ORACIÓN PARA UNA VISITA AL SANTÍSIMO

+ JUEVES EUCARÍSTICO +

ORACIÓN PARA UNA VISITA AL SANTÍSIMO
¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.
Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes…; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?
Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía… Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.
 Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.
No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás… Sí…, vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.
Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo… Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.
Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor…, amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.
Te ruego por los que amo… Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.
Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.
Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.
Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo. Amén.

LA SOLEDAD DE MARÍA

+ SÁBADO SANTO +


LA SOLEDAD DE MARÍA Meditación #69 tomado del libro “Puntos breves de meditación sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgicas de la Santísima Virgen María” del P.  Ildefonso Rodríguez Villar
1º Jesús muerto en brazos de su Madre. -Imagínate aquel cuadro. -Pendiente de la Cruz el cadáver de Cristo…, lleno de largos manchones de sangre cuajada cubierto de heridas…, material -mente deshecho sin belleza ni hermosura…, ni casi figura humana…; labios exangües…, ojos sin vida…; aquello no es más que eso, ¡un cadáver!… y es ¡¡el Hijo de Dios!!, ¡qué misterio!
A los pies de la Cruz, un grupo de almas buenas, llora sin cesar. -Grande, muy grande es su dolor…, pero ¿cómo comparado con el de aquella Madre que llora la pérdida de su Hijo… ¡Pobre Madre!… ¿Qué va a hacer ahora sin su hijo? -Quizá, en medio del dolor, comenzó a preocuparla la sepultura de su Hijo…, pero, ¿cómo y dónde?…, ¿si Ella no tenía sepultura, ni medios para comprarla?…; ¿si sus amigos se habían ocultado unos… y otros se habían hecho enemigos?… ¿Adónde acudir?… ¿Quién bajará a su Jesús de la Cruz?… ¡Qué consuelo en medio de su pena, cuando ve a aquellos santos varones que van a cumplir este piadoso oficio!… ¡Qué agradecimiento no guardaría Ella en su corazón!
Y, efectivamente, con gran cuidado le bajan de la Cruz y depositan el santo Cuerpo, en brazos de Ma­ría. -Póstrate en espíritu junto a esa Madre, y medita con Ella ¿porque qué meditación haría la Virgen entonces? ¿Cómo iría recordando ante la vista de aquel Cuerpo, todos y cada uno de los tormentos de la Pasión? – -Ahora recordó todo lo pasado…, las escenas de Belén…, los idilios de Nazaret…, los días felices en que Ella cuidaba de su Hijo, como ninguna madre lo ha podido hacer. Ahora entendió de una vez, lo que significaba la espada de Simeón, que toda la vida! -llevó atravesada en su Corazón. -Ahora comprendió lo que era ser Madre nuestra… ¡Madre de los pecadores!, que así habían puesto a su Hijo… Y ¿a esos precisamente iba Ell4 -a amar?… ¿A esos querer como a hijos, cuando así habían hecho sufrir a su Jesús? ¡Oh, qué dolorosa maternidad!… Y, sin embargo, besando, una a una aquellas heridas, iría repitiendo:«Soy la esclava del Señor…, hágase en mí tu divina voluntad».
Haz tú esta piadosísima meditación con Ma­ría…, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una…, con mucho cuidado, como si aún sufriera, con ellas Jesús… Limpia aquellos ojos y aquel rostro afeado con tantas salivas… y sangre… toca aquellas manos y pies agujereados… y besa, besa aquel costado abierto… y no apartes tus ojos de aquel corazón que se ve por la herida, sin vida…. sin latir…, sin movimiento…, pero no sin amor… y en cada herida, recuerda tus pecados… y mira lo que has hecho con ellos.
2º Él santo entierro. -Los santos varones Nicodemus y Arimatea, juntamente con las piadosas mujeres y la Santísima Virgen, comenzaron a ungir y vendar aquel cuerpo sacrosanto. -Contempla este embalsamamiento y mira cuán amorosa y delicadamente, van limpiando aquellas heridas y ungiéndolas con bálsamo y perfumes… Tal vez la Santísima Virgen se reservó limpiar y ungir la sagrada cabeza… y Ella misma cubriría aquel rostro divino con el más fino lienzo… ¡Qué dolor el suyo al echar su última mirada sobre aquel rostro que Ella sabía de memoria!… ¡Cuánto se había embelesado contemplándolo!
