Santa Teresa de Jesus y los Angeles

Santa Teresa de Jesus y los Angeles

 

1      Un día que había hecho mucha oración suplicando al Señor que me ayudase a agradarle en todo, mientras estaba rezando el himno, me vino un arrobamiento tan repentino que casi me sacó de mí, de lo que no pude dudar porque fue muy notorio. Fue la primera vez que el Señor me hizo esta merced de arrobamiento. Y entendí estas palabras: “Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles” (V 24, 5).

2        Veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representaban ángeles, es sin verlos, como la visión de Jesucristo que dije antes.

3       Esta visión del ángel quiso el Señor que la viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parece que todos se abrasan: debe de ser de los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría distinguir (V 29, 13).

4        Estando un día de la Santísima Trinidad en el coro de un monasterio, caí en éxtasis y vi una gran batalla de demonios contra ángeles. Yo no podía comprender el significado de esta visión. Antes de quince días todo se aclaró con la guerra entablada entre gente de oración y muchos que no lo eran, que causó mucho daño a la casa que era de oración; la guerra duró mucho tiempo y con mucho sufrimiento (V 31, 11).

5        Me pareció que los veía subir al cielo con gran multitud de ángeles (V 33, 15).

6        Creo que fueron tres veces las que me sucedió lo mismo y, al fin, pudo más el ángel bueno que el malo, y fui a llamarle y vino a hablarme a un confesonario (V 33, 15).

7       Otra vez, estando lejos de esta ciudad, vi que los ángeles le elevaban con mucha gloria (al padre Gracía de Toledo); por esta visión supe que su alma había adelantado mucho. Y es que una persona a quién él había hecho mucho bien y salvado su honra y su alma, le había levantado una gran difamación contra su honra y él lo había sufrido con mucho contento, y había sufrido otras persecuciones (V 34, 17).

8       Mas no vi cómo estaba el trono, ni quién estaba sentado, sólo una gran multitud de ángeles, con una hermosura mayor sin comparación, que la que he visto otras veces en el cielo. He pensado si serían serafines o querubines, cuya gloria es muy diferente; estaban llameantes.

9      La gloria que sentí no se puede escribir ni decir, ni la puede imaginar quien lo haya experimentado. Entendí, sin ver nada, que allí estaba todo junto lo que el hombre puede desear. Me dijeron, y no se quién, que lo único que podía hacer allí era entender que no podía entender nada, y darme cuenta de que todo es nada comparado con aquello.

10      Después mi alma se avergonzaba viendo que podía detenerse en alguna criatura o aficionarse a ella, porque todo el mundo me parecía un hormiguero (V 39, 22).

11     Estando una vez en oración con mucho recogimiento y suavidad y quietud, veía que estaba rodeada de ángeles y muy cerca de Dios. Comencé a suplicar a Dios por la Iglesia (V 40, 12).

12      La víspera de San Sebastián, el primer año que vine a ser priora de la Encarnación, comenzandola Salve, vi en la silla prioral, adonde está puesta nuestra Señora, bajar con gran multitud de ángelesla Madre de Dios que se posaba allí…Me parecía que encima de los bastidores de las sillas del coro y sobre los antepechos, había ángeles, aunque no con forma coporal, que era visión inetelectual (Cc 22ª, 1-2).

13      Yo no hacía más que abrir los ojos para ver si me podía distraer, y no me bastaba para apartar esta tentación, sino que me parecía que se oía una música de pajaritos y de ángeles, de la que el alma gozaba, aunque yo no lo oía, mas el alma estaba en aquel deleite (Cc 34ª, 2).

14      Se me representó esta santa mujer (Catalina Cardona), por visión intelectual, como cuerpo glorificado, y algunos ángeles con ella (F 28, 36). 

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