Tres palabras para la mujer, 3 de 3, Busca el Reino de Dios

Tres palabras para la mujer, 3 de 3, Busca el Reino de Dios

Muy Queridas Amigas de Jesús:

¿Sí tiene Jesús amigas aquí? Amigas de Jesús, qué título tan hermoso, ¿no? Amigas de Jesús. Yo quiero empezar con dos apuntes, dos anotaciones. Primera, ustedes saben lo que significa evangelizar en este lugar de California, ustedes saben lo que significa estar en Pomona, que no es la ciudad más tranquila, que no es la ciudad más fácil, que no es la ciudad más amigable.

Ustedes y yo sabemos que esta ciudad es un lugar de confrontación, ustedes saben que estar aquí representa un acto de valor pero sobre todo un acto de fe. Y yo por eso quiero darle gracias a Dios, públicamente quiero agradecer al ministerio Juventud Renovada, porque ha sido perseverante en dar testimonio del amor de Dios allí donde parece que sólo el pecado y el vicio pueden prosperar.

Yo creo que esta es una señal para todos nosotros, es una señal de que uno no debe rendirse, es una señal de que uno no debe entregarse al poder de las tinieblas, uno no debe rendirse al poder de las tinieblas, porque si nosotros estamos actuando en le nombre de Jesús, Jesús hace valer sus derechos, Jesús ha sido grande.

Y yo quiero que ustedes tomen conciencia, queridas amigas de Jesús, tomen conciencia de que estas paredes, este techo, han escuchado predicaciones que han cambiado las vidas de personas como ustedes. Ha habido muchas personas que llegaron aquí y cuando salieron por esa puerta eran personas nuevas. Y es importante que sepas que eso también te puede suceder a ti. Y que si nosotros estamos reunidos en este fin de semana es para que eso suceda.

Este no es un entretenimiento, no es una manera de pasar el tiempo, como unas personas pueden decir: “Bueno, este fin de semana voy al parque”, o: “Este fin de semana voy a visitar a unos amigos”. Este fin de semana es “el fin de semana”, para que en esta ocasión y en este lugar tu vida tome un rumbo diferente, para eso estamos aquí. Por eso, nosotros debemos estar agradecidos con Dios y agradecidos con este ministerio que nos ha dado esta oportunidad.

La segunda anotación que quiero darles es esta: cuando uno va para un camino muy largo, realmente muy largo, ¿qué tiene que hacer uno? ¿Qué hace uno cuando va para un camino muy largo? ¿Qué necesita hacer? Tiene que prepararse, ¿cierto? ¿Y cómo nos preparamos para un camino largo, por ejemplo, qué se hace con el carro? Hay que echarle gasolina. Y si vamos para un viaje muy largo y no sabemos si va a haber dónde comer, ¿qué más hacemos? Pues llevamos algo de comida también, ¿cierto? Esa es otra cosa que hacemos, echamos unos sándwiches, o unas frutas, unos dulces, unas bebida.

Mira, cuando tú salgas de este lugar tú vas a emprender un camino muy largo. El camino de Jesús es un camino hermoso, pero hermoso no significa fácil, hermoso no significa que todo van a ser aplausos, ¿qué nos dijo Jesús? Nos dice en el capítulo trece del evangelio según San Lucas: “Hay que entrar por la puerta estrecha” San Lucas 13,24. .

Y por eso nosotros tenemos que saber que nos espera un camino arduo, ¿y ese camino por qué va a ser difícil? Porque tú viniste a este retiro, pero tu familia, tus amigos, tus vecinos, tu esposo, tus hijos tal vez no han hecho todavía el retiro, tal vez ellos no se han decidido por Jesucristo. Entonces tienes delante un camino largo, un camino que necesita perseverancia, que necesita oración, un camino que necesita que generosidad y que necesita que te alimentes bien.

Claro que cuando yo miro a este grupo de damas aquí sentadas, yo digo: “En general, están bien alimentaditas”. Físicamente nuestro cuerpo está bien alimentado, yo también creo que estoy bien alimentado; pero yo no estoy hablando, claro, de ese alimento, estoy hablando de cómo vas a mantenerte en esa alegría y cómo vas a conservar esa bendición que has recibido hoy.

Hoy es el día que más se ha orado aquí, ha sido un día de invocación al Espíritu Santo, ¿te acuerdas en la mañana? Fue casi una hora llamando al Espíritu Santo de Dios y así tiene que ser, porque es el Espíritu el que puede transformar nuestras vidas. Después se ha proclamado con fuerza y con alegría el señorío de Jesucristo, hemos alabado, hemos bendecido a Jesucristo, hemos proclamado que Él es nuestro Rey, y para decirle que Él es nuestro Rey, aquí ha habido cantos, saltos, danzas, aquí ha habido la santa, bendita alegría de los que reconocen al Señor.

Cuéntenme una cosa, por curiosidad, ¿quiénes de ustedes nunca habían saltado y danzado como el día de hoy? Levanten la mano. Mire, hay algunas personas, unas pocas. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que nosotros tomamos conciencia de que Jesús se merece todo mi gozo, toda mi alegría, toda mi entrega, todo mi ser.

Pero ahora viene ese camino largo y ese camino difícil necesita que tú te alimentes, que tú alimentes tu espíritu, ¿cómo? Con la oración, con la santa Palabra, con los sacramentos. Se necesita que tú te alimentes oyendo predicación.

Tú sabes que tienes en Internet esta Radio Promesa De Dios, tú sabes que hay horas de programación también en la radio que conocimos de toda la vida, tú sabes que hay una cantidad de material que está ahí afuera, predicaciones de sacerdotes y de misioneros de distintas partes del mundo, incluyendo, por supuesto, material de este servidor, ¿de qué sirve ese material si se queda en esa mesa? Ese es tu alimento, esas son tus provisiones.