Y así dispuesto el cadáver, es conducido a la sepultura. -Forma parte de aquella tristísima procesión, que ya casi de noche, acompaña por última vez el Cuerpo de Cristo… ¡Cómo iría la Santísima Virgen! ¡Qué penoso es el momento de arrancar el cadáver de una persona querida, de casa para llevarlo a enterrar!… ¡Qué camino tan largo y, al mismo tiempo tan corto, el que hay que recorrer en el entierro! -Por una parte, se desea llegar cuanto antes y acabar de una vez con aquel tristísimo momento… por otra, se teme llegue el instante de la separación total., del último adiós… ¡Cuál sería el sufrimiento del corazón de aquella Madre en estos momentos!
Y cuando ya, colocado en el sepulcro, fue la piedra cerrando la entrada y ocultando el santo cuerpo, ¿quién podrá explicar lo que pasaría entonces por el alma de la Virgen?… Ahora sí que se quedó definitivamente sin Hijo… ¿Quién la arrancaría de aquel lugar si Ella no podía vivir sin Él? -Tampoco tengas tú prisa en marcharte… Detente muy despacio, y allí ante el sepulcro de tu Jesús, en compañía de la Virgen tu Madre, piensa en el término de todas las cosas que es el sepulcro. -Cristo quiso pasar por esa humillación, para servirnos de ejemplo en nuestra muerte y sepultura.
Pero no, no es humillante la muerte, si es como la de Cristo…, ni lo es el sepulcro, aunque el cuerpo se deshaga entre gusanos, si es semejante al de Jesús. -¡Muerte gloriosa!…. ¡sepulcro dichoso el de las almas santas!… ¿Por qué no aspirar a eso?
Recuerda, además, que diariamente sepultas a Jesús en tu corazón… y no olvides que su sepulcro quiso que fuera nuevo…, limpio…, y donde nadie, sino Él, fuera colocado. -Compara y examina estas, circunstancias, para que veas si así es tu corazón. -Piensa si en él, encuentra Jesús aquellos aromas y perfumes de virtudes, simbolizados en los que ungieron su cuerpo y con los que ahora especialmente Él quiere regalarse en tu alma… y pide a la Santísima Virgen, sea Ella la que supla tu pobreza miserable, y te enseñe a guardar y a sepultar, mientras dure tu vida., a Jesús en tu corazón…, para que nunca su presencia falte en él…
3º La vuelta del Calvario. -Él Salvador quedó allí en el sepulcro descansando…, pero Ma­ría no podía descansar, ni sosegar… se consideraba sola…, huérfana…, desamparada y desterrada…, sin familia…, sin hogar… y así, acompañada de aquellas almas piadosas, pero sintiendo en su corazón la frialdad de la más espantosa soledad, emprendió el regreso hacia su morada.
Todos los que la acompañaban, con el corazón encogido, pensaban, sin embargo, en el corazón destrozado de aquella Madre, que se volvía sola…, ¡sin su Hijo! -Sigamos con Ella este camino de dolor.
Ha vuelto a subir al Calvario para emprender el regreso… ¿Qué sentiría a vista de la Cruz desnuda vacía…, manchada de la sangre de un Dios? Mírala arrodillarse ante ella y abrazarla… y adorarla.
Ya no es instrumento del suplicio…, ya no es algo odioso…, horrible…, maldito. -Va en ella el árbol de la vida, del que se ha desprendido, ya maduro el fruto de salvación… Es la llave del Cielo…, es la espada que vencerá a todos los enemigos de Cristo, que a sus pies irán a estrellarse…, es el arma de combate de todos los cristianos…, es la locura de todos los santos, que no podrán vivir sin ella, ni lejos de ella… sino subidos…, abrazados…, crucificados en ella es, en fin, la balanza donde se pesarán las acciones de todos los hombres y la causa y razón de su condenación o de su salvación. -¡Oh Cruz bendita!… ¡Oh Cruz divina!… ¡Qué requiebros amorosos la diría la Santísima Virgen!… ¡Cómo se desahogaría en dulcísimas lágrimas y en abrazos tiernísimos con ella! -Abrázate tú también y enamórate de aquella Cruz, regada con la sangre de Cristo y las lágrimas de la Madre. -Que sea para ti, como decía San Pablo, tu mayor gloria y bienaventuranza.
Y levantándose, continuó su camino… ¡Qué recuerdos al llegar a la ciudad maldita…, la ciudad deicida!… Sus calles manchadas aún de la sangre de su Hijo… ¡Cuántas veces se postraría a besarla!… ¡Cómo iría recordando todos los pasos de la pasión!… Aquí las caídas…, allí la calle de la Amargura, donde le encontró…; más lejos, donde salió con la Cruz a cuestas…; entre sombras, el palacio de Herodes, donde le trataron como a un loco…, y más allá el de Pilato…, la plaza donde gritaba la muchedumbre…, el balcón del Ecce Homo…, el patio de la flagelación… ¡¡Pobre Madre!! -¡Cómo iría recorriendo uno a uno estos pasos! -Acompaña muchas veces a la Virgen en esta devota meditación, y ten mucho gusto en hacer muy bien el Santo Via-Crucis con frecuencia y acompañando a la Santísima Virgen… Ella es tu modelo en esta hermosa devoción…

