La situación actual: ¡Por nuestros malditos pecados!

lector: A continuación presentamos, a manera de artículo de opinión, una serie de reflexiones contenidas en el interesantísimo ensayo “Por nuestros malditos pecados”, del Padre Carlos Chávez Shelly. Toda una guía para la vida práctica.


Enseñar valores


INTRODUCCION

Casi todo mundo está de acuerdo en una cosa: no nos gusta lo que está pasando. No nos gusta un mundo así. Va mal la economía –no se sabe bien a bien porqué, pero va mal– en Estados Unidos, en Europa y en casi todo el mundo, va mal.

No nos gusta la corrupción de políticos y magnates. No nos gusta la inseguridad: secuestros, asesinatos, asaltos, violencia. No nos gusta la inmoralidad tan generalizada: en la TV, en la calle, en Internet… toneladas de pornografía y de podredumbre bienoliente.

A los bebés que todavía no nacen, los matan y le llaman “interrupción del embarazo”; los homosexuales se “casan”, y le llaman “matrimonio”; a los ancianos y discapacitados los matan y le llaman “muerte digna”.

Hay ricos muy ricos y pobres muy pobres, cada vez más.

Los adultos abusan de los menores…

Etc., etc., etc.

¿Qué está pasando?, ¿todo el mundo está loco?… ¿a dónde vamos a llegar?

¿Cuál es la raíz de todo esto?, ¿alguien lo sabe? La mayoría de la gente no. Unos pocos sí. Yo soy uno de ellos. Y lo sé por experiencia propia y porque lo he aprendido de gente sabia y santa. Todo es a causa de nuestros malditos pecados.

San Juan Pablo II, máxima autoridad moral en el planeta durante más de 25 años, escribió que “todas las calamidades del mundo: el aborto, la falta de libertad para vivir la fe, las discriminaciones, la violencia y el terrorismo, la represión, las armas atómicas, la pobreza de pueblos enteros, las injusticias, las diferencias enormes entre ricos y pobres, etc., por muy impresionantes que a primera vista puedan aparecer tales laceraciones, sólo observando en profundidad se logra individuar la raíz: ésta se halla en una herida en lo más íntimo del hombre. Nosotros, a la luz de la fe, la llamamos pecado, comenzando por el pecado original que cada uno lleva desde su nacimiento como una herencia recibida de sus progenitores, hasta el pecado que cada uno comete, abusando de su propia libertad” (Reconciliación y Penitencia, 2).

Sí, ésa es la causa: nuestros malditos pecados. Un tema del que hoy es políticamente incorrecto hablar.

Y lo peor de todo es que casi nadie lo sabe, o lo niega. Ya no se sabe qué es el pecado. Se le relativiza: por ejemplo, a actos intrínsecamente malos (como la mentira y el aborto) les llama buenos o malos, según me parezca a mí… todo es relativo.

Ya lo decía el Cardenal Ratzinger en una entrevista: “Todavía no hemos encontrado la forma de expresarnos, para dirigirnos a las conciencias en el momento actual. Algunos conceptos como, por ejemplo, pecado original, redención, expiación, pecado, etc., que son palabras que expresan la verdad, a la mayoría de los hombres, en el leguaje actual no les dicen absolutamente nada” (La sal de la tierra, p. 181).

Se nos ha olvidado lo que San Josemaría Escrivá de Balaguer nos previno en su precioso y enjundioso librito llamado “Camino”: “No olvides, hijo, que para tí en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado” (n. 386).

Y en otro lugar escribe unas diáfanas palabras: “No es fácil considerar la perversión que el pecado supone, y comprender todo lo que nos dice la fe. Debemos hacernos cargo, aún en lo humano, de que la magnitud de la ofensa se mide por la condición del ofendido, por su valor personal, por su dignidad social, por sus cualidades. Y el hombre ofende a Dios: la criatura reniega de su creador” (Es Cristo que pasa, n. 95).

Y yo me pregunto ¿Qué es lo que nos dice la fe acerca del pecado?: que Dios se hizo hombre para salvarnos del pecado; que Cristo sufrió las dolorosísimas Pasión y muerte por nuestros pecados; que por un solo pecado del que no nos hayamos arrepentido nos podemos condenar por toda la eternidad; la existencia del infierno sin fin para los pecadores impenitentes, etc…

Para ponernos de acuerdo acerca de si estamos hablando de lo mismo, transcribo la definición de pecado del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (n. 392), aunque advierto que esto no es sólo para católicos, sino para todo hombre por el hecho de ser humano.

