Tres palabras para la mujer, 2 de 3, Verdadera liberación en Cristo

Tres palabras para la mujer, 2 de 3, Verdadera liberación en Cristo

Del evangelio según San Juan, capítulo ocho: “Al día siguiente al amanecer volvió Jesús al templo, la gente se le acercó, y Él se sentó y comenzó a enseñarles. Los maestros de la Ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer, la habían sorprendido cometiendo adulterio, la pusieron en medio de todos los presentes, y dijeron a Jesús: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de cometer adulterio. En la Ley Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres, tú, ¿qué dices?” Ellos preguntaron esto para poner a prueba a Jesús y tener de que acusarlo. Pero Él se inclinó y comenzó a escribir en la tierra con el dedo” San Juan 8,1-6.

“Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra. Y volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto, uno tras otro comenzaron a irse, y los primeros en hacerlo fueron los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están? Ninguno te ha condenado. Ella le contestó: Ninguno, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno; ahora, vete, y no vuelvas a pecar” San Juan 8,7-11.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Queridos Hermanos:

Este es un pasaje bastante conocido, está en el capítulo octavo de San Juan, como lo dije al principio. Y este pasaje nos va a servir de referencia para el tema que se nos ha propuesto: Mujer, rompe tus cadenas por la Sangre de Cristo.

Observemos ante todo, mis queridas amigas, observemos la contradicción. Le dicen a Jesús: “Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio” San Juan 8,3. Pues si estaba cometiendo un acto de adulterio no estaba sola, pero llevan únicamente a la mujer. La culpa le sucedió con otra persona, pero en el momento de condenar, la condena cae sólo sobre la mujer.

Es evidente que esto es injusto, y esta es una injusticia que se repite de muchas maneras. Muchas personas tiene relaciones sexuales de una manera irresponsable, pero si resulta un embarazo, la persona que carga fundamentalmente con esa situación es la mujer, y queda sin escapatoria. Porque si va a tener el niño, que por supuesto es lo menos malo en esas circunstancias, pues ya sabemos el trabajo, la carga, el esfuerzo que eso va a suponer; y si ella no quiere tener ese niño o dice que no puede tenerlo, en muchos lugares el Estado facilita las cosas para que ella aborte.

Pero como dice una frase que me gusta mucho, “el aborto no te desembaraza, el aborto te hace madre de un hijo muerto”. Si estás embarazada ya eres mamá; abortar es ser la madre de un muerto, pero ya eres mamá.

Entonces fíjate el peso que cae sobre la mujer: la mujer es la que va a ser señalada, porque además si esa mujer comete el error, siempre será un error, el error de abortar, entonces señalamos a la mujer y le decimos que es una asesina y que es una culpable, y muchas veces la mujer queda sola frente a las decisiones más duras y queda sola para cargar las peores consecuencias.

Así como esta mujer del pasaje de Cristo en el evangelio según San Juan no estaba adulterando sola, así también la mujer que pasa por el drama del aborto no se embarazó ella sola; y sin embargo es la mujer la que lleva la peor parte.

Decíamos en nuestra anterior charla que la mujer ha recibido de Dios una serie de poderes, los llamamos llaves del corazón humano, la mujer tiene esos grandes recursos que le ha dado Dios; pero al mismo tiempo, así como ha recibido esa fuerza o ese poder, así también la mujer es la que carga muchas veces las peores consecuencias.

La violencia en las familias cae sobre niños y niñas, pero son mucho más las niñas las que llevan esa carga. En una condición de pobreza el abuso se multiplica especialmente en las niñas. El comercio, la publicidad utilizan especialmente el cuerpo de la mujer. Podemos decir que así como la mujer ha recibido unas responsabilidades y unos poderes y unas facultades mayores, así también lleva una parte proporcional mucho mayor cuando se trata del sufrimiento.

Incluso aunque no haya embarazo, en un rompimiento en una pareja, no se puede comparar usualmente el sufrimiento del hombre y el de la mujer. Hay una frase que me gusta mucho, dice: “El amor suele ser un capítulo en la vida de un hombre, pero es el libro entero en la vida de una mujer”. La manera de amar de la mujer, precisamente por lo que decíamos que su sensibilidad es mucho más integral, la manera de amar de la mujer es mucho más fuerte, es mucho más entera, es mucho más generosa. Y por eso en un rompimiento, en una traición, la mujer sufre muchísimo más.

Podemos decir que en la vida, o seamos más claros, Dios le ha dado mucho más a la mujer, pero también el sufrimiento de la mujer es mucho mayor. Una de las consecuencias que esto trae es que en muchas sociedades la mujer es tratada, ya desde niña, es tratada de tal manera, de tal manera, que muy pronto pierde la capacidad de creer que vale todo lo que vale. A muchas mujeres les cuesta trabajo creer que son realmente valiosas porque la sociedad las ha tratado o como máquinas, o como juguetes, o como medios, instrumentos, herramientas.