Visita a las siete Iglesias

—–Visita a las siete Iglesias—– 
Aquí te comparto este valioso mensaje : 
GUÌA DE ORACIÒN PARA VISITA A LAS IGLESIAS 

(Compàrtelo)
De la noche del Jueves Santo hasta el Viernes Santo en la mañana es devoción bíblica y católica el visitar las siete iglesias. Por ello te compartimos una guía de oración que te puede ser útil mientras se realiza este recorrido en familia, grupo, comunidad o de manera personal.
Esta tradición nació en Roma y se ha propagado por el mundo entero. Su iniciador fue San Felipe Neri.
La finalidad de estas visitas es agradecer a Jesucristo el don de la Eucaristía y del Sacerdocio que instituyó aquella noche santa y acompañarle en la soledad y sufrimientos en el Huerto de Getsemaní, así como en las afrentas recibidas en las casas de Anás, Caifás, Herodes, Pilato, en el Calvario y en el silencio del sepulcro.
Ante el Monumento, donde se reserva al Señor Sacramentado, se le da gracias a Jesús por su Sagrada Pasión con la que redimió con amor al mundo. De igual manera se le ofrece disculpas por el abandono con que frecuentemente se le deja en el Sagrario y quizás por la poca frecuencia a la Santa Misa y Comunión.
Meditaciones y oraciones
Primera Iglesia: Jesús en el huerto
Medita: Serían como las 10 de la noche al llegar Jesús al Huerto de Getsemaní. Su alma se llenó de tristeza, entró en agonía ante la visión de los sufrimientos que se le venían encima y la ingratitud de la humanidad. Oró por espacio de tres horas con lágrimas y sudor de sangre, que en gotas cayó en tierra. Aquí llegó Judas y con un beso lo entregó a quienes vinieron a aprenderle, aunque más bien fue su Amor a ti el que le entregó.
Oración: Te compadecemos Jesús, y te damos gracias por lo que sufriste por nuestra Salvación en la Oración del Huerto. Nos duele la traición y alevosía con que fuiste hecho preso. Concédenos fortaleza en nuestros sufrimientos y danos el don de la oración.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Segunda Iglesia: Jesús en casa de Anás
Medita: Jesús, maniatado como un vulgar malhechor, interrogado por Anás sobre sus discípulos y doctrina, responde con entereza y mansedumbre que pregunte a quienes le han escuchado y que saben bien lo que Él ha dicho y enseñado. Un guardián le dio una bofetada que de seguro lo hizo tambalearse.
Oración: Jesús, te compadecemos; te damos gracias por la injusta humillación que sufriste al ser abofeteado. Te pedimos que nos ayudes a hablar con verdad, serenidad y educación y a respetar a nuestros interlocutores.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Tercera Iglesia: En casa de Caifás
Medita: Aquí Jesús tiene que oír cómo se tergiversan sus doctrinas. Cómo se aducen falsos testimonios en su contra. Cómo se le reta a proclamar que es Hijo de Dios, pero sin intención de reconocerle. Cómo Pedro niega conocerle. Cómo se le declara reo de muerte.
Oración: Jesús, tú eres la verdad y se amontonan mentiras para callarte. Has dicho: la verdad los hará libres y tienes que ver cómo la mentira nos esclaviza. Has dicho: ustedes son mis amigos y con qué facilidad te negamos. En ti somos hijos de Dios y qué pobreza la de nuestra vida. Te compadecemos, Jesús, por esas traiciones y te pedimos la gracia de ser tus testigos valientes, fieles a tu amor.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Cuarta Iglesia: En casa de Pilato