Porque este encuentro, que pienso que ha sido de tanta, tanta bendición, qué pesar que mucha gente no lo aprovechó. Mira.aquí hay muchas sillas que se nos han quedado vacías, Dios sabe por qué, no nos preocupa eso, más bien nos alegra que tú sí viniste, tú sí lo aprovechaste.

¿Entonces qué hay que hacer? Hay que llevar alimento par el camino: hay que llevar videos, hay que llevar CD’s, ¿Por qué? Porque tú no vas a tener este encuentro todas las semanas, tú tienes que seguirte alimentando, entonces tienes que llevar la predicación de Raúl, la predicación de Gabby, la predicación de Monseñor Rómulo Emiliani, la predicación del Padre Salvador, la predicación del Padre Pablo, la predicación del Padre Silvio, la predicación…, tú conoces el equipo de predicadores que una y otra vez hemos venido a este lugar. No pierdas la oportunidad de alimentarte bien.

Esas son mis dos anotaciones. Primera, aprendamos a apreciar lo que significa evangelizar en lugares difíciles y a no rendirnos; segunda, hay que alimentarse para el camino. Y por eso te digo, ahora que vamos a tener ese descanso, tú vas a mirar el material que hay y vas a pensar no solamente en este fin de semana, porque este fin de semana has tenido cuatro, cinco, seis, conferencias, que probablemente te han gustado mucho y te han llegado al corazón, pero el otro fin de semana no las vas a tener.

Entonces tienes que llevar alimentos, porque eso es lo que nos está pasando a muchos católicos, en un momento de fervor sentimos que “Dios es maravilloso y Dios me ha dado todo y la fe es lo máximo”, pero si no nos seguimos alimentando, no podremos dar la batalla. Así que es muy importante que nosotros conservemos la bendición.

¿Quién ha sentido bendición transformante, liberadora en estos días, quién lo ha sentido? Quiero ver esas manos arriba, no la dejes perder, no dejes perder lo que has recibido. ¿Sabes cuál fue el precio que pagó Cristo para que tú recibieras esa bendición? Tú lo sabes y aquí nos lo están recordando con esta cruz: su Santa y preciosa Sangre, ese es el precio que pagó Jesús.

No dejes perder la bendición. Mantente en fidelidad, en oración; acércate a este ministerio o a otro lugar donde tú puedas realmente crecer en tu fe católica; mantente con perseverancia, con amor, con agradecimiento, aliméntate, escucha. San Pablo dice en el capítulo décimo de la Carta a los Romanos: “La fe viene de escuchar” Carta a los Romanos 10,17. Si tú dejas de escuchar, dejas de alimentarte.

¿Ustedes saben qué hacen los socialistas y los comunistas cuando llegan al poder? Lo primero que hacen es asegurar los medios de comunicación y empezar a predicar y a predicar y a predicar. Este hombre que sólo Dios tendrá que juzgar, que es llama Fidel Castro, ¿qué hizo en Cuba durante cerca de cincuenta años? ¿Sabes cómo se mantuvo Fidel Castro en el poder? Claro, necesitaba ejércitos, necesitaba muchas cosas, pero ¿sabes cuál fue una de sus principales estrategias? Una estrategia muy inteligente y muy efectiva: predicar.

En la plaza esa de la Habana, en la Plaza de la Revolución, o como la llamen ellos, allá, Fidel Castro, armado de un vaso de agua o de una jarra de agua, tres y cuatro horas de sermón, todas las semanas, y me da risa que a muchos católicos les da pereza una Misa si dura más de una hora, y Fidel Castro ha tenido ahí miles de personas cada ocho días, dos horas, tres horas, cuatro horas, una vez se demoró casi cinco horas hablando y hablando de de la revolución y el cambio, y la revolución y la revolución, y sus palabras repetidas y repetidas, han tenido un impacto en la mente de esas personas.

Y yo te hago una pregunta: ¿No será que Jesús tiene un mensaje más importante? ¿No será que es mucho más importante Jesucristo? ¿No será que el mensaje de Jesucristo es el que merece esa atención, el que merece esa devoción, el que merece esa constancia? ¡Eso es lo que merece Cristo! ¿Qué ha hecho Fidel Castro para mantener al pueblo en esa convicción y en esa unidad? Predicar y predicar y predicar.

Su predicación es un discurso político, a mí no me toca aquí entrar a discutir si sus ideas son buenas o malas, ese no es mi problema, lo que quiero decir es que lo que él ha hecho es predicar, porque la palabra tiene poder, porque la palabra es la que puede cambiar esa mente y puede cambiar ese corazón, y si esa palabra viene de parte del enemigo, como le sucedió a Eva con la serpiente, ¿cómo convenció la serpiente a Eva, cómo la convenció? hablándole, con la palabra.

Por este canal, que se llama el canal auditivo, se puede entrar el demonio a tu cerebro; depende a quién le das atención, depende a quién le das tu oído; si tú le das tu oído a Satanás, entonces el demonio se apodera de tu mente y te repite su mensaje hasta persuadir tu corazón y hasta llevarte al pecado.

Porque resulta que el pecado no se concibe en primer lugar en el vientre, el pecado se concibe en primer lugar en el oído. Y esa es la grandeza de la Virgen María, que teniendo cerrado el oído a las sugerencias del demonio, supo tener abierto su oído y su corazón a la voz de Dios que le declaraba su amor por boca del santo Arcángel Gabriel.

¿Cómo se santificó el corazón de María? Por el oído. ¿Cómo se santificó la mente de la Virgen María? Por el oído. ¿Cómo llegaron a santificarse las entrañas de María? Por el oído. Porque ¿cómo se llama el Hijo de Dios? Palabra, el Hijo de Dios es la Palabra de Dios, y la palabra se recibe en primer lugar por el oído.

Mujer, cuida tus oídos, si escuchas el Evangelio, si entra Cristo con su mensaje de Evangelio, si entra Cristo con la gracia y la virtud y la fuerza de su Evangelio, y si Cristo vive en tu corazón, entonces Cristo te va a enseñar el camino, pero es un camino estrecho, y de eso tenemos que hablar.