Y por eso, la primera cadena que tiene que romperse para una verdadera liberación femenina no es la cadena de la pureza, no es la cadena de la modestia, del pudor; la cadena que realmente tiene que romperse es la cadena de la humillación y es la cadena que mantiene sujeta a la mujer en el esquema de: “Soy un juguete, soy una esclava, soy una máquina, soy una herramienta”, y así se ha tratado muchas veces a la mujer.Es decir, es la cadena de la baja autoestima.

la verdadera liberación de la mujer es reconocer cuán valiosa es en Dios, en el plan de Dios, en la presencia de Dios, esa es la verdadera liberación femenina. Porque hay una falsa liberación femenina, y la falsa liberación femenina lo que hace no es darle valor a la mujer, sino cambiarle el dueño.

Si la mujer es un juguete, juguete en manos de un hombre, por ejemplo, y a veces es un hombre de la propia familia y entonces hablamos de abuso; si la mujer era, y en algunos casos sigue siendo, un juguete en manos de un abusador, la liberación femenina la va a convertir ahora en otro juguete, juguete de los intereses de las empresas, juguete del comercio, juguete del capitalismo. Así que esa no es liberación.

Hace poco estaba en una reunión con un grupo de amigas, señoras jóvenes, y ellas mismas comentaban: “La tal liberación femenina nos volvió más esclavas, porque ahora de todas maneras ¿quién va a tener los niños? Nosotras, pero ahora tenemos que responder mal o bien por el hogar, mal o bien por los hijos y tenemos que responder, además, por ser bonitas, perfectas, bien maquilladas, exitosas, grandes productoras de dinero, grandes triunfadoras en el mundo empresarial.

Para muchísimas mujeres las cosas no han mejorado, para muchísimas mujeres la carga se ha duplicado. “-Ah, ahora puedo triunfar en el mundo de la empresa, ahora puedo triunfar en el mundo de la política, ahora puedo ser una gran gerente, una gran profesional”. “-Felicitaciones, muy bien. ¿Vas a tener hijos?” Esa es la pregunta. “-Pues, sí” “-¿Vas a realizarte como madre?” Entonces yo he visto que hay una curva, una curva descendente y una curva ascendente.

Curva ascendente, ¿yo cómo describo esa curva? Ustedes van imaginar aquí una pantalla, y la curva ascendente empieza abajo y como su nombre lo indica va hacia arriba, y la curva descendente empieza arriba y como su nombre lo indica va hacia abajo. ¿qué significan esas dos curvas? Son las historias de dos mujeres. La curva ascendente es la que yo he visto en muchas mujeres algunas de las cuales he tenido muy cerca, por ejemplo en mi familia, por ejemplo en mi mamá.

La llamó ascendente porque cuando mi mamá decidió ser fundamentalmente mamá, y le dio la mayor importancia a su vocación de mamá, teniendo una formación profesional porque la tenía también, cuando mi mamá tomó esas decisiones la opinión de muchas de sus amigas fue de desprecio, casi de burla: “¡Cómo se te ocurre! Todo lo que tú has hecho, todo lo que te has esforzado, todo el dinero que has invertido, y ahora ¿te vas a encerrar en tu casa simplemente a cambiar pañales y a darle la sopa a unos niños?” Mi mamá era vista aquí, muy abajo.

Mi mamá se dedicó a nosotros, mi mamá se entregó a esa vocación de madre, mi mamá corresponde a lo que decíamos en la otra charla, aquella mujer que sabe escanear a los hijos porque los ha visto llegar del colegio, porque les sirve una comida caliente, porque sabe cuál es la preocupación con la que el niño llega a la casa. Si el niño llega a la casa a las tres de la tarde y la mamá aparece a las siete de la noche, a las siete de la noche el niño ya ha resuelto con alguien la angustia, el problema o la pregunta que traía a las tres de la tarde, entonces la mamá ya no ha sido parte de esa solución.

Ah, yo sé que este tema es terrible, yo sé que este tema es espantoso, porque hay mujeres a las que les toca ese horario, hay mujeres a las que les toca trabajar, y hay mujeres que entran en el dilema interior: “¿Yo qué hago? porque yo quiero realizarme profesionalmente”, y yo le digo: Tienes todo el derecho de realizarte profesionalmente, pero no te pongas brava conmigo, solamente responde esta pregunta: “Dime si quieres ser mamá.

Entonces ¿qué sucede con mujeres como mi madre? La gente al principio las mira muy abajo: “Te vas a encerrar en una casa, te vas a dedicar a unos niños, te vas a perder todas las diversiones de la vida moderna, todas las salidas, las fiestas, las reuniones, los lugares, los posgrados, los ascensos en el trabajo, ¿te vas a perder todo eso? ¡Estás loca!” La gente la mira muy abajo.

