EL REGALO DE LLORAR, EL DON DE LÁGRIMAS

El Anciano en Lágrimas, Vincent Van Gogh

EL REGALO DE LLORAR, EL DON DE LÁGRIMAS

“Dejen caer lágrimas nuestros ojos, y nuestros párpados den curso al llanto”. (Jeremías 9, 16)

 

  1. EL REGALO DE LLORAR, EL DON TENER LÁGRIMAS EN LOS OJOS

En diversos relatos bíblicos, encontramos sueños de gloria, celos, envidias, odios, sentimientos de culpa y fuertes emociones donde se destacan las lágrimas. En particular son dignos de notarse los encuentros de José con sus hermanos (Génesis 42ss). Es así como en el relato bíblico del Génesis, José, emocionado al oír las palabras que expresan estos sentimientos profundos de culpa, es incapaz de contener las lágrimas (Génesis 42,24). Luego, cuando Benjamín baja a Egipto, su emoción al ver al hermano más pequeño es profunda: “José salió apresuradamente porque estaba muy emocionado a la vista de su hermano y se le saltaban las lágrimas” (Génesis 43,30).

Cuando el rey David tuvo noticias de la muerte de su hijo tembló de emoción, explotó en lágrimas y lloró, gritando amargamente: “Entonces el rey se estremeció. Subió a la estancia que había encima de la puerta y rompió a llorar. Decía entre sollozos: ¡Hijo mío, Absalón; hijo mío, hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 (2 Samuel 19, 1)

Es un regalo llorar, es un don tener lágrimas en los ojos, el mismo Jesús, expone que es una dicha llorar. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. (Mateo 5,5), “Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis”. (Lucas 6, 21). Y para darnos un buen ejemplo, Jesús llora al ver llorar a María, hermana de Lázaro; “Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: ¿Dónde lo habéis puesto? Le responden: Señor, ven y lo verás. Y  Jesús se echó a llorar.”  (Juan 11, 33-35) y Los judíos entonces decían: “Mirad cómo le quería”, Jesús llora por amor a su pariente, y en las lágrimas de Jesús, están también nuestras lágrimas de amor. En estas lágrimas del Señor, manifiesta su naturaleza humana y nos muestra su naturaleza sufriendo por las misma cosas que sufre todo hombre, dándonos pruebas de que era hombre verdadero y no en la apariencia, enseñándonos que en la vida hay tanto tristezas como a la alegría, y hemos de padecer y entristecerse como cualquiera.

En otra ocasión, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!”  (Lucas 19, 41) Jesucristo confirma con su ejemplo todas las bienaventuranzas de que ha hablado en el Evangelio;  “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. (Mateo 5,5), las lágrimas vertidas son señal de tristeza y llora el Señor por la destrucción de aquella desleal ciudad, las desgracias que ella misma ignoraba habrían de venirle. Si Jesús, que es Dios llora, que queda para nosotros, simples mortales?

  1. JESUS SE CONMUEVE FRENTE A LAS LAGRIMAS

Jesús se conmueve ante las lágrimas; “Al verla el Señor, (la viuda de Naím) tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores”  (Lucas 7,13).  Estaba María (Magdalena) junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Le Dicen ellos: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella les respondió: “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”  (Juan 20, 11-15)

En el relato de la pecadora, que llega a la casa de Simón, (un fariseo) y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón (el fariseo): “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos” (Lucas 7, 38-44)

Se compadeció Jesús de un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, el que cayendo a los pies de Jesús le suplicaba entrara en su casa, porque tenía una sola hija de unos doce años que estaba muriéndose. (Cfr. Lucas  8,41). Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: “No lloréis, no ha muerto; está dormida”.  (Lucas 8,52)

Lloraban también las mujeres por compasión al ver a Jesús cargando la cruz. Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”.  (Lucas 23, 26-28)

  1. LAS LÁGRIMAS DE PEDRO

Mención especial son las lágrimas de Pedro, que, después de negar tres veces a Cristo, rompió a llorar (Mc. 14,72), Lucas precisa que saliendo fuera, rompió a llorar amargamente. (Lucas 22, 69).  Las lágrimas unieron de nuevo a Pedro con Cristo. Antes de ascender al Cielo, Jesus le dice por tercera vez a Pedro: “Simón de Juan, ¿me quieres?” Y se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ¿Me quieres?  y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”.  (Juan 21, 17)