Yo no quiero, sin embargo, decir una palabra más sin que antes, así sentados como ustedes se encuentran, le demos un saludo de amor a la que supo santificarse por el oído, para que tú sepas por qué es importante oír la radio, la radio católica, para que tú sepas por qué es importante tener material en tu casa.

Porque esa música que tú estás oyendo se te está metiendo en el alma, y si esa música es música de tinieblas, las tinieblas se meten en tu alma; si esa música es música de alabanza y es música de Dios y es predicación que te levanta con fuerza en el Evangelio, entonces cuando lleguen los susurros del enemigo no podrán nada contra ti porque ya tú estás habitada por la luz. Hay que ser habitados por la luz.

Mar, cuando se enciende una luz, sobre todo si es una luz poderosa en un recinto, las tinieblas no tienen manera de entrar; si estás siendo habitada por la luz, si la luz de Dios te habita porque tú has abierto tu oído a la Palabra, las tinieblas no tiene manera de entrar.

Y las tinieblas son las tinieblas de la hechicería, las tinieblas de la brujería, son las tinieblas del pecado, las tinieblas de la mentira, las tinieblas del chisme,la tiniebla de la lujuria, la tiniebla de la envidia, esas tinieblas no pueden nada contra ti, porque cuando llegan ya la habitación está iluminada, porque Cristo reina en ti.

Así que vamos a aprender todos, todos vamos a aprender de la Santa Virgen, todos vamos a aprender. ayudamos con las palabras que nos enseñó el Ángel: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Jesús no es un vendedor de ilusiones, Jesús no es un predicador de fantasías, Jesús es el hombre más realista, verdadero y fiable que tú te puedas encontrar, ese es Jesús. Y Jesús lo que dijo a sus discípulos no es que iban a llevar una vida de fantasía, eso no fue lo que les dijo, no les dijo que iban a llevar una vida fantástica, ni que iban a llevar una vida llena de placeres y de aplausos y de reconocimiento, Jesús lo que anunció fue cruz y anunció el camino estrecho.

Y nosotros tenemos que resolver estas dos preguntas. La primera pregunta es: ¿Se puede ser feliz de esa manera? Porque cuando Jesús habla de cruz, yo sé lo que muchas están pensando, muchas están diciendo: “Ah, ya entiendo, entonces ese esposo borracho, esa es mi cruz; esos hijos delincuentes, esa es mi cruz, y ya me toca resignarme así”, y ese no es el sentido de mis palabras, cuidado con desfigurar el mensaje de la cruz de esa manera. Primer punto.

Tenemos que resolver, hasta donde es posible en las presentes circunstancias, esa pregunta, y la pregunta es: “¿qué clase de felicidad es esa felicidad crucificada?

El segundo punto que tenemos que resolver es: ¿Cuáles son esas tentaciones, cuáles son esos engaños, cuáles son esas idolatrías que seguramente asechan más a la mujer? Y en particular, con todo el mor y respeto, para la mujer soltera por vocación o por cualquier otra circunstancia, vamos a referirnos especialmente a la mujer casada, o a la mujer que desea casarse, o a la mujer que incluso tiene dificultades dentro de su matrimonio.

Entonces vamos con esas dos preguntas, y la primera de ellas es: ¿qué clase de felicidad puede encontrarse en este misterio de la cruz? Al respecto hay que hacer las siguientes aclaraciones, mis hermanos: primera, la cruz no es el nombre que le ponemos a cualquier sufrimiento, la cruz no es un sinónimo de sufrimiento, como quien dice: “Si tengo un sufrimiento, esa es mi cruz”, no, así no es.

Es verdad que la cruz implica sufrimiento, pero no es cualquier sufrimiento, sino es el sufrimiento que es fruto de dos palabras, y esa dos palabras son amor y obediencia, y ese amor y obediencia son: amor a Dios y obediencia a Dios. Es decir, si amando a Dios y obedeciendo a Dios, el sufrimiento visita tu vida, ese sufrimiento sí lo puede llamar cruz. El sufrimiento que llega a tu vida como consecuencia, como parate de un camino de amor y obediencia, a eso sí lo puedes llamar cruz.

Entonces, si una persona ha bebido demasiado, está perfectamente borracha, se pone a manejar su vehículo, se estrella en la carretera, se rompe la cara, dura tres semanas tratando de recuperarse en medio de horribles dolores, ese dolor en principio no hay que llamarlo cruz, ese dolor es la paga por la estupidez de manejar borracho, eso no es más, eso no lo llames tú cruz.

A veces sucede, en el caso de la mujer, que por tratar de huir de un sufrimiento, se mete en otro sufrimiento peor. Por ejemplo, hay mujeres que lamentablemente han crecido en hogares con mucha violencia, con violencia física, con humillación, y en medio de ese ambiente es fácil para una jovencita pensar que el matrimonio es una escapatoria. Entonces corren a buscar un matrimonio, pero como un escape para un sufrimiento. Y lamentablemente lo que suele suceder es que ese sufrimiento, con ese esposo que se consiguieron, es peor que el sufrimiento que tenían en su casa.

Tú no tienes que llamar cruz a ese sufrimiento que te ganaste por huir de otro sufrimiento; no llames a eso tu cruz. Ese esposo irresponsable, ese esposo mujeriego, o alcohólico, o abusador, o agresivo que te conseguiste porque estabas huyendo de un problema, ese esposo no lo llames tu cruz, ese no es el sentido de la cruz.

En cambio, si tú estás luchando por dar testimonio de la Palabra de Dios, si tú estás luchando por ser fiel al Señor, y si eso te trae sufrimiento, si pasas por el ridículo, y si hay gente que te aísla y se burla de ti, y si hay amigas que te dejan de hablar porque dicen: “Ya tú te volviste fanática, ya todo quiere con Dios, ya me da pereza hablar contigo, ya no quiero invitarte a ninguna parte”, y tú te sientes mal y te duele, porque tú no quisieras eso, entonces eso sí lo puedes llamar cruz.