Pero el tiempo pasa, los hijos de esa mujer empiezan a ser su mejor carta de presentación, los hijos de esa mujer empiezan a ser la felicidad de ella, ella empieza a ver cuáles son las decisiones que toman esos hijos cuando les llega la hora de decidir, cómo deciden ellos en el momento de tomar un trabajo o dejarlo, cómo deciden ellos a la hora de relacionarse con alguien, tener una pareja, escoger una esposa, escoger una esposo.

Esta mujer, a medida que pasa el tiempo, empieza a cosechar lo que ha sembrado con tanto esfuerzo. Después de unos años, ella empieza a ver que esos hijos cada vez toman mejores decisiones, ella cada vez se siente más tranquila; las mismas amigas que antes se burlaban de ella la ven tranquila, la ven bien, la ven feliz, ven que ella empieza a cosechar lo que ha sembrado. Poco a poco la memoria, el recuerdo y el final de esta mujer es cada vez más hacia arriba, es una curva ascendente.

¿Qué sucede típicamente en el otro caso? Esta es la historia de otra mujer, esa otra mujer dice: “Pues yo no voy a renunciar a ser mamá, pero ante todo yo no puedo renunciar a mi éxito profesional, yo no puedo renunciar a mis ascensos en el trabajo, yo no puedo renunciar a manejar mi propio dinero, yo quiero sentirme bien vestida, yo quiero sentir que soy hermosa y agradable, yo quiero sentir que soy productiva, yo no quiero ser mantenida de mi esposo”.

Quizás esos deseos son perfectamente comprensibles, pero ahora miremos la historia de esa mujer. Esa mujer quiere ser mamá también y nadie se lo puede negar. Tiene unos hijos pero no conoce a sus hijos, no los conoce lo suficiente, no los conoce tanto.

Y hay un momento, que es la prueba de fuego, y la prueba de fuego para una mamá no es si los hijos se están alimentando bien, esa no es la prueba de fuego, eso lo puede hacer cualquier empleado o empleada en lugar de la mamá, la prueba de fuego ni siquiera es si los niños tiene buena salud, eso lo pueden hacer otras personas, un buen enfermero o enfermera, ¿sabes cuál es la verdadera prueba de fuego, donde empiezan las verdaderas alegría o las verdaderas tristezas para una madre? ¿Sabes cuál es la prueba de fuego? Ya la he mencionado: cuando tú empiezas a ver qué tipo de decisiones toman tus hijos, es ahí donde la curva se va para arriba o la curva se va para abajo.

Cuando tú ves cuál es el tipo de pareja que escoge tu hijo o que escoge tu hija, cuál es el tipo de amistades que escoge tu hijo o tu hija, y entonces es ahí cuando hablamos de una curva descendente, porque entonces esta mujer, sí, efectivamente, ha producido miles y miles de dólares, y ha sellado contratos importantísimos con gente importantísima, todo muy bonito, todo maravilloso, pero esa mujer que también es mamá un día tiene que enfrentarse a una realidad: sus hijos toman decisiones.

Y las decisiones de los hijos son: “¿Le digo sí o le digo no a la droga?” Esas son las decisiones. “Quiero ser novia de fulano de tal o quiero ser novia de otra persona”. “¿Quiero ser papá o quiero vivir irresponsablemente engendrando hijos en todas partes?” Esas son las decisiones. ¿Y sabes cuál es el problema? Cuando tú veas que tus hijos toman sus decisiones, ya es demasiado tarde para cambiar el curso de la vida. Eso es muy complicado.

Y yo sé lo qu tú me vas a decir: “¡Pero es que usted no me puede negar el derecho de que yo trabaje!” No te lo estoy negando, simplemente te estoy contando las historia de dos mujeres: una mujer le ha dado prelación a se mamá, otra mujer le ha dado prelación a su vida profesional. Yo no me estoy inventando estas dos curvas.

Esas dos mujeres, haya tomado cada una la decisión que haya tomado, eas dos mujeres tienen que enfrentarse al momento de la verdad, y el momento de la verdad ¿cuál es? El momento en el que tú ves cuáles son las amistades que escoge tu hijo, el momento en el que tú ves si tu hijo prefiere seguir el camino del vicio, o seguir el camino del homosexualismo, o seguir el camino de la promiscuidad, o seguir el camino de la deshonestidad, o tu hijo escoge lo que le da paz a tu corazón.

Y yo les puedo asegurar una cosa, cuando el tiempo pasa, todos los miles de dólares que ha ganado esta súpergerente, todos los miles de dólares que ha ganado esta súperejecutiva, ella los cambiaría en un solo cheque con tal de ver que sus hijos son mejores personas.

