JESÚS DA SU CORAZÓN PARA QUE SEA NUESTRO CORAZÓN

JESÚS DA SU CORAZÓN PARA QUE SEA NUESTRO CORAZÓN

Tomado de las meditaciónes de San Juan Eudes

PUNTO PRIMERO: El Corazón de Jesús nos es dado para que sea nuestro corazón.

El Hijo de Dios nos ha dado su Corazón no solamente para que sea el modelo y la regla de
nuestra vida, sino también el corazón nuestro, para que con este corazón, inmenso, infinito y eterno
podamos tributar a Dios todos los homenajes que le debemos, y cumplir todas las obligaciones que
tenemos para con su divina Majestad, de una manera digna a sus infinitas perfecciones.

A cinco cosas muy grandes estamos obligados para con Dios: 1e a adorarlo en su grandeza
divina; 2e a darle gracias por sus inenarrables dones que de su inefable bondad hemos recibido y
recibimos siempre; 3e. a satisfacer a su divina justicia por nuestros innumerables pecados y
negligencias; 4e. a amarlo por su incomprensible bondad; 5e. a pedirle, a fin de alcanzar de su divina
liberalidad todo lo que es necesario, así para el alma como para el cuerpo.

Ahora bien, cómo cumplir todos estos deberes de la manera digna de Dios?
Es imposible. Pues aunque fuesen nuestros todos los espíritus, todos los corazones y todo el
poder de los ángeles y de todos los hombres, y los empleásemos en adorar a Dios, en darle gracias, enamarlo dignamente y en satisfacer con perfección a su divina Justicia, esto nada sería al lado denuestras infinitas deudas.

Mas, he aquí, una infinitamente infinita que tenemos para con nuestro bondadosísimo
Salvador. Esel habernos dado El un medio admirable de cumplir íntegra Y perfectamente todas estas deudas. Nosdio su adorable Corazón, para que dispusiésemos de El como de un corazón nuestro; para adorar a Dioscuanto es adorable, para amarlo cuanto merece ser amado, y para cumplir todas nuestras obligacionesde una manera digna de la majestad suprema.

Gracias eternas e infinitas, oh mi bondadosísimo Jesús, por el don infinitamente precioso de
vuestro Corazón. Que los ángeles todos, que los santos todos, que las criaturas todas os bendigan porese don, eternamente!

PUNTO SEGUNDO: Uso que del Corazón divino hemos de hacer.

¡Qué dicha y qué gloria para nosotros tener tal Corazón! ¡Oh, cuán ricos somos!
¡Qué tesoro poseemos!, ¡Oh, qué deudas para con vuestra incomprensible bondad! ¡Oh Salvador
mío! Pedís Vos a vuestro Padre que Do seamos sino una sola cosa con El y con Vos, como El y Vos nosois sino un solo Dios y así queréis que tengamos con vuestro Padre adorable y con Vos un solocorazón.

Queréis ser nuestra cabeza y que seamos vuestros miembros y que no tengamos con Vos sino un
solo corazón y un solo espíritu. Nos hicisteis hijos de un mismo Padre cuyo hijo sois Vos, por eso noshabéis dado vuestro Corazón, para que en vuestra compañía amemos a vuestro Padre con un soloCorazón.

Nos decís que este mismo Padre nos ama con el mlsmo amor que os tiene (Joan. 17,23), y que
Vos nos amáis con el mismo Corazón con que os ama vuestro Padre (Joan. 15,9). Por eso nos dáis
vuestro Corazón para que amemos a vuestro Padre y a Vos con el mismo Corazón y el mismo amor conque Vosotros nosamáis, y para que nos sirvamos de ese gran Corazón, con el fin de tributaros nuestras adoraciones,nuestras alabanzas, nuestras acciones degracias y los demás homenajes que os debemos, de unamanera digna de vuestra grandeza divina.

Y ¿qué hemos de hacer para servirnos de este gran Corazón que Dios nos ha dado, y cumplir así
todas nuestras obligaciones?
Dos cosas: Cuando se trata de adorar a Dios, de alabarlo, de darle gracias, de amarlo, de
practicar alguna virtud o de hacer alguna obra para el divino servicio, primeramente hay que
renunciar a nosotros mismos, a nuestro propio Corazón todo envenenado por el pecado y el amor
propio. En segundo lugar tenemos que darnos a Jesús para que nos una en lo que vamos a hacer, a sudivino Corazón, al amor, a la caridad, a la humildad y todas las santas disposiciones de ese mismoCorazón, para adorar, para amar, para glorificar y servir a Dios con el Corazón de un Dios.

¡Oh Salvador mío! Valeos del poder de vuestro brazo para separarme de mis mismo y unirme a
Vos; Para arrancarme este miserable corazón y poner en su lugar el vuestro a fin de que yo pueda
decir: «Oh, Señor mío, os alabaré y amaré con todo mi corazón» (Ps. 110,1)., esto es, con todo el
gran Corazón de Jesús, que es mi propio Corazón.

iOh, Corazón de mi Salvador!, amabilísimo y todo amor, sed el corazón de mi corazón, el alma
de mi alma, el espíritu de mi espíritu, la vida de mi vida, y el principio único de mis pensamientos,
palabras y obras, de todo el uso de las facultades de mi alma y de todos los sentidos interiores y
exteriores.

ORACIÓN JACULATORIA: «0 Cor meum, Cor un¡cum, in te mihi sunt omnia»! : <¡Oh Corazón mío, mi único Corazón, en Vos están para mí todas las cosas»!

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