, sine qua non de su santidad: hablo de su consagración a María en Materna esclavitud de Amor, entrega total a Dios en Cristo por María. He ahí el fundamento de la santidad de vida del Papa Juan Pablo II, y el fundamento de todas sus virtudes.

El Papa es devoto de la Virgen desde su más tierna infancia. La “camaradería” de Karol con María se remontaba, de hecho, a sus primeros instantes de vida: en el momento del parto, el 18 de mayo de 1920, la madre del Pontífice pidió a la comadrona que abriese una ventana de la habitación para que los primeros sonidos que oyese el recién nacido fuesen las canciones en honor a la Virgen que, en ese preciso momento, llegaban hasta allí procedentes de la parroquia más próxima[6].

JPII

Pertenece, desde los 15 años, a la Congregación mariana; tenía la costumbre de llevar el rosario permanentemente enrollado alrededor del brazo durante el día, y el escapulario de la Virgen del Carmen colgado al cuello (escapulario que manchó con su sangre durante el atentado de 1981 y del cual no quiso separarse ni siquiera en el quirófano).

De joven conoce, por medio del sastre Jan Tyranowski, un librito que marcó su juventud. En “Don y Misterio”, cuando va relatando su “trayectoria mariana”, indica lo siguiente sobre este momento de su vida:

“Mi manera de entender el culto a la Madre de Dios experimentó un cierto cambio. Estaba ya convencido de que María nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre. Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis María Grignion de Montfort titulado “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”. En él encontré la respuesta a mis dudas. Efectivamente, María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo. El tratado de San Luis María Grignion de Montfort puede cansar un poco por su estilo un tanto enfático y barroco, pero la esencia de las verdades teológicas que contiene es incontestable. El autor es un teólogo notable. Su pensamiento mariológico está basado en el Misterio trinitario y en la verdad de la Encarnación del Verbo de Dios.

Comprendí entonces por qué la Iglesia reza el Ángelus tres veces al día. Entendí lo cruciales que son las palabras de esta oración: “El Ángel del Señor anunció a María. Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo… He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra… Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…” ¡Son palabras verdaderamente decisivas! Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad. Esto explica el origen del Totus Tuus. La expresión deriva de San Luis María Grignion de Montfort. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice: Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, María[7].

De ese modo, gracias a San Luis, empecé a descubrir todas las riquezas de la devoción mariana, desde una perspectiva en cierto sentido nueva. Por ejemplo, cuando era niño escuchaba “Las Horas de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María”, cantadas en la iglesia parroquial, pero sólo después me di cuenta de la riqueza teológica y bíblica que contenían. Lo mismo sucedió con los cantos populares, por ejemplo con los cantos navideños polacos y las Lamentaciones sobre la Pasión de Jesucristo en Cuaresma, entre las cuales ocupa un lugar especial el diálogo del alma con la Madre Dolorosa”.

A riesgo de alargarme demasiado, cito un discurso del Papa, del año 2000, para un Coloquio Internacional de Mariología:

“San Luis María Grignion de Montfort constituye para mí una significativa figura de referencia, que me ha iluminado en momentos importantes de la vida. Cuando trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia siendo seminarista clandestino, mi director espiritual me aconsejó meditar en el “Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen”. Leí y releí muchas veces y con gran provecho espiritual, este valioso librito de ascética, cuya portada azul se había manchado con sosa cáustica.

Al poner a la Madre de Cristo en relación con el misterio trinitario, Montfort me ayudó a comprender que la Virgen pertenece al plan de la salvación por voluntad del Padre, como Madre del Verbo encarnado, que concibió por obra del Espíritu Santo. Toda intervención de María en la obra de regeneración de los fieles no está en competición con Cristo, sino que deriva de él y está a su servicio. La acción que María realiza en el plan de la salvación es siempre cristocéntrica, es decir, hace directamente referencia a una mediación que se lleva a cabo en Cristo. Comprendí entonces que no podía excluir a la Madre del Señor de mi vida sin dejar de cumplir la voluntad de Dios trino, que quiso “comenzar a realizar” los grandes misterios de la historia de la salvación con la colaboración responsable y fiel de la humilde Esclava de Nazaret”[8].

papa_mariaDe cura estudiante en Roma (1946-1948) su devoción lo empujaba a detenerse a rezar delante de las denominadas “virgencitas” romanas, los templetes votivos con imágenes y bajorrelieves de la Virgen.

Cuando fue nombrado Arzobispo de Cracovia en 1963, había encontrado el seminario poco menos que vacío y entonces pronunció un voto a la Virgen: “Haré tantas peregrinaciones a pie a todos los santuarios, pequeños o grandes, próximos o lejanos, como número de vocaciones me concedas cada año”. De repente, el seminario comenzó a llenarse de nuevo, hasta el punto de que, cuando el arzobispo abandonó Cracovia por el trono de Pedro (1978, quince años después), el seminario tenía quinientos alumnos.