Entonces tú me dirás: “¿Usted qué quiere, padre, quiere que yo no trabaje, quiere que yo me encierre en una casa? Yo no soy nadie para decirte lo que tú tienes que decidir; decide tú como tú quieras en conciencia, pero no se te olvide que esas dos curvas existen, y no se te olvide que cuando te des cuenta que tus hijos empiezan a decidir de la manera que tú no querías, normalmente ya es muy tarde para ganar de nuevo el corazón de ellos.

¿Todo esto qué nos está indicando? Que la llamada liberación femenina vendió una idea, y vendió la idea, y se la vendió a las mujeres, la idea de que se podía ganar en todo, en todo. Se vendió la idea de que se podía ser perfecta amante, perfecta esposa, perfecta amiga, perfecta ejecutiva, perfecta mamá.

Y me decía, en esa reunión de señoras en donde yo estuve, me decía una: “Me siento asfixiada porque todo el mundo quiere que sea perfecta, porque en el trabajo no me puedo vestir de cualquier manera, tengo que estar vestida a la moda, y tengo que ser bonita, y tengo que ser agradable, y tengo que ser eficiente, y tengo que producir mucho.

Y luego tengo que llegar a la casa, y tengo que ser perfecta mamá, y perfecta cocinera, y perfecta esposa, y perfecta amiga, y perfecta amante. Y tengo que ser perfecta en la mañana, en la tarde, en la noche, en la madrugada, siempre tengo que ser perfecta y ya no aguanto más”, eso decía esa mujer.

Yo no soy mujer, yo no vivo ese drama, no sólo no soy mujer sino que no soy casada; pero hay unas que son mujeres, y que son esposas, y que son madres, y que están aquí, y esas que son ustedes, que están aquí, son las que tiene que preguntarse qué decisiones toman. Yo lo único que les quiero decir es esto: La mentira que nos dijeron, la mentira que les dijeron a ustedes, la mentira de que se puede ganar en todo, es mentira, eso no es así, toda vida tiene sacrificio, y tú tienes que saber qué sacrificas a qué.

Porque también hay otra mujer que dice: “Yo no quiero ser mamá, yo simplemente me dedico a mi trabajo, me dedico a mi empresa, me dedico a hacer dinero, me dedico a tener éxito. ¿Por qué tengo que ser mamá? ¿Por qué todas tiene que ser mamá? Yo no quiero ser mamá”. Bueno, está bien, es la decisión que tú tomas, esa decisión no es un crimen, pero ¿estás segura de que darle tu juventud y tu talento a una empresa para que haga unos cuantos millones vale lo mismo que darle ciudadanos rectos y honorables a un país o darle hijos santos a Dios?

¿Tú qué quieres? Tú dices que quieres simplemente dedicarte a tu profesión y a tu éxito y a tu dinero, tú, que eso dices, ¿qué balance vas a hacer cuando pasa tu hora? Porque resulta que las empresas tienen eso muy estudiado.

¿Tú crees que la empresa va a estar feliz contigo siempre? ¿Tú no te das cuenta, -y les estoy hablando de cosas que conozco y yo no voy a decir nombre propios aquí-, tú no te das cuenta que para una empresa, para la mayor parte de las empresas, las mujeres tienen su momento estelar, su momento máximo cuando pueden ser representantes y líderes en términos de relaciones de personal, relaciones públicas, relaciones comerciales, captación de personal, y tú sabes que esa curva suele terminar hacia los treinta y cinco años?

Y cuando tú veas que ya es demasiado tarde para tener pareja, demasiado tarde para tener hijos, y lo único que tienes es una buena indemnización o una buena cesantía en tu bolsillo, ¿esa cesantía vale lo mismo que unos hijos?

Estos temas son discutibles y son discutidos y yo sé que hay gente que va a decir que yo soy un cavernícola, un retrógrado, que yo lo que quiero es simplemente devolver a la mujer a la cocina, y devolver a la mujer a la plancha, y devolver a la mujer a la máquina de coser, y yo les digo, esa no es mi preocupación, pero alguien le tiene que abrir los ojos a la mujer.

Y son tres posibilidades: o decides ser mamá disminuyendo al mínimo tu aspecto profesional, o decides ser mamá pero aumentando al máximo el éxito profesional, o cancelas el hecho de ser mamá. Yo no veo más posibilidades. Y cualquiera de esas tres posibildades trae consecuencias, toda decisión trae consecuencias. Y no estoy descubriendo nada nuevo.

Yo tomé una decisión en mi vida, creo que así me lo inspiró el Señor, mi decisión fue el camino de la vocación y el sacerdocio, ¿eso tiene consecuencias? Sí, una de las consecuencias que trae es que, por ejemplo, no tengo ni esposa ni tengo hijos, esa es una consecuencia que trae. Toda decisión trae consecuencias. Y no tener no esposa ni tener hijos, desde el punto de vista de un hombre sano en su cuerpo y en su corazón, es un sacrificio si no se tiene.

y esa en mi cuota de sacrificio, entre otras, pero eso no significa que Dios me haya dejado sin una porción de sus bendiciones; más bien, cada vocación tiene su sacrificio y cada vocación tiene sus bendiciones. Entonces, el Señor me llevó por este camino, este camino tiene sus sacrificios y este camino tiene sus bendiciones, y esas bendiciones son las que yo comparto en Pomona, California, en el encuentro “Amigas de Jesús”.

