Polémicas matrimoniales (XXXII): el regreso de Mons. Bonny

Fuente: Fraynelson.com

En la preparación y celebración del Sínodo de la Familia han sucedido muchas cosas. Unas cuantas, positivas; muchas otras preocupantes. El mejor archivo que conozco sobre por qué hay que preocuparse está en una serie de artículos escritos por Bruno Moreno a los que se puede acceder haciendo click aquí.

La razón de este breve escrito es recordar a todos nuestro deber de orar, especialmente con el Santo Rosario. La familia es el último refugio que queda antes de que los poderes de este mundo se abalancen sobre el individuo aislado y necesitado para venderle con mentiras cualquier veneno disfrazado de felicidad. Son horas de duro combate y nuestras plegarias y penitencias no deben faltar.

Es cierto que las decisiones finales no corresponden a los padres sinodales sino al Papa pero también es cierto que las fuerzas oscuras, algunas de las cuales ya han sido desenmascaradas, no perderán ocasión para presionar al máximo al Sucesor de Pedro. Algo parecido aconteció en 1968 con Pablo VI, y lo que tuvo que enfrentar aquel Papa, después de una opinión desastrosa de una amplia comisión de teólogos y obispos, fue tortura moral, desobediencia descarada, dolor interminable, hasta su muerte. No queremos algo así para el Papa Francisco y por eso hay que multiplicar las oraciones para que haya voces valientes y votaciones claras que muestren que la Iglesia Católica de nuestro tiempo no está dispuesta a arrodillarse frente a los poderes de este mundo. Si algunos de sus hijos, para vergüenza de todos, lo han hecho, esa no puede ser la postura del pueblo cristiano.

¿Qué penitencias y oraciones vas a ofrecer durante cada día del sínodo?

Fuente: infocatolica.com

Polémicas matrimoniales (XXXII): el regreso de Mons. Bonny

En la sesión extraordinaria del Sínodo de la Familia el año pasado, el representante de la Conferencia Episcopal Belga fue Mons. André Joseph Leonard, arzobispo de Bruselas y considerado un defensor acérrimo de la doctrina y la moral católicas.

Otro de los obispos belgas, Mons. Bonny, no participó en aquella sesión Sínodo, pero publicó una carta abierta de veintidós páginas sobre el tema, pidiendo la aprobación de los anticonceptivos, el reconocimiento eclesial de las parejas del mismo sexo, el abandono de la doctrina de la ley natural, la aprobación del divorcio, etc. En este blog, ya comentamos el texto cuando se publicó. Los demás obispos belgas guardaron silencio sobre la carta de Mons. Bonny, a pesar de numerosas peticiones de laicos para que se pronunciaran, de modo que no era posible saber lo que pensaban sobre la misma, pero la incógnita se ha desvelado finalmente.

Poco después del Sínodo del año pasado, Mons. Leonard cumplió 75 años, la edad de jubilación de los obispos, y su dimisión canónica fue aceptada casi inmediatamente. Este año, los obispos belgas han elegido como representante para el Sínodo de la Familia al obispo de Amberes, Monseñor Bonny. Domine, miserere nobis.

Como ya comentamos en el blog a grandes rasgos las curiosas opiniones sobre la moral del obispo de Amberes, vamos a tratar hoy un aspecto nuevo de las mismas, relativo a una cuestión puntual. Monseñor Bonny ha publicado recientemente otro texto sobre las discusiones matrimoniales del Sínodo, como parte de un libro titulado “Zerreißprobe Ehe” (el matrimonio puesto a prueba). Según recoge LifeSiteNews, Mons. Bonny comienza argumentando en el libro que “el progreso científico nos permite modificar este punto de vista [de la doctrina tradicional]. En primer lugar,sabemos que la homosexualidad existe también en el mundo animal”.

Es un argumento que se oye a menudo, generalmente por parte de personas que no son católicas. Según el mismo, la homosexualidad es natural porque se encuentra en la naturaleza, así que no tiene sentido la oposición de la Iglesia a los actos homosexuales, que lejos de ser contra natura, son algo completamente natural, aunque resulten menos frecuentes que la heterosexualidad.

Este tipo de argumentaciones son más o menos comprensibles en alguien que no es católico. En un católico (y a fortiori en un obispo) muestran una llamativa ignorancia de los rudimentos de la filosofía y de lo que significan la moral, la naturaleza, la razón y un larguísimo etcétera.

Como en un solo post no podemos explicar todos esos temas, nos limitaremos a señalar que la forma de razonar del obispo de Amberes carece del más mínimo valor. Basta ver un ejemplo para comprender lo ridículo del mismo. En varias especies de araña, las crías recién salidas del huevo devoran a su madre, con lo que consiguen un aporte nutricional extra que contribuye a asegurar su supervivencia. Asimismo, es frecuente que las hembras, de mayor tamaño que el macho, se alimenten de su pareja después de la fecundación. ¿Pretende entonces Mons. Bonny que estos conocimientos científicos deban “modificar nuestro punto de vista” sobre el canibalismo filial o marital?

Como sabe cualquier estudiante de primer curso de filosofía, sólo los seres racionales son sujetos morales. A pesar de las películas de dibujos animados, no es cierto que los animales carnívoros sean malos y los herbívoros sean buenos y cosas por el estilo, ya que los animales están totalmente determinados por sus instintos naturales. Lo que hagan o no hagan los animales, movidos por esos instintos, no tiene relación con la calificación moral de un comportamiento humano. Si un pez, en situaciones excepcionales, utiliza los rituales de apareamiento como herramienta de dominación frente a otros peces más débiles del mismo sexo, eso no dice nada, ni a favor ni en contra, de la moralidad de los actos homosexuales en seres humanos.  Igual que el ejemplo de las arañas no es un argumento a favor del canibalismo.

Por supuesto, este gravísimo error proviene de la ignorancia sobre un tema fundamental: la ley natural. En un contexto filosófico o moral, “natural” no significa “ecológico”, “verde” o “lo que hacen los animales”, sino acorde con la esencia o naturaleza de cada ser. Por eso, para un hombre es natural lo que es acorde con la naturaleza humana, con su mismo ser racional creado a imagen de Dios, desde vestirse hasta construir catedrales o aviones, aunque ningún animal haga esas cosas. Por eso también, las acciones inmorales son aquellas contrarias a la naturaleza humana, ya se trate de robar (aunque los animales se arrebaten alimentos unos a otros siempre que puedan), matar a un inocente (aunque un león devore corderitos indefensos) o cualquier otro pecado.

El argumento del obispo de Amberes, sin embargo, resulta muy informativo en otro sentido. En efecto, en cuanto leemos que alguien lo utiliza como parte de su argumentación moral, podemos estar seguros de que el autor no admite o rechaza lo más básico de la moral católica y, sin miedo a equivocarnos, podemos desestimar todo lo que diga acerca del tema. Esto es útil, porque evita que perdamos tiempo con propuestas que nada tienen de racional ni de católico. Los demás padres sinodales estarán obligados a escuchar la intervención de Mons. Bonny, pero a nosotros no nos hace falta. Él mismo ha dejado claro, sin lugar a dudas, que no merecerá la pena en absoluto. Nos basta con rezar por el Sínodo, por Mons. Bonny y, sobre todo, por los fieles de Amberes.

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