“El pecado es (San Agustín). Es una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Cristo, en su pasión, revela plenamente la gravedad del pecado y lo vence con su misericordia”.

El mismo Compendio nos dice qué es el pecado original (n. 76):

“El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y la justicia originales. Es un pecado <contraído> no <cometido> por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, <no por imitación sino por propagación>. Esta transmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente”.

De este tema vamos a tratar en este pequeño ensayo: de nuestros nocivos pecados y de cómo arreglarlos. Nos guiarán el Papa emérito Benedicto XVI y un gran pecador que los arregló: San Agustín, a la par de otros autores, como Emile Blanchet (1886-1967), Rector del Instituto Católico de París, que, en el conjunto de conferencias publicado con el nombre “Ausencia y presencia de Dios”, nos ilustra sobre los principales problemas y pecados de los siglos XIX y XX. Terminaremos haciendo algunos comentarios a la estupenda Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” del Papa Francisco.

También mostraré cómo eminencias de talla mundial como lo es el prestigioso filósofo y sociólogo alemán Jurgen Habermas (y con él muchos otros cerebritos laicos de nuestra intelectualidad) se quedan muy cortos, muy en la superficie, al tratar de explicar qué está pasando en Europa.

Estas reflexiones quieren ser una pequeña contribución para afianzar la fe de tantos creyentes en este tema, y para descubrirla para otros muchos. Así se lo pido a la Santísima Virgen de Guadalupe: la que creyó.  “la Bienaventurada porque creíste lo que se te ha revelado de parte del Señor”.

NOS DICE BENEDICTO XVI SOBRE EL PECADO

El Papa emérito es sin duda uno de los intelectuales de más peso en la actualidad.

El 11 de mayo del 2010, el Papa volaba rumbo a Portugal. Uno de sus tantos viajes apostólicos para confirmar a sus hijos y hermanos. Como ya es costumbre, se hizo una pequeña rueda de prensa dentro del avión con los periodistas que lo acompañaban.


Primero la familia


Uno le preguntó:

“Hablemos ahora de Fátima… ¿qué significado tienen para nosotros las apariciones de Fátima? Cuando usted presentó el texto del tercer secreto de Fátima en la Sala de Prensa Vaticana, en junio del 2000… se le preguntó si el mensaje podía extenderse, más allá del atentado a Juan Pablo II, también al sufrimiento de los Papas. Según usted, ¿es posible encuadrar igualmente en aquella visión el sufrimiento de la Iglesia de hoy, por los pecados de abusos sexuales de los menores?”

El Papa respondió, entre otras cosas:

“La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. Esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia (…) De este modo, respondemos, somos realistas al esperar que el mal ataca siempre, ataca desde el interior y el exterior, pero también que las fuerzas del bien están presentes y que, al final, el Señor es más fuerte que el mal, y la Virgen para nosotros es la garantía visible y materna de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la historia”.

Otro periodista le preguntó:

La crisis económica se ha agravado recientemente en Europa y afecta particularmente también a Portugal. Algunos líderes europeos piensan que el futuro de la Unión Europea está en peligro. ¿Qué lección se puede aprender de esta crisis, también en el plano ético y moral?

Respondió el Papa:

“(…) ahora vemos que un puro pragmatismo económico que prescinde de la realidad del hombre –que es un ser ético– no concluye positivamente, sino que crea problemas insolubles. Por eso, ahora es el momento de ver cómo la ética no es algo externo, sino interno a la racionalidad y al pragmatismo económico (…). Lo que ha sucedido en el mercado en estos dos o tres años ha mostrado que la dimensión ética es interna y debe entrar dentro de la actividad económica, porque el hombre es uno, y se trata del hombre, de una antropología sana, que implica todo, y sólo así se resuelve el problema, sólo así Europa desarrolla y cumple su misión”.

Como vemos, para Joseph Ratzinger, nuestro malditos pecados, todos: la pederastia, cometida no sólo por algunos pobres eclesiásticos, sino por muchísimas personas de todos los sectores de la sociedad, como casi a diario nos informan los periódicos, y los pecados ético-económicos: injusticias, fraudes, corrupción a gran escala prácticamente entre los gobernantes de casi todos los países, tráfico de influencias y de personas, robo descarado por parte de tantos empresarios, venta indiscriminada de armas, etc., son la causa, la raíz de los males que padecemos.