Yo lo que quiero que entendamos es que todos los caminos tienen sacrificios, y que uno tiene que tener los ojos abiertos a esos sacrificios, y que uno no debe dejarse llevar por la idea, uno no debe comprar la idea que vendió la liberación femenina, que era más o menos decir: “Cuanto más te alejes del hogar, cuanto más lejos dejes el hogar, cuanto más lejos dejes la estufa, las ollas, la cocina, cuanto más lejos estés del hogar, más mujer vas a ser, más independiente vas a ser, más libre vas a ser”.

Eso no es cierto, porque muchas mujeres empezaron a hacer eso, y descubrieron que al alejarse del hogar se alejaban de los hijos, y eso no tiene nada de raro, ¿no? Qué frase tan tonta acabo de decir: “Al alejarse del hogar se alejaron de los hijos”, pues sí, y al alejarse de los hijos tuvieron luego que experimentar el dolor de ver qué decisiones tomaban los hijos, y empezaron a ver que las decisiones de los hijos duran para siempre, para el resto de tu vida.

Óyeme eso, si eres mamá, las decisiones que tus hijos tomen, decisiones sobre “si voy a ser honrado o no”, “si voy a casarme, o voy a ser promiscuo, o qué voy a ser”, esas decisiones duran para toda la vida.

Un contrato, un cheque jugosos de dólares el algo que le gusta yo creo que a todo el mundo. Yo todavía no he encontrado la primera persona que le pasen un cheque de diez, doce mil, veinte mil, cincuenta mil dólares y diga: “¡Ay, qué problema, hombre!” Esa persona yo no la he conocido.

Así sea para obras de caridad, para un orfanato que tengo en mi país, siempre ese dinero será bienvenido. Pero qué poco valen esos cincuenta mil dólares cuando ves que tu hijo está mal casado, qué poco valen esos cien mil dólares cuando tú ves a tu hija a los ojos y tú le preguntas: “-¿Qué fue lo que te paso?” Y ella te dice: “-Mamá, aborté”. “-¿Y por qué no me pediste ayuda, hija? ¿por qué no hablaste conmigo”. “-Tenía miedo, no te tenía confianza”.

¿A qué saben cien mil dólares, a qué saben docientos mil dólares, a qué sabe un millón de dólares cuando tu hija te dice esas palabras, a qué saben? Te aseguro que esa mamá el resto de su vida estará golpeando su pecho y diciendo: “¿Por qué me salí de la casa? ¿Por qué no estuve ahí? ¿Por qué no aprendí que tenía que oírla y verla, y ver con quién andaba y ver si le convenía”. Así que hay que matar la idea de la liberación femenina en los términos en el que lo vende el mundo, es un engaño.

Óiganme todas, y especialmente las más jóvenes,la liberación femenina como la vende el mundo es una mentira, y esa mentira afecta el resto de tu vida, porque una vez que eso suceda con tu hija o con tu hijo, una vez que tu hijo o tu hija te dice una noticia de ese tamaño, te aseguro que cada cheque que te llegue, para ti va a ser un cheque de lágrimas, y para ti va a ser la renovación de una herida y de una pregunta: “¿Sí valió la pena?”

¿Saben lo que yo he visto como sacerdote? Y perdóneme que sea tan duro, yo sé que estoy siendo cruel, pero es que toca hablar así. ¿Saben lo que yo he visto? Yo he visto a esas mujeres, las de los cheques de cincuenta mil dólares, tomar el cheque de cincuenta mil dólares y firmarlo por detrás para pagar la cuenta del psiquiatra, para pagar la cuenta del psicólogo, para pagar los medicamentos, para pagar la rehabilitación, para eso sí sirve el dinero, para que alguien trate de rehabilitar a esos hijos que no se pudo educar o que no se supo educar. Ese dinero se vuelve dinero de amargura.

Por eso, “¿qué está diciendo usted, padre?” Simplemente estoy tratando de hacer esta operación: encender luces, eso es lo que estoy queriendo hacer. Yo lo que quiero es que las jóvenes que están aquí, y las que van a oír esto a través de la Internet, y las que están oyendo esto a través de Radio Promesa de Dios, yo lo que quiero es que esas mujeres sepan lo que están haciendo.

Porque yo ya he visto a esas otras, como una amiga mía que cuando llegó a los treinta y cinco años de edad, ella siempre era representante de ventas, ¡oh, tú vieras la elegancia! Yo no sé nada de modas, porque esto que ustedes ven que tengo puesto, esto es mi última moda, la última que tengo, no tengo más modas. Pero esta mujer, que yo les podría decir el nombre, tú vieras cómo se vestía, yo de eso no sé, pero que elegancia, y qué perfume, y qué cabello, y qué movimiento de cuello, ¡qué elegancia de mujer!

