La constitución apostólica Lumen Gentium

La constitución apostólica Lumen Gentium, del Concilio Ecuménico Vaticano II, es la primera constitución dogmática de la Iglesia. Promulgada por Paulo VI el 21 de noviembre de 1964, en ocho capítulos y 64 párrafos completa la doctrina que sobre la Iglesia comenzó a formular el Concilio Vaticano I, que nunca concluyó tras verse interrumpido en 1869, y se inspira en la encíclicaMystici Corporis Christi, de Pío XII.

-En el capítulo I, “El misterio de la Iglesia”, se establece que “como la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, insistiendo en el ejemplo de los Concilios anteriores, se propone declarar con toda precisión a sus fieles y a todo el mundo su naturaleza y su misión universal”.
-El capítulo II, “Pueblo de Dios”, se refiere con este título a la Iglesia y explica que “tiene por condición la dignidad y libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar, como el mismo Cristo nos amó. Tiene como fin la dilatación del Reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que sea consumado por Él mismo al fin de los tiempos”.

-En el capítulo III, “Constitución jerárquica de la Iglesia”, se expresa que la “doctrina de la institución perpetuidad, fuerza y razón de ser del sacro Primado del Romano Pontífice y de su magisterio infalible, el santo Concilio la propone nuevamente como objeto firme de fe a todos los fieles”.

-El capítulo IV, “Los laicos”, se refiere así a “todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en Pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen la misión de todo el pueblo cristiano”.

-El capítulo V, “Universal vocación a la santidad de la Iglesia”, establece que la “santidad de la Iglesia se manifiesta incesantemente y se debe manifestar en los frutos de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles; se expresa de múltiples modos en todos aquellos que, con edificación de los demás, se acercan en su propio estado de vida a la cumbre de la caridad; pero aparece de modo particular en la práctica de los consejos evangélicos”.

-El capítulo VI, “los religiosos”, explica que las diversas familias religiosas “ofrecen a sus miembros todas las condiciones para una mayor estabilidad en su modo de vida, una doctrina experimentada para conseguir la perfección, una comunidad fraterna en la milicia de Cristo y una libertad mejorada por la obediencia”.

-En el capítulo VII, “Carácter escatológico de la Iglesia poeregrina y su unión con la Iglesia del Cielo” se explica: “La restauración prometida que esperamos, ya comenzó en Cristo, es impulsada con la venida del Espíritu Santo y continúa en la Iglesia, en la cual por la fe somos instruidos también acerca del sentido de nuestra vida temporal, en tanto que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado”.

-El capítulo VIII, “La Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia”, confirma que María, “ Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas. Al mismo tiempo ella está unida en la estirpe de Adán con todos los hombres que han de ser salvados; es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza, por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima”.

La constitución Lumen Gentium recobra su fuerza durante el pontificado de Francisco toda vez que nos recuerda que son Jesucristo vivo y la Palabra de Dios lo que provoca la Conversión, y que ya podrá haber colegialidad, Iglesia misionera, salida a las periferias, descentralización del papado o Año de la Misericordia, pero que sin conversión a partir de la Palabra no es posible alcanzar la Salvación.

WRITTEN BY ROBERTO O´FARRILL

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