¿Qué Sucedió cuando Jesús Bajó a los Infiernos, el Sábado Santo, antes de su Resurrección?

¿Dónde fue Cristo después de su muerte y antes de que se levantara el domingo de Pascua? Tanto la Escritura como la Tradición responden a esta pregunta. Santo Tomás dice que descendió a los infiernos y fue a liberar a los justos aplicándoles los frutos de la Redención.

En el Credo de los Apóstoles proclamamos que Cristo “descendió a los infiernos”. Este Credo, formulado en el siglo V, se refiere al descenso del alma de Cristo, ya separada del cuerpo por la muerte, al lugar que también se llama “sheol” o “hades”. El Cuarto Concilio Lateranense, en el 1215, definió esta doctrina de Fe. 

En este caso “infierno” no se refiere al lugar de los condenados sino que es el lugar de espera de las almas de los justos de la era pre-cristiana. 

Entre la multitud de justos allí esperando la salvación, estaba San José, los patriarcas y los profetas, como todos aquellos que murieron en paz con Dios. Todos necesitaban, como nosotros, la salvación de Cristo para poder ir al cielo.

 

LA VISIÓN DE CATALINA EMMERICH

En su libro “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, Catalina Emmerich relata su visión que puede leerse más extensamente aquí.

infierno

Cuando los ángeles, con una tremenda explosión, echaron las puertas abajo, se elevó del infierno un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. 

Todos los allí condenados tuvieron que reconocer y adorar a Jesús, y éste fue el mayor de sus suplicios. En el medio del infierno había un abismo de tinieblas al que Lucifer, encadenado, fue arrojado, y negros vapores se extendieron sobre él.

Vi multitudes innumerables de almas de redimidos elevarse desde el purgatorio y el limbo detrás del alma de Jesús, hasta un lugar de delicias debajo de la Jerusalén celestial. 

Vi a Nuestro Señor en varios sitios a la vez; santificando y liberando toda la creación; en todas partes los malos espíritus huían delante de Él y se precipitaban en el abismo.

Vi también su alma en diferentes sitios de la tierra, la vi aparecer en el interior del sepulcro de Adán debajo del Gólgota, en las tumbas de los profetas y con David, a todos ellos revelaba los más profundos misterios y les mostraba cómo en Él se habían cumplido todas las profecías.

Es de todos sabido que será liberado durante algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000 de Cristo. Las fechas de otros acontecimientos fueron fijadas, pero no las recuerdo, pero sí que algunos demonios serán liberados antes que Lucifer, para tentar a los hombres y servir de instrumento de la divina venganza.

 

UN SERMÓN ANTIGUO

Considera lo siguiente en un sermón del siglo segundo.

Hoy reina un gran silencio en la tierra, un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra tembló y sigue estando, porque Dios se ha dormido en la carne y que ha levantado a todos los que han dormido desde que comenzó el mundo

jesucristo descendio a los infiernos

Se ha ido a buscar a Adán, nuestro primer padre, como a una oveja perdida. Preocupado por el deseo de visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, se ha ido a liberar del dolor a Adán de sus cadenas y a Eva, cautiva con él – Él que es a la vez su Dios y el hijo de Eva…

Yo soy tu Dios, que por amor a vosotros me he convertido en el Hijo… Te ordeno, tú que duermes, que despiertes. Yo no te he creado para ser a un prisionero en el infierno. Levántate de entre los muertos, porque yo soy la vida de los muertos

[De una antigua homilía de Sábado Santo del siglo segundo]

 

LA ESCRITURA ATESTIGUA TAMBIÉN EL DESCENSO DE CRISTO AL LUGAR DELOS MUERTOS Y LO QUE HIZO

Pues Cristo quiso morir por el pecado y para llevarnos a Dios, siendo esta la muerte del justo por los injustos. Murió por ser carne, y luego resucitó por el Espíritu. Entonces fue a predicar a los espíritus encarcelados;……

Pues no sin razón el Evangelio ha sido anunciado a muchos que han muerto; si bien en cuanto seres humanos han recibido la sentencia de muerte, a través del Espíritu viven para Dios. (1 Pedro 3:18, 1 Pedro 4:6).

jesus baja al infierno

 

EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Considera también la del Catecismo de la bajada de Cristo a los muertos, que resumo y extracto de CIC # 631-635.

“Jesús bajó a las regiones inferiores de la tierra. Este que bajó es el mismo que subió” (Ef 4, 9-10). El Símbolo de los Apóstoles confiesa en un mismo artículo de fe el descenso de Cristo a los infiernos y su Resurrección de los muertos al tercer día, porque es en su Pascua donde, desde el fondo de la muerte, Él hace brotar la vida.

Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús “resucitó de entre los muertos” (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos(cf. Hb13, 20). Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos (cf. 1 P 3,18-19).

La Escritura llama infiernos, sheol, o hades (cf. Flp 2, 10; Hch 2, 24; Ap 1, 18;Ef 4, 9) a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios (cf.Sal 6, 6; 88, 11-13). Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos (cf. Sal 89, 49;1 S 28, 19; Ez 32, 17-32), lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el “seno de Abraham” (cf. Lc 16, 22-26).

“Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva …” (1 P 4, 6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación.

Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef4, 9) para “que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan” (Jn 5, 25). Jesús, “el Príncipe de la vida” (Hch 3, 15) aniquiló “mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud “(Hb 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado “tiene las llaves de la muerte y del Infierno” (Ap1, 18) y “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Flp 2, 10).

Fuentes:

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