Pero es un sufrimiento que nace ¿de qué? Que nace del amor, que nace de que tú amas Cristo y tú no quieres negar a Cristo; si tú mamas al Señor y no quieres negarlo, si tú amas al Señor y por no negar al Señor tienes que sufrir, es sí es cruz.

Dios nos ha mostrado muy claramente su voluntad en lo que tiene que ver con el respeto a la vida. Si una mujer ha llegado a un punto en su vida, un punto en el cual se encuentra ante el dilema de si abortar o no abortar, y esa persona, mirando a Dios y pensando en la voluntad de Dios y asumiendo todas las consecuencias de su vida, dice: “Yo no voy a asesinar a esta criatura”, tendrá que pasar por muchos sufrimientos; pero esos sufrimientos, si los sufre, si los padece porque mira esa voluntad de Dios, a eso se puede llamar cruz, eso.

Entonces lo primero que tenemos que aprender es esto, lo primero que tenemos que aprender es: llamamos cruz, no a cualquier sufrimiento, sino al sufrimiento que viene como consecuencia del amor y la obediencia a Dios. Eso significa que las únicas personas que realmente saben cuál es la cruz son las personas que se han puesto en el camino del amor y de la obediencia.

Si tú entras por ese camio, si tú hoy, por ejemplo, le dices al Señor: “Quier amarte con todo mi ser, quiero amarte con todo lo que soy y con todo lo que tengo”, y tú le dices: “Pase lo que pase, llégueme al agua a donde me llegue, quiero ser fiel a ti y quiero obedecerte. Y eso puede implicar muchas cosas, pero tú vas a ser el primero en mi vida y tú vas a estar en primer lugar en mi vida”. Si tú tomas esa resolución de obediencia y luego, por esa resolución de obediencia algún sufrimiento llega a tu vida, a eso sí que lo puede llamar cruz.

El que no se ha resuelto a amar a Dios, el que no se ha resuelto aponer a Dios en primer lugar, conoce el sufrimiento pero no conoce la cruz. Óyeme esa frase: el que no se ha resuelto a amar a Dios, conoce el sufrimiento pero no conoce la cruz; conoce el dolor pero no conoce la redención; conoce las privaciones pero no conoce la fecundidad y la abundancia que viene de quien lo pierde todo por amor a Cristo y por amor al Evangelio.

Por eso, mis hermanas, mis queridas amigas de Jesús, la primera conclusión a la que tenemos que llegar es: si este es el día, si este es el bendito día en que tú vas a poner a Dios como amor primero de tu existencia, si este es el bendito día en que por fin Cristo va a tomar su trono en tu corazón, si este es el bendito día en que el amor a Dios por fin va a recibir la importancia que merece, este es también el bendito día en que esa puerta del Evangelio se abre para ti y en que la fecundidad de Dios llega a tu historia.

Bueno, esa era la primera pregunta, la primera pregunta era esa: ¿Se puede ser feliz en medio dela cruz y el sufrimiento? Y ahora entendemos por qué qué sí, ¿por qué sí? Claro, si la cruz es el sufrimiento que llega después de la decisión de amor y obediencia, ¿entonces qué quiere decir eso? Que es Cristo el que está viviendo conmigo ese momento. Tú no estás sufriendo sola.

Óiganme esto, yo sé que puede haber algo de cansancio, yo sé que hay algunas distracciones en este momento, las estamos oyendo todos, pero quiero toda tu atención en esto, mira: el que sufre sin Dios sufre solo, y el que sufre sin Dios sufre estérilmente, y el que sufre sin Dios sufre en tinieblas; el que sufre por amor a Dios, el que sufre por obedecer a Dios no sufre solo, sino que experimenta la presencia de Cristo que sufre con él y, por consiguiente, no sufre en tinieblas.

Lo dulce de sufrir con Cristo no está en la parte de sufrir sino en la parte de Cristo, es el cristo que está en ti. Nosotros, cristianos católicos, nosotros no somos adoradores del sufrimiento, no es que nos guste sufrir, lo que nos gusta es que Cristo está con nosotros cuando sufrimos, eso es lo que nos gusta. Y por eso, los mártires, cuando experimentaban la cruz podían permanecer en paz, y podían permanecer en alegría, incluso podían permanecer de buen humor.

Y uno dice: Pero ¿cómo podían permanecer algunos de ellos, cómo podían permanecer de bue humor? si me están torturando, se me están destruyendo, si ya me voy a morir, ¿cómo me puedo mantener de buen humor? Les voy a contra el bue humor de los mártires. En la antigüedad hobo un hombre llamado Lorenzo, él era diácono, el diácono es la persona de confianza para el obispo.

Con mucha frecuencia en la antigüedad los obispos eran escogidos de entre los díáconos, luego las cosas han cambiado en la Iglesia y usualmente el diaconado es un paso anterior a ordenarse de sacerdote, y luego entre los sacerdotes se eligen los obispos.

Lorenzo era diácono, pero con una característica: el obispo del cual él era diácono era el Obispo de Roma, es decir,lo que llamamos el Papa. Ese era San Lorenzo, tenía un cargo de inmensa responsabilidad. Y Lorenzo tenía, entre otros encargos de su Obispo, repartir ayudas y limosnas a los pobres. Siendo Roma una ciudad de gran proporción, incluso en aquella época, el dinero que pasaba por las manos de Lorenzo era bastante. Las autoridades paganas, las autoridades civiles le tenían muchas ganas a ese dinero, y por eso perseguían a Lorenzo.

Hay mucho que decir de este diácono valeroso y santo, pero sólo quiero recordar cómo fue finalmente torturado y muerto. Le tenían tanto odio que decidieron quemarlo vivo, y la manera de quemarlo vivo tenía que ser especialmente dolorosa y humillante. Como su fuera un a asado, pusieron una parrilla y lo iban a quemar encima de esa parrilla.

