LOS ÁNGELES Y LA LITURGIA

LOS ÁNGELES Y LA LITURGIA

Por Frank Morera

El centro de la Adoración de la Iglesia es la Eucaristía y en ella se menciona constantemente a los Ángeles:

Confesamos nuestros pecados delante de los ángeles

El Gloria es un himno angélico

En las oraciones, en el prefacio, en el Santo, y en la oración Eucarística se mencionan a los ángeles.

En la asistencia a los moribundos y en los funerales se mencionan a los ángeles.

El ángelus es una oración netamente angélica.

La lección que nos dan los ángeles es la de glorificar a DIOS, proclamar su santidad

y darle adoración. Nos enseñan a cumplir con exactitud sus mandatos y a servir a los demás.

Estos ángeles de DIOS no tienen nada que ver con los ángeles que nos presenta la Nueva Era por los medios de comunicación y en mal llamados seminarios para comunicarnos con los ángeles y menos a ponerle nombres. Un ángel no es una mascota tuya, es un espíritu servidor de DIOS en tu vida, si el tiene algo que decirte te lo comunicara. Tu puedes pedirle al SEÑOR que mande los ángeles en tu ayuda en momentos difíciles, y el lo hará, tu puedes saludar y bendecir a tu ángel constantemente pues es tu fiel compañero, pero eso es todo. Si quieres conocer a los ángeles, ve a la Biblia, ve al Catecismo de la Iglesia, ve a la vida de los Santos, pero no busques en el mundo secular información de ellos, corren tiempos de confusión y debemos afirmarnos en la roca firme que es la Iglesia de JESUCRISTO.

LOS ANGELES CAÍDOS

Pablo VI en su Catequesis Papal de Noviembre 15 1972 dijo sobre este tema:

Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y Eclecial quien se niega a reconocer la existencia del diablo, o quien la explica como una seudo realidad o una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocida de nuestras desgracias

Juan Pablo II ha dicho en la audiencia general del miércoles 20 de Agosto 1986

Satanás es solo una criatura, potente en cuanto a espíritu puro, pero siempre una criatura, con sus límites.

El Catecismo de la Iglesia dice en el punto 391

La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno creado por DIOS, pero que se hicieron a si mismos malos.

El Cardenal Median, prefecto de la congregación para el Culto Divino dijo en Enero de 1999 durante la presentación del nuevo texto del Exorcismo

EL exorcismo tiene como punto de partida la Fe de la Iglesia, según la cual existe Satanás y otros espíritus malignos. La doctrina de la IglesiaCatolica nos enseña que los demonios son ángeles caídos a causa de sus pecados, son seres espirituales de gran inteligencia y poder.

¿Quienes son estos ángeles?

Los ángeles como vimos en el capitulo anterior han sido creados con entendimiento y libre voluntad. Su conocimiento por ser espíritu es mucho más perfecto que el nuestro.

Dice San Agustín en la Ciudad de DIOS:

Creo en ellos DIOS simultáneamente la naturaleza y derramó la Gracia,,,,,,con la gracia los ángeles podían obtener su fin primordial, la visión de DIOS; pero siendo libres debían merecerla.

Dice Santo Tomas de Aquino

El ángel al tener voluntad, tenía la capacidad de rechazar a DIOS.

Dice Luis Eduardo Padilla en su libro ‘ El diablo y el anticristo’

La doctrina de la Iglesia y de los Padres es clara: La apostasía del diablo comenzó cuando él tuvo envidia de la creación del hombre y trató que este se revelara contra su creador’

Diablo quiere decir calumniador insidioso

Satanás quiere decir enemigo, adversario

Nombres que le da la Biblia

Azazel , Lev 16,8 demonio del desierto

Asmodeo, Libro de Tobias, Demonio destructor

Luzbel, Isaias 14

Belial II Corintios 6,15, demonio dañino

Beelzebu Libro de los Reyes “Señor de las Moscas

Gran Dragon Apocalipsis 12, 3

Antigua

Serpiente Apocalipsis 20, 2

Apollyon Apocalipsis 9, 11 “ Exterminador”

JESUS lo llama en Juan 8, 44 Mentiroso y asesino desde el principio

Juan 8, 44

44Vosotros sois de vuestra padre el diablo

y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.