Ella siempre muy bien puesta, no como esas otras que están dedicadas a cocinar, y que están dedicadas a verle la cara a los hijos, y que están dedicadas a acostar a los niños, ¡no! Está sí es elegante, es bonita, además, ya se hizo la lipo, además ya se aumentó en frontispicio, además ya levantó la retaguardia, todo lo cual le salió bastante caro, pero ella sabe cómo caminar. Y no olviden, por favor, el adecuado movimiento de cuello, “para que se vea cómo me quedó de bien la queratina”.

Cuando mi elegante amiga iba cumpliendo treinta y cinco años, -tú sabes que las empresas no le pueden bajar el sueldo a la gente, en general, por ley no pueden bajar el sueldo, al contrario, lo normal es que tengan que ir subiendo-, a ella la empresa ya tenía que pagarle demasiado dinero, entonces la empresa, una empresa multinacional, le dijo: “Nosotros estamos muy agradecido con tu trabajo, pero creemos que vamos a tener que prescindir de tus servicios”.

“Prescindir de tus servicios” es el lenguaje empresarial para decir: “You’re fired, “afuera, te quedaste sin nada”. Obviamente, la ley dice, por lo menos en mi país, la ley dice que toca pagarle una indemnización que es grande, es dura, por despedir a una persona sin justa causa. Pero ¿sabes las cuentas que hace la empresa? “Con el dinero que ya nos toca pagarle a esta de treinta y cinco, pagamos dos de veinticinco”.

Entonces salieron de mi amiga de treinta y cinco años, contrataron dos niñas que ya estaban listas, dos niñas de veinticinco, para que hicieran hartos contratos, para que vendieran muchos productos, y al cabo de seis meses ya habían recuperado el dinero que tuvieron que pagar como indemnización a mi amiga.

¿Tú entiendes lo que es la mente de una empresa? ¿Sí estás entendiendo? ¿Entonces qué le pasó a mi amiga de treinta y cinco? Que se quedó sin trabajo y con un fajo de billetes en su bolsillo, ¿y ahora dime qué empresa la va a contratar a esa edad por el nivel de preparación que ella tenía? Nadie, su alternativa es bajarse diez escalones y empezar a ganar un sueldo de miseria, o empezar a comerse sus ahorros, o las dos cosas.

La empresa ha obrado según la ley, la empresa no ha hecho nada indebido, la empresa ha pagado hasta el último centavo, incluso le hizo una fiestecita de despedida y lloraron: “Nunca te olvidaremos”, “eres tan importante para nosotros”, “marcaste un antes y un después en esta empresa, ¡pero termina de largarte!”

Entonces sale la muchacha, muy liberada y con mucha queratina, y sale con su fajo de billetes a empezar a comerse los ahorros y a preguntarse por qué a ella nadie la contrata. Un día se da una vuelta por la empresa a recoger un cheque que estaba pendiente y encuentra a las dos niñas que contrataron por el sueldo de ella: reinas de belleza, unas hermosuras de ejecutivas, listas para cumplir diez años en la empresa, hasta que les llegue la hora también a ellas, y para fuera.

Esto no me lo estoy inventando, esta es la realidad. po no te voy a decir si tienes que trabajar o no tienes que trabajar, yo no te voy a decir si tienes que criar o no tienes que criar a tus hijos, yo no te voy a decir si tienes que ser mamá o tienes que se esposa, simplemente te estoy contando realidades de la vida humana, realidades que en veinte años de sacerdocio, porque este año cumplo veinte años, téngase presente, por favor, en veinte años de sacerdocio he tenido mucha ocasión de ver qué sucede con las casadas, con las solteras, con las viudas, con las separadas, con las que le entregan todo su corazón a la empresa, porque “mi empresa, y mi empresa, y mi empresa, y mi empresa me botó”.

Y el día que la empresa te bota, contrata a dos que hacen lo que tú estabas haciendo, que le multiplican los ingresos a la empresa. ¿Ahora sí me entendiste lo que dijimos al principio? La mujer, en una cultura machista, en una cultura despótica, en una cultura que utiliza a la mujer como un juguete y que incluso llega al extremo de abusar de las niñas, la mujer ahí es un juguete precisamente.

Pero qué, ¿la vamos a sacar de ser juguete del mundo machista, para que ahora sea un juguete y un engranaje del mundo capitalista? Sólo hay uno que puede contarte lo que tú vales: Jesús.