Y así lo hicieron, y así murió Lorenzo, ¿pero saben una cosa? Y esto es sorprendente, cuando ya lo habían quemado, -imagínate el dolor que eso produce-, cuando ya lo habían quemado por un lado él le dijo al verdugo: “Ya estoy bien asado de este lado, ahora dame la vuelta”. ¿Cómo puede una persona tener ese sentido del humor como si se tratara de un chiste que le sucede a otro, siendo que era su carne la que estaba siendo destrozada por el fuego ¿Sabe por qué? Porque Lorenzo no estaba sufriendo solo.

No es que nosotros adoremos al sufrimiento, nosotros adoramos al Cristo que comparte nuestro sufrimiento, eso es lo que nosotros adoramos, y es ese Cristo el que nos da la fortaleza, es ese Cristo que permanece con nosotros. Ese es el tipo de vigor que Dios da a sus mártires, y por eso los mártires tiene esa clase de fuerza.

Les voy a contar la historia de otro mártir, este se llamaba Tomás, Tomás Moro. Santo Tomás Moro vivió en la época de un rey llamado Enrique VIII, el cual es conocido porque, debido a los manejos políticos y también las irresponsabilidades afectivas y sexuales de Enrique VIII, tuvo su origen lo que llamamos el Anglicanismo, una rama de los protestantes, los anglicanos.

En Estados Unidos los anglicanos no se llaman así, se llaman episcopalianos. Los episcopalianos que ustedes puedan conocer son derivados de esta historia del tiempo de Enrique VIII.

Enrique VII decidió en un cierto omento que él se tenía que separar y tenía que separar a Inglaterra de la jurisdicción de Roma, él quería separarse del Papa. Pero uno de sus ministros llamado Tomás, Tomás Moro, era un católico convencido y era un católico que sabía que las razones por las que Enrique VIII quería separarse de Roma eran razones inválidas, eran pura astucia y puro engaño, no era válido lo que él argumentaba para separarse de Roma.

Tomás Moro fue entonces condenado a ser decapitado, tenía que se eliminado porque era un estorbo. El día que lo iban a decapitar hacía muchísimo frío y muchísimo viento allá en Inglaterra, y cuando lo llevaban para decapitarlo, Tomás Moro llevaba una bufanda, y alguien le dijo: “Oye, ¿no te parece absurdo que te van a matar en unos pocos minutos, te van a cortar la cabeza y tú todavía con una bufanda?” Y entonces él dice: “De la muerte mía será responsable el rey, pero yo no me voy a ganar una gripa”.

Fíjate cómo él, en esas circunstancias, todavía conservaba el buen humor, ¿sería que no se daba cuenta de lo que le estaban haciendo? Por supuesto que sí lo sabía, pero ¿por qué en medio de las dificultades conservaba esa paz? esa paz se la daba Cristo que vivía y que vive en todos los que le aceptan. El que vive con Cristo experimenta la presencia de Cristo cuando más se necesita a Cristo. Te voy a repetir esa frase: el que vive con Cristo experimenta la presencia de Cristo cuando más se necesita a Cristo.

Mira, ¿cuándo conocemos mejor a nuestros amigos, en los momentos fáciles o en los momentos difíciles? En los momentos difíciles. Y ¿cuál es el mejor amigo que tienen las amigas de Jesús? Jesús, ese es el mejor amigo. Y si los amigos se conocen ellos momentos de dificultad, quiere decir que si tú eres amiga de Jesucristo, ¿en la dificultad quién va a estar ahí en primer lugar ayudándote a llevar la carga? Jesús, eso es.

Y esto es lo que explica por qué en las horas de sufrimiento hay alegría, y eso no lo entiende el mundo, el mundo no logra entender eso, cómo es que en los momentos e mayor sufrimiento hay gente que tiene la mayor alegría, y la respuesta es sencilla: para el que tiene lejos a Dios los momentos de sufrimiento son momentos de desesperación y de derrota, pero si yo estoy experimentando la cruz quiere decir que yo he entrado en un camino y ese camino es el del amor y de la obediencia, porque yo he puesto en primer lugar a Cristo en mi vida.

Y si yo he puesto a Cristo en primer lugar en mi vida, entonces el sufrimiento que me llega es el sufrimiento que está unido al sufrimiento de Jesucristo; y ese Amigo que es verdadero Amigo, ese Amigo que es el único que tal vez se merece el título de Amigo, ese Amigo que se llama Jesús es ahí donde se hace presente. Y entonces resulta que mi Jesús, mi hermoso Jesucristo, es el que está llevando esa carga y entonces ¿por qué la alegría? No es porque a mí me alegre el sufrimiento, a mí me alegra el Cristo que lleva mi sufrimiento.

Entiéndelo bien, yo no soy masoquista, ni es que me guste sufrir, no, pero a mí me alegra el Cristo que lleva mi sufrimiento, el Cristo que se glorifica en medio de las pruebas. Porque entonces, ¿en qué se convierte el cristiano? ¿Sabes en qué se convierte? Se convierte en un testigo del poder de Dios.

Mira, en la medida en que tú vas viviendo cada hora, cada circunstancia, cada momento de tu vida, lo vas viviendo con Jesús, entonces tú vas a experimentar lo que incluso le ha sucedido a este pecador que te está hablando. A pesar de mis muchas miserias e incoherencias, ¿sabes qué me ha pasado a mí? Que hay circunstancias en que yo siento como que Cristo me dijera: “Hazte a un lado, yo voy a tomar el timón; tú, limítate a respirar, y mira lo que va a suceder”, ¡y el Señor hace sus prodigios! ¡El Señor hace sus maravillas!

Acuérdate, ¿cuál es la imagen más hermosa de liberación que tiene el Antiguo Testamento? La salida de Egipto. Y fíjate esto tan bello, que yo quiero que esta escena enamore tu corazón, mira esto tan bello que Dios le dice a su pueblo por boca de Moisés, mira lo que les dice. Cuando ellos estaban en la orilla del Mar Rojo, aquí quedaba el Mar Rojo y atrás venían los egipcios, y ellos se sentían como se dice, “entre la espada y la pared”, pero aquí era,”entre los egipcios y el Mar Rojo.