Este era homicida desde el principio,

Y no se mantuvo en la verdad,

porque no hay verdad en el;

cuando dice la mentira,

dice lo que le sale de dentro,

porque es mentiroso y padre de la mentira.

Antes de pasar al estudio del Antiguo Testamento tenemos que conocer algo referente a la cultura Hebrea. Los Hebreos no pronunciaban el nombre de una persona o ser, pues creían que conocer el nombre era conocer la esencia de la persona. Así vemos que no pronunciaban el Nombre de DIOS pues creían que era un sacrilegio tratar de conocer la esencia de DIOS. Así tampoco pronunciaban el nombre del Adversario, pues creían que era conocer su esencia y tampoco lo deseaban, además pensaban que se llamaba al mismo. Estando rodeado Israel de numerosos ritos pagano-demoniacos tenía que ser muy prudente en este punto. Así cada vez que se quería mencionar al Adversario se sustituía su nombre por el de un rey enemigo del Pueblo de DIOS. Con esta aclaración tratemos de entender que paso en el drama de la rebelión angélica con los datos que nos da el Antiguo Testamento.

Comencemos por el Profeta Isaias, capitulo 14, versículos del 12 al 21

Isaias 14, 12-21

12¡Como as caído de los cielos,

Lucero, hijo de la Aurora!

¡Has sido abatido a tierra,

dominador de naciones!

13Tú que habías dicho en tu corazón:

«Al cielo voy a subir,

por encima de las estrellas de DIOS

alzaré mi trono,

y me sentaré en el Monte de la Reunión,

en el extremo norte.

14Subiré a las alturas del nublado,

me asemejaré al ALTISIMO.

15¡Ya!: al šeol has sido precipitado,

a lo más hondo del pozo.»

16Los que te ven, en ti se fijan;

te miran con atención:

«¿Ese es aquél,

el que hacía estremecer la tierra,

el que hacía temblar los reinos,

17el que puso el orbe como un desierto,

y asoló sus ciudades,

el que a sus prisioneros

no abría la cárcel?

18Todos los reyes de las naciones,

todos ellos yacen con honor,

cada uno en su morada.

19Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro,

como un brote abominable,

recubierto de muertos acuchillados,

arrojados sobre las piedras de la fosa,

como cadáver pisoteado.

20No tendrás con ellos sepultura,

porque tu tierra as destruido,

a tu pueblo has asesinado.

No se nombrará jamas

La descendencia de los malhechores.

21Preparad a sus hijos degollina

por la culpa de sus padres:

no sea que se levanten y se apoderen de la tierra,

y llenen de ciudades la haz del orbe.

En este capítulo el Profeta nos narra la caída del ángel y lo que la motivó y lo llama “ Hijo de la Aurora “, la clave esta en el versículo 13 cuando nos dice que la soberbia perdió y corrompió al ángel, este quiso sentarse en el trono de DIOS!!! Ser igual al Altísimo. El que era una criatura!. Por lo tanto ya tenemos el motivo: SOBERBIA.

Es ahora el Profeta Ezequiel quien nos da la causa que desencadenó esta rebelión. Lo encontramos en el Capitulo 28, versículos del 11 al 20:

Ezequiel 28, 11-19

11La palabra de YAHVEH me fue dirigida en estos términos.12Hijo de

hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el

SEÑOR YAHVEH:

Eras el sello de una obra maestra,

Lleno de sabiduría

acabado en belleza.

13En Edén estabas, en el jardín de DIOS.

Toda suerte de piedras preciosas formaba tu manto:

rubí, topacio, diamante,

crisólito, piedra de ónice, jaspe,

zafiro, malaquita, esmeralda;

en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas,

aderezados desde el día de tu creación.

14Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo,

15Fuieste perfecto en tu conducta desde el día de tu creación,

hasta el día en que se halló en ti iniquidad.