De Arzobispo peregrinaba frecuentemente a Kalwaria Zebrzydowsa y luego de sus “conversaciones” con la Virgen encontraba inexplicablemente la solución para cualquier problema, aseguraba él mismo. El otro lugar mariano al que amaba particularmente era el santuario de Czestochowa.

Cuando el gobierno comunista polaco quiso expropiar el edificio del Seminario, lo primero que hizo fue consagrarlo a la Virgen María y confiarle el destino del Seminario. Después mandó que los seminaristas regresaran antes de sus actividades del verano y luego llamó al responsable gubernamental y le dijo que, cuando se procediera a la expropiación, él estaría en la vereda de en frente con todos los canónigos. Nunca se animaron a proceder.

La intensidad y la concentración con las que se dirigía a María, conferían al Papa un aura casi sobrenatural. Uno de sus invitados a Castel Gandolfo durante las vacaciones estivales cuenta que, después de rezar el Rosario con el Papa en el jardín, éste “se encaminaba a la estatua de la Virgen de Lourdes y me pidió que me alejase un poco, si bien yo lo hacía de forma que pudiese seguir viéndolo. Se detenía durante al menos media hora para rezar de nuevo y daba la impresión de que su persona se transformaba incluso físicamente”.

sEl Rosario era su oración preferida. Rezaba el Rosario desde la terraza de su apartamento, en un tiempo específicamente dedicado a esto. Un testigo, que tras una conversación fue invitado a rezar el Rosario con él, cuenta que pudo entender el valor de ese Rosario: se trataba de un momento de vigilia por su diócesis, por toda la Iglesia, por el mundo y por los que sufren: “A un cierto punto me dejó petrificado cuando me dijo: «Allí, en ese edificio, vive Ud.» Después recorrió la ciudad con la mirada. Veía todo, sabía todo”.

Según sus propias enseñanzas, el Papa agrupaba en su corazón, en cada santo Rosario, todos los hechos que componían su vida, las personas, las naciones, la Iglesia y la humanidad entera.

Su devoción por María se incrementó vivamente cuando se aclaró que, el tercer secreto de Fátima, hacía alusión al atentado de 1981. Muchos testigos de su entorno confirmaron que el Papa relacionaba este dramático suceso con las apariciones de la Reina de la Paz en Medjugorje, en la ex Yugoslavia, que habían empezado a producirse en junio de ese mismo año. En 1994, mientras el Papa preparaba el viaje pastoral a Croacia, en uno de los mensajes la Virgen dice: “Queridos hijos, hoy me uno a vosotros en la oración de una manera especial, rogando por el don de la presencia de mi amado hijo en vuestra patria. Rezad, hijos míos, por la salud de mi hijo predilecto, que sufre, pero al que yo he elegido para estos tiempos”[9].

Una vez una persona le dijo, luego del atentado: “«La Virgen sostendrá a su Santidad en el sufrimiento”. Él respondió: “Ella ya me ha protegido. Totus tuus»”.

Sus viajes pastorales siempre incluían una peregrinación a un santuario mariano del país o lugar que visitaba.

Son muchas las veces en su vida (en las buenas y en las malas) que repite “Totus tuus”. Esa entrega total a Dios que fue la esencia de su santidad se concreta a través de María. En honor de la Virgen quiso que en su escudo episcopal (y luego papal) figurase el lema Totus tuus, inspirado en la doctrina de san Luis Grignion de Montfort.

Cuando le atribuían algún mérito, contestaba: “La Virgen es la autora de todo”.

Habría mucho más para citar y decir… pero creo que para muestra bastan estos varios botones…

Termino con las palabras que el Papa Magno refiriera a los jóvenes, en el 2003, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud:

“Os lo digo por experiencia, ¡abridle a ella las puertas de vuestra existencia! No tengáis miedo de abrir de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo a través de ella, que quiere llevaros a él, para que seáis salvados del pecado y de la muerte. Ella os ayudará a escuchar su voz y a decir sí a todo proyecto que Dios piensa para vosotros, para vuestro bien y para el de la humanidad entera”[10].

Hace varios días que tenía lista esta entrada pero, por un motivo u otro, no la podía publicar. Luego de hacerlo, me di cuenta por qué… se ve que él quería que fuese en el día de su cumpleños… efectivamente un día como hoy, 18 de mayo, 94 años atrás, vio la luz y esuchó los cantos a la Virgen que nombramos más arriba. Como debe estar “mirando” desde el Cielo, nos unimos a los festejos con un ¡feliz cumpleaños! Y también, digamos un ¡gracias Emilia!

Padre Gustavo Lombardo

 

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