Esoterismo encubierto

 

 

A partir del inicio del siglo XXI se ha registrado un inusitado crecimiento del esoterismo, disfrazado bajo diversos conceptos como terapias emocionales, cursos metafísicos, talleres del conocimiento, técnicas mentales, productos milagro y servicios espirituales proporcionados por una gran cantidad de “instituciones” que prometen atender “el cuerpo, la mente y el espíritu”, y encubierto por expresiones como relajaciones, iluminación, armonía, buena vibra, autocontrol, sanación y energía, entre otras.

 

Este esoterismo encubierto promete a los incautos, que se dejan seducir, que podrán “sentirse mejor” porque alcanzarán salud, bienestar, belleza, buena suerte, fortuna, energía y amor, todo al mismo tiempo y de una buena vez. Pero la realidad de este engaño es que detrás de los supuestos beneficios que se obtienen a partir de esos conjuros, enseñanzas y prácticas, se oculta una gran variedad de doctrinas, creencias, cultos y teorías pseudocientíficas y pseudoreligiosas contrarias a la fe en Dios e influenciadas e inspiradas por organizaciones secretas anticristianas y por sociedades ocultistas.

La verdadera causa de este resurgimiento del esoterismo, conocido en nuestro tiempo como “Nueva Era” o “New Age”, no consiste en obtener el bien para todos, aunque así lo prometa, sino en mermar la fe en Jesucristo como Salvador de la humanidad y en golpear la sana doctrina de los creyentes el Él. Esta nueva ola de resurgimiento del esoterismo sostiene como postulados que Dios no es Creador del universo sino una energía que se encuentra en la naturaleza, que los ángeles no son espíritus puros sino seres de luz, que la tierra es la madre de la humanidad, que el hombre alcanza por sí mismo una iluminación interior, que el alma se reencarna después de la muerte y que en el mundo se ha comenzado a vivir una nueva conciencia planetaria y espiritual.

Para darle fuerza a sus postulados, este renacer esotérico se vale de diversas prácticas muy antiguas como la Meditación Zen, Yoga Kundalini, Acupuntura, Hipnotismo y la Regresión a supuestas vidas pasadas. También propone terapias de origen holístico, es decir, desconocido, como la Chakraterapia, el Cuarto Camino, la Cromo y Aromaterapia, Curso de milagros, Feng Shui, Flores de Bach, Magnetoterapia, Reiki, Método Silva de control mental, pulseras de energía, Reflexología, y terapias de Regresividad y de Polaridad.

Invariablemente, quien ha participado en este tipo de prácticas y terapias, acaba por caer en el ocultismo, que abarca a la astrología, magia blanca o negra, brujería, hechicería, adivinaciones, espiritismo, esoterismo, parapsicología, demonismo y satanismo.

Todo creyente en Jesucristo debe tener presente que la Iglesia establece que “todas las formas de adivinación deben rechazarse, el recurso a Satán o a demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone desvelan el porvenir”. Tanto el magisterio de la Iglesia católica, como la enseñanza de las demás religiones reveladas, prohíbe la práctica de la adivinación y de la magia.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña, en su inciso 2116, que: “La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “médiums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de conciliarse los poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”.

Además establece, en su inciso 2117, que: “Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar las potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro o recurren a la intervención de los demonios. El llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo”.

Como se ve, es peligrosa la iniciación en cualquier práctica esotérica porque luego de comenzar con algo leve, que suele presentarse como inocuo y bueno para el cuerpo, la mente o el espíritu, es fácil pasar de una práctica a la otra buscando alcanzar más conocimientos y disciplinas, pero se acaba enredado en el ocultismo y estableciendo relaciones personales con espíritus malos o demonios que no quieren, ni desearán jamás, procurar el bien de la creatura humana sino lograr su destrucción por odio a Dios y a los hombres a quienes Él tanto ama.

WRITTEN BY ROBERTO O´FARRILL

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