Adán

 

 

He sido testigo de la alarma que provoca la explicación de que Adán y Eva son personajes teológicos -no históricos- y que en realidad no existieron. Comprendo la alarma porque la catequesis para niños, que es sencilla y evita entrar en complicados misterios escriturísticos y teológicos, ha venido a ser la única formación cristiana de no pocos católicos, por lo que muchos  mueren pensando que Dios formó a Adán materialmente con lodo, como si Dios fuese un alfarero, y que a Eva la creó a partir de una costilla que le quitó a Adán durante un profundo sueño en que le hizo caer.

En rigor, la Biblia no es un libro científico, es un libro teológico que decepciona a quien se acerque a buscar en él explicaciones científicas, pues lo que obtendrá serán relatos teológicos. Quien en la Biblia busque ciencia, que cambie de libro de consulta, pues Adán es una figura teológica con la que se explica el origen de la  humanidad y cómo es que todos los hombres caemos ante Dios.

 

En su Enciclopedia Católica -de 1907- James Driscoll explica que “Hay divergencia de opinión entre los expertos semíticos cuando intentan explicar el significado de la palabra hebrea adam (que se usó originalmente como nombre común y no como nombre propio). La causa de esta inseguridad en el tema se debe a que la raíz de la palabra adam, con significado de ‘hombre’ o ‘humanidad’, no es común en todas las lenguas semíticas, aunque es adoptado por todos en las traducciones del Antiguo Testamento. El nombre parece estar relacionado con la palabra ha-adamah (“la tierra”), en cuyo caso representa al hombre como nacido de la tierra, similar al latín, donde la palabra homo se supone que proviene de humus (tierra)” y agrega que “estos relatos no incluyen información histórica real, y su utilidad principal es aportar un ejemplo de la credulidad popular piadosa de entonces así como del poco valor que debe añadirse a las llamadas tradiciones judías cuando se invocan como argumento en un análisis crítico”.

La clave teológica de lectura de la creación de Eva, por ejemplo, no intenta describir que Dios le sacó una costilla a Adán y que el hueco lo rellenó con carne; consiste en descubrir que todo ser humano está incompleto hasta que no sale de sí mismo para ir al encuentro con el otro, en quien encuentra su complemento, su “otredad”, su “media-naranja”, aquello de lo que carece todo individuo que se cierra a los demás; y el profundo sueño de Adán expresa la realidad del enamoramiento o de la amistad que orienta a encontrarse en el otro para llegar a ser, ambos, un ser completo.

El Catecismo de la Iglesia Católica expresa con claridad, que el relato de la creación del hombre emplea un lenguaje de símbolos, cuando en su párrafo 362 explica: “La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico” y en el párrafo 375 enseña que “La Iglesia interpreta de manera auténtica el simbolismo del lenguaje bíblico a la luz del Nuevo Testamento y de la Tradición”.

El Diccionario de Teología Bíblica del cardenal Gianfranco Ravasi -Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura- explica que el centro del relato de la creación de Adán consiste en “poner de manifiesto el interés por el hombre, creatura excelente, vértice de los creado, punto de llegada de la acción creadora divina”, que “el origen de la humanidad es objeto de una decisión explícita de Dios” y que “La creación particular de adam es la del género humano”.

Bien expresa el refrán popular, en referencia a la carencia de formación cristiana de quienes sólo se han quedado con la catequesis de niños, esta triste realidad: “católico ignorante, seguro protestante”. Pero hay quienes a su desconocimiento le agregan fundamentalismo -que siempre es peligroso- y discuten y acusan, casi de “herejes”, a quienes explican las sagradas escrituras de manera profunda y teológica, con la consecuente cerrazón a todo avance en el conocimiento profundo de nuestra fe.

En cambio, abrirse a la oportunidad del conocimiento teológico permite reconocer que la realidad de Adán es la realidad de todos, como lo explica, también el Catecismo de la Iglesia Católica en el párrafo 415: “Constituido por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, persuadido por el Maligno, abusó de su libertad, desde el comienzo de la historia, levantándose contra Dios e intentando alcanzar su propio fin al margen de Dios”. Esta es la realidad nuestra, expresada en la figura de Adán, una realidad de toda la humanidad.

 

WRITTEN BY ROBERTO O´FARRILL

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