En 1996 el periodista alemán, entonces filocomunista, Peter Seewald, consiguió una entrevista con el Cardenal Ratzinger. Se publicó con el nombre de “La Sal de la Tierra. Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio”. Entre otras preguntas le formuló la siguiente:

“El futuro se espera con cierta impaciencia. Se ha ido fraguando poco a poco una especie de histeria general. (…) A veces parece que las cosas evolucionan positivamente, pero en otras ocasiones parece que el mundo actual es demencial. La sociedad, tan ávida de lujo y placer, tiene muy cerca una gran pobreza debida a las guerras o a las catástrofes naturales –cada vez más frecuentes– sin darse cuenta de los evidentes signos de decadencia de la cultura, ni de la tremenda falta de orientación; la sociedad desconoce lo que tiene que hacer. Antes no había tanta inestabilidad como ahora, tanta drogadicción, ni tantas relaciones rotas, niños abandonados, chabolismo, etc. Ni, paradójicamente, tanta despreocupación. En una ocasión, Cardenal, usted dijo que lo que faltaba a nuestro tiempo no es capacidad para afligirse, sino para alegrarse. Pero con este panorama que tenemos ¿no le parece que alegrarse parece cada vez más difícil?”

La respuesta del Cardenal es amplia, puede verse en las pp. 40 y 41 de la versión española publicada por Libros Palabra, 1997. Yo simplemente quiero destacar un párrafo:

“Pero me hablaba antes de un mundo demencial y despreocupado. Así es. La explicación que yo daría a ese panorama es que la masificación de la sociedad en el mundo actual, por un lado, y los nuevos avances tecnológicos, por otro, han dado paso a nuevas categorías del mal”.

En otras palabras, Ratzinger nos está diciendo que, en pleno siglo XXI, nuestro nocivos pecados siguen aumentando: la masificación actual, provocada por grandísimas injusticias a los campesinos, ha provocado que se formen inmensas urbes por todo el mundo, donde prolifera el vandalismo, el pandillerismo, la drogadicción, las violaciones, los asaltos y asesinatos y secuestros, etc. Y esas nuevas categorías del mal, del pecado, provenientes de los nuevos avances tecnológicos: el “hackeo”, las seducciones pederastas por Internet, el espionaje a gobiernos y empresas, los “Vatileaks” y todos los demás “leaks”, los fraudes electrónicos, etc. Las estadísticas dicen para qué usan muchos adolescentes la multitud de “gadgets” de que disponen: pornografía brutal, femenina y masculina, y mixta; así como las posibilidades de perversión que surge con el uso solitario de esos objetos: i-pod, i-pad, tableta o celular; prácticas en las que ya está llegando, según las estadísticas, desde los 8 o 9 años. Aparte está el egoísmo y el aislamiento familiar y social que produce utilizar muchas horas, todos los días, un par de audífonos metidos en las orejas… Muchos malditos pecados nuevos.

Ya hemos hablado algo de la relativización del pecado. En el polémico best-seller “Luz del Mundo” del año 2010, otra entrevista del ahora converso Seewald, el Papa contesta a otra pregunta, acerca de los nefastos abusos de menores lo siguiente:

“Ya en los años cincuenta se fue desarrollando especialmente la teoría de que la pedofilia debía considerarse como algo positivo. Sobre todo, se sostuvo la tesis –que se introdujo también en la teología moral católica– de que no hay algo que sea malo en sí mismo, sino sólo cosas malas. Lo bueno y lo malo dependen, se decía, de las consecuencias.

En un contexto semejante, en el que todo es relativo y lo malo en sí mismo no existe, sino sólo lo relativamente bueno y lo relativamente malo (…). Por supuesto, la pedofilia es, en primer lugar, más bien una enfermedad, pero el hecho de que haya podido actuar y extenderse de ese modo ha tenido que ver también con una constelación intelectual por la que en la Iglesia se habían vuelto cuestionables las bases de la teología moral, el bien y el mal. El bien y el mal pasaron a ser intercambiables, ya no estaban más en clara contraposición” (pp. 50 y 51).

@yoinfluyo

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