  1. LAS LÁGRIMAS DE PABLO

El Apóstol Pablo es muy sensible a las lágrimas, es así como le escribe emocionado a Timoteo: “Tengo vivos deseos de verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría”.  (2 Timoteo 1, 4). A los Filipenses; “Hermanos, sed imitadores míos, y fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros. Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo”  (Filipenses 3, 17-18). A los de Corintios: “Efectivamente, os escribí en una gran aflicción y angustia de corazón, con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conocierais el amor desbordante que sobre todo a vosotros os tengo”. (2 Corintios  2,4)

Convocó Pablo desde Mileto y envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando llegaron donde él, les dijo: “Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad y lágrimas y con las pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos” (Hechos 20, 18-19) Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. Ahora os encomiendo a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados.”  (Hechos 20, 31-32)

Les decía Pablo, “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. Dicho esto se puso de rodillas y oro con todos ellos. Rompieron entonces todos a llorar y arrojándose al cuello de Pablo, le besaban, afligidos sobre todo por lo que había dicho: que ya no volverían a ver su rostro. Y fueron acompañándole hasta la nave. (Hechos 20, 36-38). De regreso y habiendo llegado ya a Cesarea, le rogaron que no subiera a Jerusalén. Entonces Pablo contestó: “¿Por qué habéis de llorar y destrozarme el corazón? Pues yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, sino a morir también en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.  (Hechos 21, 13)

  1. EL SEÑOR SECARA NUESTRA LAGRIMAS

Escribe el poeta Vicente Huidobro; “Es para llorar que la vida es tan corta. Es para llorar que la vida es tan larga. Es para llorar que la muerte es tan rápida. Es para llorar que la muerte es tan lenta”. Los especialistas recomiendan que el principal beneficio de llorar es su efecto como bálsamo natural, ya que contener el llanto causa efectos adversos de rabia, agresividad y lo peor es que causa muchos trastornos de ansiedad. Lo cierto es que a veces no queda otra alternativa y llorar es bueno, dado que reprimir el llanto no favorece la salud.

Llorar es una respuesta emocional, como pensamientos desfavorables, malas noticias, tristeza o rabia, aunque también lloramos las emociones positivas, como una alegría muy intensa. Con todo, no tenemos porqué retener nuestras lágrimas o avergonzarnos por ellas.  Dice le profeta; “Dejen caer lágrimas nuestros ojos, y nuestros párpados den curso al llanto”. (Jeremías 9, 17), “Dejen caer mis ojos lágrimas de noche y de día sin parar” (Jeremías (SBJ) 14, 17)

Nos consuela el Profeta Isaías; “Enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado” en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación.  (Isaías 25,8). También relata que Ezequías lloró con abundantes lágrimas. Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra del Señor, diciendo: “Vete y di a Ezequías: Así habla el Señor, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte”.  (Isaías 38, 3-5)

Nos anuncia el Apocalipsis que tendremos un cielo nuevo y una tierra nueva, una Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo, la morada de Dios con los hombres. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado…y al que tenga sed, se le dará del manantial del agua de la vida gratis. (Cfr. Apocalipsis 21, 1-7)

  1. DEL MISAL ROMANO Edición 2002.

III.  EN DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS

  1. Por el perdón de los pecados

ORACIÓN COLECTA

Dios de poder y clemencia,

que para apagar la sed de tu pueblo

transformaste la piedra en fuente de agua viva,

cambia nuestra dureza en lágrimas

y danos un corazón compungido

para que llorando nuestros pecados

merezcamos, por tu gran misericordia, el perdón y la paz.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios de gloria y majestad,

mira con bondad estos dones

que te ofrecemos por nuestros pecados,

y haz que este sacrificio se convierta en un manantial de gracia

para que, llorando nuestras faltas, obtengamos el don del Espíritu Santo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, Dios nuestro,

el sacramento que acabamos de recibir

nos haga llorar nuestros pecados hasta borrar toda iniquidad

y nos obtenga de tu generosidad la indulgencia esperada.

Por Jesucristo nuestro Señor.

El Señor nos bendiga y nos consuele

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Fuente de este artículo y sus comentarios.

Textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ)

Textos del Diccionario Teológico Ravasi

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