Mira, yo no estoy, que esto quede muy claro, yo no estoy diciendo que era mejor el mundo machista, ese mundo que le negaba a la mujer la dignidad de ser humano, ese mundo que mira a la mujer únicamente para la cama y la cocina, ese mundo que se burla de la mujer al mismo tiempo que la mantiene ignorante, ese mundo que justifica el desprecio y la violencia doméstica contra la mujer, ese mundo que es cómplice de abusos y maltratos a la mujer, jamás, jamás, jamás podré estar de acuerdo con ese mundo!

¿Pero es que toca acaso saltar de ese mundo al otro mundo? De la mujer lipo, ¿ah? ¿No hay otra posibilidad? ¿Tiene que ser la esclava de la casa o la esclava de la empresa? ¿no habrá alguien que le diga a la mujer dónde está su verdadera libertad? Y yo respondo: Sí hay alguien y ese alguien es Jesucristo, ese es Jesús.

¿Qué es lo que Jesús le trae a la mujer? Jesús le trae a la mujer la certeza de un amor que limpia su corazón, que levanta su dignidad, que le da cimiento a sus valores, que protege su dignidad y su valor, eso es lo que da Cristo. Pero todo parte de un solo dato, de uno solo, y ese es el que hemos oído en el evangelio de hoy: “Yo no te condeno” San Juan 8,11, ese es el perdón.

Óyeme esto, mujer, cualquiera que haya sido tu historia, óyeme esto, mujer, cualquiera que haya sido tu historia, hay un derecho que nadie te puede quitar. Mujer, escúchame, por favor: hay un derecho que nadie te puede quitar, nadie, nadie te puede quitar. Quiero que esté tu corazón en mis palabras cuando te diga ese derecho, hay un derecho que nadie te puede quitar: es el derecho a ser perdonada, a ser redimida, a ser santificada en el amor de Dios, eso nadie te lo puede quitar.

Imagínate lo que significa para una mujer que ha tenido el peso asfixiante de ser perfecta: “Tengo que ser la perfecta ejecutiva, tengo que producir tantos contratos, tengo que producir tantos dólares, pero ademas tengo que cuidar a mis hijos, pero además mi esposo me tiene que ser fiel, y además tengo que tener buena salud, y además tengo que ser bonita, y además tengo que tener buena cara, y además, y además, y además, y además…” ¡Pum!, explotó, no quedó nada más, se acabó, porque tenía que ser demasiadas cosas.

Imagínate a esa mujer, que aunque trata de ser todo, se siente también frustrada y cansada, imagínate lo liberador que es para esa mujer decir: “tengo derecho de ser perdonada, tengo derecho”. Porque resulta que todo el mundo la mira juzgándola. El esposo: “¿Por qué no estás más bonita? No sé, te falta como sexapil, como picante, como no sé, re falta como algo”. En las empresa: “¿Por qué no produjiste más contratos, por qué no vendiste más? ¿qué pasó con esto? ¿Por qué no estás respondiendo?”

Llega a la casa, el hijo: “Mamá, ¿por qué nunca te encuentro? ¿Por qué no me respondes el celular? Yo tena que hacer esto, ¿por qué? ¿Por qué no, mamá? ¿Por qué?” ¡Son reproches y son juicios por todas partes!

Por eso, lo primero es que tú sepas que eres digna del amor de Dios, que Dios sí te ama, que Dios te ha aceptado, que no tienes que ser la Wonder Woman, no tienes que ser ni la mujer perfecta, ni la mujer maravilla, ni la que todo lo logra, que tienes límites y que esos límites los ha puesto el mismo Dios, y que por consiguiente, desde la base firme del amor de Dios hay que empezar a cambiar cosas en la vida.

Y no, no se va a ganar todo. Tómate ese descanso, date ese descanso, ¡disfrútalo! “No voy a ganar en todo, no voy a ser perfecta en todo, no voy a darle gusto a todos, no soy la señora perfecta, no soy, lo que sí quiero ser es perfecta hija de Dios y perfecta amiga de Jesús, ¡eso es lo que sí quiero ser!”

El Evangelio dice una cosa: “No se puede servir a dos señores” San Lucas 16,13, pero resulta que hay mujeres que sirven a ocho señores, porque tienen que servir al gerente, tienen que servir al esposo, tiene que servir al hijo, tienen que servir a la mamá, a la abuela, a la suegra, a la amiga, a la cuñada, tienen que servir a la vecina, tienen que servir a todos, y todos son señores y todos reclaman. No se puede servir a tanta gente.

Hoy te digo: escoge ser perfecta hija de Dios y escoge ser perfecta amiga de Jesús, y lo demás irá encontrando su propia proporción. Yo no voy a tomar las decisiones por ti, no; yo no te voy a decir a qué tienes qué renunciar y a que no, esa decisión la tienes que tomar tú, pero la tienes que tomar delante de Jesús y delante de la verdad de lo que tú eres, tienes que decidirlo ahí, con los ojos abiertos; tienes que hacer muy bien tus sumas. Haz bien tus cuentas, haz muy bien tus sumas, y delante de Jesús empieza a decidir qué es lo que vas a hacer.