Y en esas circunstancias y en esa angustia, mira lo que Dios le dice a su pueblo, les dice: “Miren a los egipcios, mírenlos, y mírenlos por última vez, porque esos enemigos no los volverán a ver” Exodo 14,4. Y Mira esto: ¿y ganaron los israelitas porque ellos eran más fuertes? No. ¿Eran más inteligentes? No. ¿Eran más numerosos? No. ¿Estaban mejor armados? No. ¿Qué fue lo que les dijo Dios? “Limítense a respirar, limítense a ver, contemplen mis maravillas, abran los ojos a las obras que voy a realizar delante de ustedes”.

Y los hebreos abrieron sus ojos y vieron a los israelitas, pero seguían sintiendo un poquito de miedo. Y entonces durante toda la noche Dios hizo soplar un viento, imagen del Espíritu Santo, y el viento barrió las aguas; y como los israelitas iban a pie, y como el viento había despejado ese camino, ellos cruzaron sin mayor inconveniente y llegaron al otro lado. Mientras tanto los egipcios se creían fuertes porque llevaban pesados carruajes y bien armados caballos y cargaban lanzas.

Y entonces se metieron en el lecho del mar a perseguir a los israelitas, y lo que parecía su fortaleza se convirtió en su desastre, porque ellos, a medida que entraban en el mar, con sus carruajes tan pesados, se iban atascando; y cuanto más fuertes se creían los enemigos de Israel, más se atascaban; y cuanto más se entraban, codiciosos, a perseguir a sus antiguos esclavos, más y más se atascaban.

Y eso es lo mismo que le sucede a todo el que pone su confianza en el Señor: tú verás la derrota de tus enemigos y tú verás cómo, lo que parece ser fortaleza de ellos, se vuelve en su contra. Por algo, ese gran santo de la Iglesia Católica, San Benito, en su oración de exorcismo nos enseñó a decirle a Satanás: “Tu veneno te lo vas a beber tú mismo, Satanás”.

¡Lo que le pasó a los egipcios! Los egipcios se creían fuertes porque tenían sus grandes carruajes, que eran carruajes para la guerra, sus grandes carruajes de guerra fueron su desastre. Y los israelitas vieron con sus ojos, no tuvieron que hacer nada, no tuvieron que lanzar una sola flecha, no tuvieron que lanzar un solo dardo. Sus lanzas, que no tuvieron que usarlas, ¿por qué? Porque Dios les dijo: “Ustedes limítense a respirar”.

Así es Dios así es Dios si tú lo timas en serio, así es dios si tú le entregas el timón, así es Dios si tú le das el trono que le corresponde, así es Dios si tú eres verdadera amiga de Jesús, así es Dios. Pero tienes que darle ese trono, tienes que darle el timón, tienes que decirle: “De acuerdo, aprendí la lección, yo me quito, tú te sientas, tú diriges, yo obedezco”. Y en ese momento, los que parecían enemigos imposibles caen a tus pies y tú experimentas victoria.

No tengas miedo, no tengas miedo. Jesús repite varias veces en el Evangelio: “No tengan miedo, no tengan miedo”, y varias veces dice, además de esa recomendación: “Simplemente ten fe”. Y ¿por qué? Porque tener fe es hacer esa operación: “Sigue, Jesús, el trono es para ti, este lugar es para ti”.

Ahora entendemos por qué, a través de la puerta estrecha y a través del camino de la cruz se encuentra la verdadera alegría, ahora lo entendemos, porque vemos que la cruz es lo que le sucede a uno cuando cuando uno se resuelve a amar y a obedecer, pero que no hay que tenerle miedo a esa cruz, porque en esa cruz y en esa prueba uno le da el paso a Jesús y Jesús toma su lugar y Jesús, glorioso, bendito, guerrero, extiende su brazo, da la victoria.

Y tú lo único que tienes que hacer es lo que hicieron los israelitas en Jericó: alabar al Señor, “vamos a bendecir al Señor”, y bendecimos, y alabamos, y glorificamos al Señor, y las murallas caen porque tenemos de nuestro lado al Señor de los ejércitos.

Ahora mira esto. Esa parte me parece que ha gustado. ¿Ah, qué bonito es cuando le dicen a uno: “El Señor te va a dar la victoria, el Señor va a pelear a tu nombre, a tu lado; el Señor es tu aliado, el Señor es tu amigo”! Uuuy uno inmediatamente saca pecho y uno dice: “Sí, sí, me gusta, me gusta ese mensaje”.

Pero no se te puede olvidar una cosa: que hay una condición, y esa condición ¿cuál es? La condición es: nada de ídolos, el trono de Jesús es de Jesús. “ay, pero mi hijo, es que mis hijo es tan especial, es que mi hija, es que mi esposo, es que mi mamá, es que…”Mira, Jesús lo dijo tan claramente que no dejó resquicio alguno para la duda, ¿qué dijo Jesús con tanta claridad? Dijo: “El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digo de mí”San Mateo 10,37.

“El que ame a su esposo o a su esposa más que a mí, no es digno de mí”. “El que ame a su hojo a su hijo, a su amigo, a su amiga….” Y hay muchas idolatrías.

Entonces vamos a terminar esta parte de la enseñanza hablando de las principales idolatrías que asechan el corazón, porque en esas idolatrías está la trampa, esas son las idolatrías que pueden arrebatarte la bendición. ¿Cómo empiezan las idolatrías? Las idolatrías empiezan como pequeños deseos que coquetean con tu corazón, que juegan delante de tus ojos, que atraen tu imaginación y que levantan poco a poco un anhelo.

