LA COMUNIÓN, BANQUETE DEL SACRIFICIO

LA COMUNIÓN, BANQUETE DEL SACRIFICIO. Tomado del “Catecismo Litúrgico Histórico de la Misa” del Rev. Padre Antonio Rubinos, S.J.

Acabamos de realizar el Sacrificio: por medio de la Consagración que ha divinizado nuestras ofrendas de pan y de vino, hemos podido ofrecer a Dios una oblación, un don de valor infinito: el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que fueron ofrecidos sobre la Cruz. Cfr. nn. 5-14.

Realizado, pues, el Sacrificio, procede ahora celebrar el Banquete del Sacrifico: la Comunión.

¿No recordamos lo que se hacia en los sacrificios antiguos? v. n. 37: el cordero, la víctima ofrecida por una familia, después de ser inmolada por el sacerdote, se dividía en tres partes: todo él pertenecía ya a Dios, pero el Señor se contentaba con una de sus partes, con la primera que allí mismo, sobre el altar, consumida por el fuego, como «sacrificio de olor agradable», subía en espirales de humo hacia el cielo. Con las otras dos partes, la infinita amabilidad de Dios convidaba a los oferentes — al sacerdote y a los donantes —, los sentaba a su mesa y les hacía comer, participar, comulgar, de aquel manjar que era ya suyo, de Dios; y con este acto de «camaradería» — permítasenos la palabra, hoy algo rebajada, pero muy expresiva—, Dios manifestaba su agrado y complacencia en el sacrificio de aquel cordero.

También la gran familia humana ofrece a Dios, en el Sacrificio de la Misa, un cordero… ¡pero qué cordero! «el Cordero de Dios que quita y borra con su sangre todos los pecados del mundo», y cuya inmolación sangrienta sobre el ara de la Cruz, se reproduce ahora de modo incruento sobre nuestros altares… Dios, como no podía menos, quiere manifestar del modo más claro, palpable y emocionante sus divinas e infinitas complacencias sobre este Cordero que le ofrecemos — como que es Su propio Hijo —; y nos invita al Banquete del Sacrificio convidándonos, no ya como en los sacrificios antiguos, con un manjar que era de Dios, consagrado a Dios; sino con un manjar que es el mismo Dios, y todo entero y perfecto como está en el cielo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Eso es la Comunión, el banquete del Sacrificio.

Colocada aquí, en su sitio, la Comunión, dentro de la Misa y teniendo como marco el Santo Sacrificio, ¡cuánta más luz recibe y cuánta mayor sublimidad inspira!: cfr. n. 44.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s