16Por la amplitud de tu comercio

se ha llenado tu interior de violencia, has pecado.

Y yo te he degradado del monte de DIOS,

y te he eliminado, querubín protector,

de en medio de las piedras de fuego.

17Tu corazón se ha pagado de tu belleza,

has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor.

Yo te he precipitado en tierra,

te he expulsado como espectáculo a los reyes.

18Por la multitud de tus culpas

por la inmoralidad de tu comercio,

has profanado tus santuarios.

Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado;

te he reducido a ceniza sobre la tierra,

a los ojos de todos los que te miraban.

19Todos los pueblos que te conocían

están pasmados por ti.

Eres un objeto de espanto,

y has desaparecido para siempre.

En este capítulo vemos la causa. El Profeta nos dice llamándolo ‘ Rey de Tiro ‘ que este ser era un modelo de perfección y lo mas importante: que vivía en el Jardín del Edén como ángel protector y así fue hasta que LA MALDAD ENTRO EN TI, dice el profeta. Y también que ‘ TE DERRIBE EN TIERRA ‘. Este capítulo tiene una gran conexión con el Capitulo 3 del Génesis.

Este ángel que era protector de la creación estaba junto a nuestros primeros padres en el mismo jardín del Edén donde el autor sagrado no lo muestra como adversario, sino como serpiente (signo de astucia). ¿Cual fue la causa de que la maldad apareciera en él?

Si recordamos la doctrina de los Padres de la Iglesia es que este concibió envidia al hombre.

Tenemos que pensar en la gran dosis de soberbia de este espíritu libre que pensaba que podía llegar a sentarse junto a DIOS, ¿que sintió cuando vió que DIOS crea a una débil figura y lo llama ‘ SU IMAGEN’ cuando él, el ángel hermoso, solo era un servidor?

El no pudo soportar que el hombre fuera la imagen del DIOS creador y el un simple siervo, aquí la maldad entro en el y en su libre voluntad decidió hacer (con mentiras) que el hombre decepcionara a DIOS.

DIOS lo maldice, derribándolo por tierra (la serpiente) o sea despojándolo de todo su gracia, pero no de su condición angélica. Según el Apocalipsis una tercera parte de los ángeles libremente lo siguieron (Apoc. 12, 4). Aquí comienza la gran batalla entre DIOS y el Adversario. Desde este momento este ángel que no tiene arrepentimiento se lanza a su gran batalla: hacer que la imagen de DIOS no lo reconozcan como su SEÑOR y que lo sirvan a él, el adversario.

El Adversario propugna la Adoración de la criatura en vez del creador, la adoración del hombre por el hombre. Seréis como dioses, dijo.

San Gregorio Magno dijo, ‘ es superior al hombre en conocimiento, el tiene la mejor naturaleza creada y la peor voluntad libre’ ( Moral en Job, Tomo II )

El adversario no tiene acceso a los secretos íntimos de nuestra voluntad y mucho menos a nuestra inteligencia o nuestro futuro, eso solo pertenece a DIOS; el solo con gran astucia hace conjeturas que trata de comprobar.

El adversario no puede obrar directamente sobre la voluntad humana; pero si indirectamente produciendo ocasiones de alejarnos de DIOS.

Formas de ataques del adversario:

Tentación: es una prueba. DIOS no tienta jamás, es el adversario quien trata de presentarnos ocasiones para ver donde reside nuestra debilidad.

San Agustín decía:

Nadie se conoce a si mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no vence, ni puede vencer si no pelea, ni puede pelear si no tiene enemigo ni ocasión. Obras de San Agustín Tomo XXII.

Las tentaciones van dirigidas a la inteligencia y ataca la interioridad del hombre

Dice el Apóstol Juan que los tres enemigos del hombre son: El mundo, el demonio y la carne.

Solución: Oración, confesión de los pecados, comunión.

Opresión:

EL Padre Royo Marin dice en su Libro ‘ Teología de la perfección cristiana’:

Opresión es una acción diabólica extrínseca a la persona que la padece’

La tentación casi siempre es interna, la opresión es externa casi siempre.