Por ejemplo, a la edad que tiene una jovencita, a esa edad es muy fácil que la imaginación se despierte. Resulta que a esa edad tan tierna, tan hermosa, muy fácilmente pueden surgir ciertos sueños en el corazón. Por ejemplo, es muy fácil tener once años y tener un rostro hermoso y empezar a pensar: “¿Dónde estará mi príncipe?” Claro, ahí empiezan y es muy fácil pasar por la idea, a los doce años, a los trece, a los catorce, se empieza a idealizar ese ser dotado de muchas cualidades.

Ese ser dotado de muchas cualidades se empieza a idealizar: “Va a ser inteligente, va a ser fuerte, va a quererme solamente a mí, va a ser un líder, va a ser importante, apuesto, generoso, con una voz profunda”. Es muy fácil crear ese sueño, y ese sueño parece inocente, pero entonces hay que preguntarle a las niñas que tienen, por ejemplo once años, hay que preguntarles: “-Y en ese sueño que tú tienes ¿dónde entra Dios?” “-Ah, pues yo creo que Dios me va a conceder eso porque yo creo que Dios va a querer lo que yo quiera y yo creo que Dios va a estar al servicio mío”.

¡Qué peligro! “-¿y si Dios quiere otra cosa para ti tú seguirías amando a Dios?” Esa es la pregunta que hay que hacerle no solamente a las niñas hermosas, esa es la pregunta que hay que hacerle a todos los niños y adolescentes. No es que Dios tiene que servir a tu proyecto de felicidad, sino que tu felicidad va a estar en el proyecto de Dios, que son dos cosas distintas.

Desde niños nos acostumbramos a aferrarnos a sueños sin preguntarle a Dios: “Que yo tengo que casarme, que yo tengo que…”, ¿y por qué tengo que casarme? ¿Y si no me voy a casar? “-Yo tengo que casarme,tengo que casarme”. “-Pues no, tú no te vas a casar porque resulta que te quedan cuatro meses de vida”. “-¡Ay, no, pero qué crueldad!” “-¿Por qué lo llamas crueldad? ¡Dentro de cuatro meses vas a ver a Jesús cara a cara! ¿Por qué lo llamas crueldad?” Cristo tiene sus ideas.

¿Qué es lo que yo quiero decir con este ejemplo tan rebuscado? ¿Sabe lo que quiero decir? Que desde niños nos acostumbramos a una cosa que me parece horrorosa: no le preguntamos a Dios su opinión, ese es un error gravísimo. Entonces decimos: “Yo voy a ser doctor”, “yo voy a ser abogado”, incluso, “yo voy a ser sacerdote”, o “yo me voy a casar”, o “yo voy a tener tres hijos, de los cuales uno será médico, el otro será abogado, el otro será…”

Y uno de una vez vamos organizando la vida, y de una vez vamos imaginando, y de una vez vamos construyendo nuestros planes, y de una vez vamos poniendo nuestra felicidad en nuestros planes, y no sabemos si van a ser los planes de Dios, y no le preguntamos la opinión a Dios. Y el corazón que obra de esa manera, el corazón que no le pregunta a Dios, es el corazón que ya está listo para rebelarse contra Dios.

Los que están tomando apuntes no olviden esta frase: las personas que forman sus sueños sin preguntarle a Dios, ya están preparados para rebelarse contra Dios. Y por eso, lo que mucha gente no sabe, y lo que muchos niños no saben, y lo que muchos papás y muchas mamás no saben ni se imaginan, es que al lado de un ser hermoso como es un niño, está el demonio, -pero ustedes no se van aa asustar, cuando uno dice “el demonio” no es para que ustedes se asusten, sino es para que sepamos que la vida humana siempre es combate, no es para nada más-.

Mire, cerca está el demonio oyendo, y el demonio dice: “Ah, esta es la que quiere un matrimonio, esta es la que quiere… ah, ya sé, esta es al que quiere eso”. ¿Para qué va a utilizar el demonio luego esa información? Para que cuando no salga, si no sale eso, empezar a repetirte: “¿Viste cómo Dios se rebela contra ti? Rebélate tú contra Él. ¿Ves que Dios no hace nada para que tú seas feliz? ¿Entonces por qué vas a obedecer a ese Dios? ¿Ves que a Dios no le importa lo que tú eres? ¿Entonces por qué te tiene que importar lo que Dios diga?”

Y así en la niñez se prepara la rebeldía de la juventud. Este es un secreto que mucha gente no sabe. Por eso, queridos papás y queridas mamás, a una edad muy pequeña, los papás y las mamás tiene que acostumbrar a los niños y a las niñas, porque esto no vale únicamente para las mujeres, por supuesto, hay que acostumbrar a las niñas y a los niños a ese tipo de diálogo.

“-Hija, ¿tú qué quieres ser cuando seas más grande?” “-Yo quiero ser gerente, quiero- ser manager, quiero ser…” Háganle esas preguntas a sus niños, desde que ellos empiecen a entender, desde que empiecen a tener uso de razón: “Oye, hija, ¿le has preguntado a Dios tus sueños? ¿Has orado?” “-No, no he orado”.”-Muy mal. Tú estás muy equivocada. Hay que orar, tienes que orar por tu intención”.

“Pero si es solo una niña”, por eso, es que lo primero que quiere el demonio es atacar a los niños y a las niñas para robarles la inocencia y para preparar una juventud de rebeldía contra Dios.

Pero resulta que a nosotros no nos dijeron eso de niños, a muchos de nosotros, nuestros papaś, a pesas que fueron buenos papás en general, no nos dijeron eso. Entonces uno tiene que prepararse.

¿Cuál es la receta para evitar las idolatrías? La receta es añadir a toda frase y a todo pensamiento: “si es voluntad de Dios”, “si así le gusta a Dios”, “como le guste a Dios”, “primero la voluntad de Dios”, “Dios primero”, eso hay que repetirlo una y otra y otra vez.

Y enseñen ustedes a sus hijos enséñenles eso. “-Ay, mamá, yo quiero casarme y quiero que mi esposo sea… y quiero que no sé que, y quiero…” Usted le responde a su hija: “-Todo eso está muy bien pero preguntémosle primero a Dios”.

