EL SÁBADO DEDICADO A MARÍA SANTÍSIMA

 

EL SÁBADO DEDICADO A MARÍA SANTÍSIMA

Tomado del libro “Cómo amar y hacer amar a María” (segunda edición, ed. Stella, Buenos Aires 1954) del Hermano Mutien Marie, H.E.C.

Desde los más remotos tiempos de la Iglesia, el sábado ha sido, en la piedad de los fieles y en la liturgia católica, el “día de María”. Como el domingo está divinamente consagrado por la Resurrección del Señor, así el sábado ha sido dedicado especialmente a María: La Santa Iglesia dedicó para ese día un oficio especial y hasta concedió una misa propia, “De Beata Virgine in sabbato”.

Importantes motivos justifican el haber escogido el sábado como día consagrado a María.

Si el día de Pascua es el día glorioso de la Resurrección de su Hijo, el Sábado Santo fue en la vida de María un día infinitamente digno de ser consagrado a su honor por nuestra filial devoción: en la casa de San Juan, María durante ese santo día sigue siendo la Madre de Dolores, pues su Hijo yace todavía en el sepulcro; pero ya María, Madre de la santa Esperanza, apresura con sus oraciones y sus santos deseos la hora de la resurrección de su amadísimo Hijo. El día está fijado: resucitará al tercer día como lo anunció, pero la hora se ignora y se puede suponer que ella la apresuró; resucitará en el alba del domingo.

Entre todas las vigilias por las cuales la Santa Iglesia se prepara las grandes solemnidades, ninguna es tan sagrada como la vigilia de Pascua, el Sábado Santo, y de esta suerte el sábado es verdaderamente digno de ser el día de María, así como el domingo es el día del Señor.

El sábado es la puerta del domingo; siendo María para nosotros, la puerta por donde vamos al Reino Celestial, simbolizado por el domingo, el sábado debe serle consagrado. Es conveniente que la solemnidad de la Madre sea como la vigilia o la aurora de la del Hijo.

Convenía que el día en el cual Dios descansó después de la creación, fuese solemne como ha sido desde toda la antigüedad. Y el mejor medio de solemnizarlo, ¿no es acaso consagrarlo a la Madre del Verbo por quien todo ha sido hecho?

Los santos han santificado con piadosas prácticas este día consagrado a la Santísima Virgen: San Bernardino de Siena, San Nicolás de Tolentino, San Leonardo de Puerto Mauricio, Santa Isabel de Portugal, se habían prescrito como práctica en honor de María el ayunar todos los sábados; San Luis reunía a los pobres y los servía él mismo ese día, y, según su pedido, murió en día sábado; San Gregorio Magno, cuenta en sus Diálogos, que el beato Diosdado, sencillo artesano, iba todos los sábados a la iglesia de San Pedro de Roma, y distribuía entre los pobres que encontraba el resto de lo ganado en la semana. La Madre de la Divina Misericordia mostró un día a uno de sus siervos un palacio de oro que los ángeles construían en el cielo los días sábados para Diosdado; el Padre Olier pasaba este día como día de fiesta y celebraba la Santa Misa en la Catedral de Nuestra Señora de París; San Alfonso predicaba todos los sábados sobre las misericordias o magnificencias de María; todos los sábados el Hermano Muciano María, de las Escuelas Cristianas, tomaba su cena de pie o de rodillas y el último sábado de su vida, ya extenuado, rezó las letanías de la Virgen con los brazos en cruz, como solía hacerlo desde hacía sesenta años.

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