Una vez que el adversario ha encontrado tu lado interno débil te ataca por él con insistencia y desde afuera, proporcionando todos los medios para hacerte caer y perder la paz. La opresión puede ser en muchos campos: Todo tipo de adición, angustia, miedos, depresiones, carácter, relaciones………..

Solución: Oración de liberación. El nombre de JESUS pronunciado con poder, oración constante si es posible frente al Tabernáculo.

Posesión: Hasta ahora hemos visto acciones externa a la voluntad o a la forma de vida.La posesión es una invasión del cuerpo del hombre por un espíritu maligno que lo maneja a su voluntad.

Ningún espíritu maligno puede poseer a ningún bautizado a no ser que éste lo consienta. Cómo se puede abrir voluntariamente a este ser? Por medio del ocultismo, de la Oija, de la santería o espiritismo, por medio de las cartas tarot o cualquier tipo de adivinación, la música metálica, los pactos satánicos . No quiere decir que siempre que se frecuente estos medios habrá posesión, pero estos son los medios comunes para facilitarlo.

Solución: el Exorcismo. El exorcismo tiene que ser aprobado por el Obispo ordinario. Para que se autorice se deben dar estos hechos:

– Aversión a DIOS, a la cruz, a la virgen, a la Iglesia, a las cosas sagradas

– El hablar con muchas palabras o lenguas desconocidas o entenderlas

– Hacer presente cosas escondidas o distantes

– Demostrar fuerzas o fenómenos fuera de lo normal

(Cardenal Medina, Congregación para el Culto Divino, Enero 1999)

En el Exorcismo la Iglesia echa en el nombre de JESUS y con el Poder dado a los Apóstoles, al demonio o sus fuerzas oscuras. La Iglesia recomienda cerciorarse de que el supuesto poseso no padece una enfermedad psicológica o mental.

La batalla del adversario ya está perdida. Al final de los tiempos el será derrotado y el mundo restituido a su antiguo orden antes de la caida será entregado al PADRE por JESUS terminando así su obra Mesiánica. Tu ahora debes dar tu propia batalla, escuchemos lo que nos dice San Pablo en la Carta a los:

Efesios 6,10-18

10Por lo demás, fortaleceos en el SEÑOR y en la fuerza de su poder.

11Revestíos de las armas de DIOS para poder resistir a las acechanzas

del Diablo. 12Porque nuestro lucha no es contra la carne y la sangre,

sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores

de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están

en la altura. 13Por eso, tomad las armas de DIOS, para que podáis

resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes.

14¡En pie!, pues; ceñid vuestra cintura con la Verdad y revestidos

de la Justicia como coraza, 15calzados los pies con el

Celo por el Evangelio de la paz, 16embrazado siempre el escudo de la Fe, para

que podais apagar con el todos los encendidos dardos del Maligno.

17Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del ESPIRITU,

que es la Palabra de DIOS; 18siempre en oración y súplica, orando en

toda ocasión en el ESPIRITU, velando juntos con perseverancia e

intercediendo por todos los santos

DIOS es DIOS y SEÑOR de vida y premia a los que lo sirven con la vida. El adversario es señor de la muerte y premia a quien lo sirve con ella. ¿A quien servirás?

Te pongo por modelo hoy a JESUS patrón de obediencia a DIOS hasta la muerte, a María, la esclava del SEÑOR, la opuesta a Eva,,,,,,,,la nueva Eva, quien con su Si comenzó la salvación. A Josué cuando dijo:

Por mi parte yo y los míos serviremos al SEÑOR

Catequesis del 15-11-1972

“Líbranos del mal”

l’Oss.Rom del 19-11-1972 pp.3-4

¿Cuáles son hoy las mayores necesidades de la Iglesia?

No os asombre como simplista o, aún más, como supersticiosa e irreal nuestra respuesta: una de las mayores necesidades de la Iglesia es la defensa de aquel mal que llamamos demonio.