Traten de no ser muy crueles con los hijos, los ejemplos que yo doy aquí son muy crueles, ¿no? Pero es para mantener la atención, pero ustedes no tienen que ser tan crueles, no tienen que decirle: “¡Ay, hija, sin saber si usted se muera!” No, no tienen que ser así tan duros, pero sí hay que decirle a los hijos: “Hay que orar por eso, hay que poner eso en el querer de Dios”.

Óyeme esto tan bello, y con esto vamos terminando, si nosotros ponemos nuestros sueños en las manos de Dios, Dios no los destruye: los bendice y los mejora, porque Dios no es un déspota, no es un tirano sin alma, Dios es un Papá amoroso, pero hay que poner los sueños en las manos de Él, para que Él los multiplique como multiplicó los panes de ese niño, ¿te acuerdas que el de la multiplicación de los panes era un niño? Era un niño que tenía apenas cinco panes.

Y los cinco panes de él representan los sueños de tus hijos y de tus hijas, y esos panes tienen que estar en las manos de Jesús, para que Jesús los bendiga, para que Jesús los levante y para que Jesús los multiplique y para que tus hijos sean realmente bendecidos, ¿quieres eso? Eso es lo que se quiere.

Por eso, nos vamos a guardar de idolatrías, el Señor tiene que tomar su puesto en nuestras vidas; el camino será estrecho, habrá cruz, pero ¿sabes una cosa? Si a nosotros, los que reconocemos a Cristo como el Señor de nuestras vidas, nos llega la cruz, nunca nos llega vacía: nos llega con el Crucificado y Él, que ha vencido a Satanás y ha vencido a la muerte y al pecado, va a estar de nuestro lado dándonos la victoria. Por eso no tenemos miedo, por eso proclamamos la grandeza del Señor.

De pie, por favor, vamos a encomendar este momento a Dios. Vamos a pedir al Señor que Él tome su lugar en nuestras vidas. Las personas más jóvenes, todos tenemos que hacerlo pero especialmente los más jóvenes: no olviden poner sus sueños, lo más hermoso de sus deseos, y hay gente que dice: “Pero si yo lo único que le pido a la vida es esto o esto otro”; no piense ni que es pequeño ni que es grande, puede ser tan grande porque es un estorbo en el plan de Dios, y puede ser pequeño porque Dio quiere darte mucho más, muchísimo más.

Por eso, no le pongas condiciones a Dios, simplemente dile: “Aquí están mis preguntas, aquí están mis anhelo, aquí están mis esperanzas y aquí está, Señor, mi confianza en ti. Y aquí estoy, Señor, para darte la gloria; aquí estoy, Señor, para cederte ese trono que te pertenece desde el principio de mi existencia”.

Cierra un momento tus ojos y vas a imaginarte que tu corazón es esa sala hermosa y adornada a donde Jesús, el verdadero Rey y Salvador, tiene derecho a entrar. Cierra un momento tus ojos, recoge tu atención y tu corazón y mira cómo entra, ataviado con todas las prendas de su verdadera realeza, este Cristo, que va coronado de gloria, que lleva el cetro de la victoria, que tiene esa mirada luminosa, que tiene esa palabra sabia, irrefutable y vencedora.

Mira ese Corazón que palpita de amor, que ilumina con su santidad el orbe entero; mira a Jesús que esta entrando el el recinto santo de tu corazón; mira a Jesús y mira el trono que tú le estás dando a Jesús en este momento; mira que es el centro mismo de tu alma, donde están tus sueños más bellos, incluyendo “que “quiero un esposo”, “que quier que el esposo vuelva”, “que quiero que el esposo se vaya”, “que quiero que el esposo regrese”, “que quiero que los hijos hagan”, “que quiero que los hijos no hagan”.

Pon todos tus deseos, todos, reúnelos en ese trono, mira esa sala y contempla a Jesús que entra. Él es el rey, Él es el Señor, Él es el bondadoso Creador y Redentor, Él es el que tiene tu victoria. Jesús le dice a tu alma: “Yo soy tu victoria”. ¡Recíbelo!

Antes de que empiecen a sonar los instrumentos, que en unos momentos nos van a mover a alabar, antes de que suene estos instrumentos, yo quiero que tú sientas que la orquesta de tu corazón está sonando; antes de que suene el primer arpegio de guitarra, antes de que se levanten las voces del coro, yo quiero que tú sientas que los Ángeles de Dios te acompañan en el momento en el que tú proclamas la grandeza de Jesucristo.

Siente cómo, desde lo hondo de tus entrañas, hay una alabanza, hay un río de vida, hay un río de música, hay un río de adoración que quiere verterse en el océano del amor de Dios, porque sólo Jesús merece alabanza, y tú le estás entregando al Señor todo lo que tú eres, todos tus sueños.

Prepárate para la alabanza más bella de tu vida, porque esta vez, esta vez, esta vez, le vas a entregar el trono al Señor, tú le vas a entregar el trono al Señor, tú le vas a decir a Jesús: “Por amor y obediencia a ti, hasta la cruz y hasta la muerte, Señor; por amor y obediencia a ti, caiga lo que caiga sobre mí; por amor y obediencia a ti, no habrá obstáculos, Señor, no habrá barrera, no habrá desierto que yo no pueda cruzar, no habrá montaña que yo no pueda subir, porque tú estás conmigo, Señor, porque tu poder es el que me mueve, porque eres tú quien me salva, Señor, porque eres tú quien transforma mi existencia”.

¡Bendito seas, Jesús! ¡Gracias, Señor! ¡Gracias, jesús, gracias! Ven a tomar posesión de tu reino. ¡Recibe a Jesús, recíbelo! ¡Acoge a Cristo,acoge a Cristo, acoge a Cristo en tu vida! ¡Recíbelo, dale el trono que Él se merece! Y si estás convencida de ese amor a Cristo, ahora sí el aplauso para el Rey..

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