CRISTO NOS ENSEÑA A ACUDIR A LA ORACIÓN EN LAS TRISTEZAS

LA ORACIÓN QUE CRISTO NUESTRO SEÑOR HIZO EN EL HUERTO: CRISTO NOS ENSEÑA A ACUDIR A LA ORACIÓN EN LAS TRISTEZAS Extractado de la meditación # 21 del libro “Meditaciones de los misterios de nuestra fe, sobre la pasión y vida gloriosa de Cristo” del Venerable Padre Luis de la Puente, S.J.

PUNTO PRIMERO
Cristo nos enseña acudir a la oración en las tristezas.

Estando Cristo Nuestro Señor triste al modo dicho, y viendo que sus Apostoles lo estaban, les avisó que orasen, diciendoles <<velad, conmigo=”” y=”” orad,=”” porque=”” no=”” entreis=”” en=”” tentación=””>>; y tomando para Sí el mismo consejo ,se se apartó de ellos como un tiro de piedra a orar

1. Aquí se ha de ponderar, lo primero, cómo Cristo nuestro Señor , con palabra y ejemplo nos enseña que el remedio de nuestras tristezas no es parlar y entretenerse con los hombres, que no pueden dar consuelo cordial,sino hablar con Dios en la oración a quien hemos de acudir como a principal consolador, el cual nos puede quitar la tristeza o moderarla como más nos conviniere. De este ejemplo he de aprender en mis tristezas a no esperar principalmente consuelo de hombres, ni desordenarme en buscar consuelos terrenos, sino en primer lugar, como dice el apóstol Santiago, perdir a Dios y esperarle de Él, experimentaré lo que dice David: <>.

2. Lo segundo tambien nos avisa que la oración es el único remedio para no caer en las tentaciones y no perecer en los peligros, y así, cuando estamos cerca de ellos, hemos e orar con fervor. Y no dice Cristo: Orad para que no seáis tentados, sino: Orad para que no entréis en la tentación y os aneguéis en ella: porque muchas veces nos conviene ser tentados y afligidos, pero la oración sirve para que no caigamos en ella, o si cayéremos, para que no perezcamos del todo, sino que nos levantemos con el favor que Dios nos dara para ello; y porque la tentación es cada día, así cada día tengo que decir con gran devoción la última petición del Padrenuestro: no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén

3. Lo tercero, tengo que ponderar aquella palabra: <<Velad conmigo>>; esto es, en mi compañía, y como Yo velo: imitándome a Mí. En lo cual nos da a entender que Él mismo vela con los que velan y ora con los que oran, y los que velan y oran hacen esto con Él, teniéndole por maestro, por compañero y ayudador. Pues con tal compañía, ¿cómo no gustaré de velar y orar?

Ayudadme dulcísimo Jesús, para que siempre vele con Vos, gastando los días en trabajar 3 las noches en orar, y días y noches en obedecer a quien siempre veló, oró, y trabajó por mi amor.

4. Finalmente, ponderaré aquel acto de mortificación que hizo Cristo nuestro Señor en apartarse de la compañía de su Apóstoles para orar: porque en las grandes tristezas y aflicciones gusta la naturaleza estar en compañía de sus amigos, para consolarse con ellos; pero Cristo nuestro Señor venció esta inclinación con valor. Lo cual denota el Evangelista, diciendo: que fue arrojado o arrancado de ellos cuanto uno tiro de piedra, como quien vencía con el ímpetu del espíritu la inclinación de la carne, y se apartaba de las personas a que estaba con amor natural, por orar a solas.

¡Oh Dios mío!, concédeme que ma aparte de la leche y me arranque de los pechos de las consolaciones humanas, para dedicarme a la oración, y en ella entender tu santísuna voluntad para ponerla por obra. Amén

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