Antes de aclarar nuestro pensamiento os invitamos a que abráis el vuestro a la luz de la fe sobre la visión de la vida humana, visión que desde tal punto de observación se extiende inmensamente y penetra hasta singulares profundidades. A decir verdad, el cuadro que somos invitados a contemplar con realismo global es muy hermoso. Es el cuadro de la creación, la obra de Dios, que Dios mismo, como espejo exterior de su sabiduría y su potencia, admiró en su belleza sustancial (Cf. Gn 1,10 etc.).

La visión cristiana del cosmos es triunfalmente optimista

Es también muy interesante el cuadro de la dramática historia de la humanidad, de la que emerge la historia de la redención, la historia de Cristo, de nuestra salvación, con sus magníficos tesoros de revelación, de profecía, de santidad, de vida elevada a nivel sobrenatural, de promesas eternas (cf. Ef 1,10). Si se sabe contemplar bien este cuadro, es imposible no quedar fascinados (Cf San Agustín, Soliloquios): todo tiene un sentido, todo tiene un fin, todo tiene un orden y todo deja entrever una Presencia-Trascendencia, un Pensamiento, una Vida y, finalmente, un Amor, de tal modo que el universo, por lo que es y por lo que no es, se nos presenta como una preparación entusiasmante y embriagadora de algo mucho más bello y mucho más perfecto (cf. 1Cor 2,9; 13,12; Rm 8,19-23).

La visión cristiana del cosmos y de la vida es, pues, triunfalmente optimista; y esta visión justifica nuestra alegría y nuestro reconocimiento de vivir; por eso, cantamos nuestra felicidad celebrando la gloria de Dios (cf el “Gloria” de la misa).

La realidad del mal

Pero ¿es completa esa visión? ¿Es exacta? ¿No nos importan nada las deficiencias que existen en el mundo, los desajustes de las cosas con respecto a nuestra existencia, el dolor, la muerte, la malicia, la crueldad, el pecado, en una palabra, el mal? ¿No vemos cuánto mal hay en el mundo? Especialmente cuánto mal moral: un mal que es, al mismo tiempo, aunque de forma diversa, contra el hombre y contra Dios. ¿No es quizás un triste espectáculo, un misterio inexplicable? ¿Y no somos nosotros, nosotros precisamente, los que damos culto al Verbo, los cantores del Bien, nosotros, los creyentes, los más sensibles, los más turbados por la observación y por la experiencia del mal? Lo encontramos en el reino de la naturaleza, donde tantas de sus manifestaciones nos parecen denunciar un desorden. Lo hallamos en el ámbito humano, donde encontramos la debilidad, la fragilidad, el dolor, la muerte y algo todavía peor: una doble ley en conflicto continuo: la que querría el bien y la que está dirigida al mal, tormento que San Pablo pone en humillante evidencia para demostrar la necesidad y la fortuna de una gracia salvadora, esto es, de la salvación traída por Cristo (cf. Rm 7); ya el poeta pagano había denunciado este conflicto interior en el corazón mismo del hombre: video meliora proboque, deteriora sequor (Ovidio Mt. 7,19). Hallamos el pecado, perversión de la libertad humana, y causa profunda de la muerte, porque es una separación de Dios, fuente de la vida (Rm 5,12), y después, a su vez, ocasión y efecto de una intervención en nosotros y en nuestro mundo de un agente oscuro y enemigo, el demonio. El mal no es ya sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa.

Quien rehusa reconocer su existencia, se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica; como se sale también quien hace de ella un principio autónomo, algo que no tiene su origen, como toda criatura, en Dios: o quien la explica como una seudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias.

El problema del mal, visto en toda su complejidad y su carácter absurdo respecto a nuestra racionalidad unilateral, se hace obsesionante. Constituye la más fuerte dificultad para nuestra inteligencia religiosa del cosmos. Con razón sufrió por ello durante años San Agustín: Quaerebam unde malum, et non erat exitus: buscaba de dónde provenía el mal, y no encontraba explicación (Confes. VII,5,7,11, etc. PL 32, 736,739).

