JESÚS ES LA PUERTA

JESÚS ES LA PUERTA

Tomado del libro “Vida de Cristo” del Mons. Fulton J. Sheen

Habían cerrado la puerta de la sinagoga a aquel ciego de nacimiento. Los fariseos creían que de este modo le cortaban toda comunicación con la Divinidad. Pero nuestro Señor dijo a la muchedumbre que, aunque la puerta de la sinagoga estuviera cerrada, otra puerta se les abría:

Yo soy la Puerta si alguno entrare por mí, se salvará; entrará, y saldrá, y hallará pastos.(Ioh 10,9)

No les dijo que hubiera muchas puertas, ni tampoco que no importaba cuál fuera la puerta que uno buscara para alcanzar la vida superior; no dijo que Él fuese una puerta, sino la Puerta. Sólo había una puerta en el arca, a través de la cual entraron Noé y su familia para salvarse del diluvio; no había sino una puerta en el tabernáculo o lugar santísimo. Reclamaba para sí el derecho exclusivo de admitir o rechazar a quienquiera que fuese conrelación al verdadero rebaño de Dios. No dijo que su doctrina o su ejemplo fueran la puerta, sino que Él personalmente era el único acceso a la plenitud de la vida divina. Cristo ocupa un lugar único y no comparte sus honores con sus colegas, ni siquiera con Moisés, y mucho menos con Zoroastro, Confucio, Mahoma o cualquier otro.

Nadie viene al Padre sino por mí.(Ioh 14, 6)

Después de decir a los fariseos que no eran verdaderos maestros sino solamente guías ciegos, extraños y mercenarios, se presentó a sí mismo en contraste con ellos, no sólo como el único Maestro, sino como algo infinitamente superior. No estaba dando simplemente ideas o leyes, sino su propia vida.

Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
(Ioh 10, 10)

Los hombres tienen existencia, pero Él les daría vida, no biológica o física, sino divina. La naturaleza sugiere esta vida más abundante, pero no puede darla. Los animales poseen una vida más abundante que los vegetales, el hombre la posee más abundante que los animales. Sin embargo, Él dijo que venía para dar una vida que trascendía la vida humana.A continuación procedió a demostrar que Él confería esta vida no por medio de su doctrina, sino de su muerte. No era únicamente un Maestro, sino primordialmente un Salvador. Para ilustrar nuevamente el propósito de su venida, retrocedió hasta el Antiguo Testamento. Ninguna figura se emplea más en el Éxodo para describir a Dios guiando a su pueblo de la esclavitud a la libertad, que la figura de un pastor. Los profetas hablaron también frecuentemente de los pastores que mantenían a su rebaño en los buenos pastos, y los comparaban con los falsos pastores. Isaías describe a Dios llevando a sus ovejas en sus brazos, y Ezequiel lo describe como un pastor que busca sus ovejas perdidas. El cuadro más funesto de todos fue el descrito por Zacarías al profetizar que el Pastor-Mesías sería herido y las ovejas dispersadas. La profecía más conocida es la del salmo 23, en que se presenta al Señor guiando a sus ovejas a los verdes pastos.

Nuestro Señor mostró a qué precio habrían de adquirirse estos verdes pastos. No era el Buen Pastor porque procurara abundancia económica, sino porque entregaría su propia vida por sus ovejas. Una vez más aparece la cruz bajo el símbolo del pastor. El patriarca-pastor Jacob y el rey-pastor David se convierten ahora en el Salvador-Pastor, de la misma manera que el báculo se convierte en cayado, el cayado en cetro y el cetro en cruz.

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