Y desde esa decisión y desde esa certeza vas a empezar a tomar nuevos diálogos para ver cómo se va a organizar la cosa en tu hogar, en tu trabajo, con la amiga, con la vecina, porque esas también son fuentes de tensión, a veces las amigas también: “¿Y qué pasa que nunca tienes tiempo”. Entonces hay que decidir qué es lo que se va a hacer. Esas son cadenas que rompe Jesús.

O sea que es muy fácil resumir esta enseñanza. Te invito a que seas discípula de un solo Maestro y a que seas súbdita de un solo Señor, esa es la invitación.

Si tú pones a Jesucristo verdaderamente en el centro de tu vida, y delante de Cristo empiezas a mirar los demás aspectos de lo que eres, si eres profesional si eres mamá, si eres amiga, si eres hermana, si eres hija, si eres esposa, todo lo demás lo vas organizando entorno a Él.

Y tú empiezas a descubrir que eres libre, que no tienes que ser al mismo tiempo la Barbie, súpersensual, y a la vez la mamá que sabe todos los remedios, y a la vez la ejecutiva que logra todos los contratos, y a la vez la gerente que sabe manejar ochenta personas, y a la vez la hija agradecida que tiene tiempo para la mamá, y a la vez médica, enfermera, artista, profesora, amante.

Descubre que cuando Jesús está en el centro de tu vida no tienes que mendigar a todos que te digan que eres importante, y no tienes que mendigar a todos que te digan que eres perfecta. Descubre que cuando tienes a Cristo en tu vida, todo lo demás va encontrando su sitio, se va dando por añadidura.

Vamos a orar, hay que orar, la oración rompe cadenas. ¿Quién quiere en esta tarde que se rompan cadenas? Quiero ver manos arriba de las cadenas que queremos reventar. ¿Hay alguna aquí que se sienta presionada? ¿No les exigen por ahí que sean perfectas? Levante la mano la que siente que le están pidiendo por todas partes que sea perfecta.

¡Huyy, no sabía que fuera tan grave! Oiga, ¿sabe una cosa? Hacía tiempo que no veía sonrisas tan hermosas como las que ustedes tienen hoy, pero ¿sabe otra cosa? Esas sonrisas no son por mí ni son para mí, esas sonrisas son porque ustedes han entendido que Jesús da la libertad, que Jesús rompe cadenas. Amén.

“Alabado seas Señor Jesucristo. Hoy quiero ser para ti, quiero ser tu discípula amada, Señor; hoy quiero ser tu hija amada, no quiero ser juguete de las pasiones de nadie, ni juguete de los intereses de una sociedad que sólo mira el dinero. Hoy quiero ser tu hija, Señor, y hoy quiero ser tu amiga, Señor, tu amiga entrañable, tu amiga amada, eso es lo que yo quiero ser. Devuélveme la libertad, Señor, devuélveme la libertad profunda de reconocerme criatura tuya, lavada en tu Sangre, ungida por tu Espíritu”.

Dile al Señor que quieres sentirte amada, dile que quieres recibir s abraso, su beso de Papá, su beso de Amigo, su abrazo de Redentor. “Quiero recibir, Señor, ese abrazo, quiero recibir ese beso, quiero recibir esa certeza de tu amor, Señor”.

El Señor está rompiendo cadenas, está con poder, el Señor está rompiendo cadenas. Bendito seas, Señor. Te alabo, te bendigo, Señor. Bendito seas. Alábale, la alabanza rompe cadenas, alaba a tu Salvador, alábale con fuerza, alábale con amor, alábale con poder, alábale. ¡Gloria a ti, Señor! ¡Bendito seas! ¡Gloria a ti, Señor! ¡Bendito seas.!

Gracias, Jesús, eres grande. Gracias, Jesús, que nos abres los ojos. Gracias, Señor, gracias Jesús, bendito seas. Gracias, Señor. Es un momento de liberación. Hermana, amada en Cristo, siente cómo se revienta esa cadena; eres de Jesús, eres de Jesús, eres de Jesús, eres de Jesús, de Jesús, tú eres de Jesús, tú eres del Señor Jesús, tú tienes libertad en el nombre del Señor. ¡Bendito seas, Jesucristo! ¡Benito seas! ¡Gracias, Señor!

el Señor derramando el poder de su Espíritu, el Señor sanando y rompiendo cadenas, le Señor liberando. Veo rostros de alegría, veo rostros de libertad. La verdadera liberación femenina sólo existe en Cristo, la verdadera liberación femenina sólo existe en Cristo, la verdadera liberación femenina sólo existe en Cristo, en Cristo. ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!

¡Bendito seas, Señor! ¡Bendito y amado seas, Señor! ¡Gloria a ti, Señor! ¡Bendito seas!

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