La existencia del demonio

He aquí pues, la importancia que asume el tomar conciencia del mal para nuestra correcta concepción cristiana del mundo, de la vida, de la salvación. Cristo mismo nos ha hecho advertir esta importancia. En primer lugar, en el desarrollo de la historia evangélica al principio de su vida pública: ¿quién no recuerda la página densísima de significados de la triple tentación de Cristo? Más tarde, en los muchos episodios evangélicos en los que el demonio se cruza en el camino del Señor y aparece en sus enseñanzas (p.e. Mt 12,43). Y ¿Cómo no recordar que Cristo, refiriéndose tres veces al demonio como adversario suyo, lo califica de “príncipe de este mundo”? (Jn 12,31; 14,30; 16,11). La realidad invasora de esta nefasta presencia aparece señalada en muchísimos pasajes del Nuevo Testamento. San Pablo lo llama “dios de este siglo” (2Cor 4,4), y nos pone sobre aviso con relación a la lucha en la oscuridad que los cristianos debemos sostener no sólo con un demonio, sino con una terrible pluralidad suya: “Vestíos – dice el Apóstol- de toda la armadura de Dios, para que podáis resistir a las insidias del diablo, que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne (solamente), sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires” (Ef 6,11-12). Y que no se trata de un solo demonio, sino de muchos, nos lo indican muchos pasajes evangélicos (Lc 11,21; Mc 5,9); pero el principal es uno: Satanás, que quiere decir el adversario, el enemigo; y con él muchos, todos criaturas de Dios, pero degradadas, pues han sido rebeldes y condenados (cf. Denz. Sch. 800-428); todo un mundo misterioso, trastornado por un drama infeliz del que conocemos bien poco.

Sabemos, sin embargo, muchas cosas de este mundo diabólico, que atañen a nuestra vida y a toda la historia humana. El demonio está en el origen de la primera desgracia de la humanidad; él fue el tentador falaz y fatal del primer pecado, el pecado original (Gn 3; Sb 1,24). Desde aquella caída de Adán el demonio adquirió un cierto dominio sobre el hombre, del que sólo la redención de Cristo nos puede liberar. Es historia que dura todavía: recordemos los exorcismos del bautismo y las frecuentes referencias de la Sagrada Escritura y de la Liturgia a la agresiva y oprimente “potestad de las tinieblas” (cf Lc 22,53; Col 1,13). Es el enemigo número uno, el tentador por excelencia. Sabemos así que este ser oscuro y turbador existe realmente, y que actúa todavía con traicionera astucia; es el enemigo oculto que siembra errores y desventuras en la historia humana. Debemos recordar la reveladora parábola evangélica del trigo y la cizaña, síntesis y explicación del carácter ilógico que parece presidir nuestras contrastantes vicisitudes: inimicus homo hoc fecit (Mt 13,28). Es el “homicida desde el principio…y padre de la mentira” (cf. Jn 8,44-45; es el que insidia sofísticamente el equilibrio moral del hombre. Es él el encantador pérfido y astuto que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de desordenados contactos sociales en el juego de nuestro obrar, para introducir en ello desviaciones, tan nocivas como conformes en apariencia con nuestras estructuras físicas o psíquicas, o con nuestras aspiraciones instintivas y profundas.

Amplitud de la acción diabólica

Este capítulo sobre el demonio y sobre el influjo que puede ejercer lo mismo en cada persona que en comunidades y sociedades enteras, o en los acontecimientos, sería un capítulo muy importante de la doctrina católica que habría que estudiar de nuevo, mientras hoy se estudia poco. Algunos piensan que van a encontrar en los estudios sicoanalíticos y psiquiátricos o en experiencias espiritísticas, hoy por desgracia tan difundidas en algunos países, una compensación suficiente. Se teme recaer en viejas teorías maniqueas, o en terribles divagaciones fantásticas o supersticiosas. Hoy se prefiere mostrarse fuertes y sin prejuicios, adoptar una actitud positivista, aunque después se den crédito a tantas gratuitas ideas supersticiosas, mágicas o populares, o, aún peor, se abra la propia alma -¡la propia alma bautizada, visitada tantas veces por la presencia eucarística y habitada por el Espíritu Santo!- a las experiencias licenciosas de los sentidos, a aquellas deletéreas de los estupefacientes o también a las seducciones ideológicas de los errores de moda, fisuras éstas la través de las cuales el maligno puede fácilmente penetrar y alterar la mentalidad humana.

No es que todo pecado se deba directamente a la acción diabólica (S.Th. I,q.104, art 3); pero sin embargo, es cierto que quien no vigila sobre sí mismo con cierto rigor moral (cf. Mt 12,45; Ef 6,11) se expone al influjo del mysterium iniquitatis al que San Pablo se refiere (2Tes 2,3-12) y que hace problemática la posibilidad de nuestra salvación.

Nuestra doctrina se vuelva incierta, oscurecida como está por las mismas tinieblas que circundan al demonio. Pero nuestra curiosidad, excitada por la certeza de su múltiple existencia se hace legítima con dos preguntas: ¿Existen signos, y cuáles son, de la presencia de la acción diabólica? ¿Cuáles son los medios de defensa contra tan insidioso peligro?

La actitud del Cristiano: vigilar y mantenerse fuerte

La respuesta a la primera pregunta impone mucha cautela, aunque los signos del maligno parecen ser a veces evidentes (cf. Tertuliano, Apol 23). Podremos suponer su siniestra acción allí donde la negación de Dios es radical, sutil y absurda, allí donde la mentira se afirma, hipócrita y potente contra la verdad evidente, allí donde el amor queda apagado por un egoísmo frío y cruel, allí donde el nombre de Cristo se impugna con odio consciente y rebelde (Cf. 1Cor 16,22; 12,3), allí donde el espíritu

del Evangelio es adulterado y desmentido, allí donde la desesperación se afirma como última palabra, etc. Pero es un diagnóstico demasiado amplio y difícil, sobre el que no osamos ahora profundizar y dar por auténtico, pero que sin embargo no carece de dramático interés para todas, y al que la literatura moderna ha dedicado también páginas famosas (cf. por ejemplo las de Bernanos, estudiadas por Ch. Moeller, Littér. du XX siècle. I. p.397ss; P. Macchi, Il volto del male in Bernanos; cf. además Satan, Études Carmélitaines, Desclée de Br. 1948). El problema del mal sigue siendo uno de los más grandes y permanentes para el espíritu humano, incluso después de la victoriosa respuesta que le da Jesucristo. “Nosotros sabemos, escribe el evangelista San Juan, que somos (hemos nacido) de Dios, mientras que el mundo todo está bajo el maligno¿ (I Jn 5,19).

A la segunda pregunta: ¿qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio?: la respuesta es más fácil de formular, aunque sea difícil de poner en práctica. Podríamos decir: todo lo que nos defiende del pecado nos separa, por ello mismo, del enemigo invisible. La gracia es la defensa decisiva. La inocencia asume un aspecto de fortaleza. Y todos recordamos además en qué gran medida la pedagogía apostólica ha simbolizado en la armadura de un soldado las virtudes que pueden hacer invulnerable al cristiano (cf Rm 13,12; Ef 6,11.14.17.; 1Tes 5,8).

El cristiano debe ser militante; debe vigilar y ser fuerte (1Pe 5,8); y a veces debe recurrir a algún ejercicio ascético especial para alejar determinadas incursiones diabólicas; Jesús nos lo enseña indicando como remedio “la oración y el ayuno” (Mc 9,29). Y el Apóstol sugiere la línea maestra a seguir: “No te dejes vencer por el mal, antes vence al mal con el bien” (Rm 12,21; Mt 13,29).

Con conciencia, pues, de las adversidades presentes en las que se encuentran hoy las almas, la Iglesia, el mundo, nosotros intentaremos dar sentido y eficacia a la acostumbrada invocación de nuestra principal oración: “¡Padre nuestro…líbranos del mal!”.

Que a ello ayude también nuestra bendición apostólica

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