Medita: Jesús es acusado ante Pilato de malhechor, alborotador del pueblo, que prohíbe pagar el tributo al César y que se proclama rey. Pero Él también anuncia que todo el que es de la verdad escucha su voz. Lo que piden es que sea condenado a muerte.
Oración: Jesús, te proclamamos Cristo Rey, porque eres el único Rey de la Verdad, de la Vida y del Amor. Te compadecemos por la tristeza que tiene que darte el descaro con que te calumnian y por la ceguera con que juegan con las palabras salidas de tu boca. Te pedimos que limpies estos labios y estos corazones con los que te recibimos, y que nuestras vidas den testimonio de Ti.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Quinta Iglesia: En casa de Herodes
Medita: Herodes, curioso, pero sin compromiso, se alegra de ver a Jesús. Espera divertirse viéndole hacer algún milagro. Jesús guarda silencio ante la palabrería con que Herodes le halaga. Al no tener respuesta, le desprecia, se burla de Él, poniéndole una túnica blanca.
Oración: Jesús, Sabiduría del Padre, ahora guardas silencio. Por ti los sencillos y humildes han visto el poder de Dios y lo han celebrado con gozo grande. Ahora estás cabizbajo. Te agradecemos la lección que nos das, te compadecemos por el ultraje que recibes y te pedimos la gracia de hablar y callar oportunamente.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Sexta Iglesia: De nuevo en casa de Pilato
Medita: Pilato reconoce que Jesús ni es alborotador ni ha cometido delito alguno de los que le acusan. Como que quiere dejarle libre; pero claudica ante las presiones de los adversarios que han jurado acabar con Jesús porque les resulta incómodo, su conducta y sus enseñanzas chocan con sus intereses. Total: Jesús es condenado a muerte de cruz, flagelado, coronado de espinas.
Oración: Jesús, te compadecemos por las injusticias cometidas en este proceso al que fuiste sometido y en el que nosotros metimos nuestras manos. Compadecemos en ti a cuantos por ser fieles a la verdad y a la causa de Dios en sus hijos son tratados injustamente. Te pedimos la gracia de la piedad divina ante nuestras injusticias.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Séptima Iglesia: En el Santo Sepulcro
Medita: Jesús ha muerto en la cruz entre indecibles dolores, burlas, desprecios y abandonado de Dios. La Madre y los amigos que lo han acompañado en estos duros momentos, no han podido hacer nada. Unos amigos lo sepultan piadosamente. Se han cumplido las escrituras. Ahora a esperar el tercer día. Él, el poderoso en obras y palabras, ha dicho que resucitará.
Oración: Jesús, te acompañaremos en el silencio estos días, en la espera de que tu palabra germine en nuestros corazones y contigo resucitemos hombres y mujeres nuevos en tu Resurrección. Gracias, Padre Dios, tú siempre has escuchado a tu Hijo y así, vencedor de su muerte y de la nuestra, lo has resucitado.
Se rezan 3 Padrenuestros.
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Leer… Leer…. algo mas vas a  saber. 
LAS SIETE PALABRAS :
1. PADRE, PERDONALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Jesús nos pide perdonar a los que nos ofenden y nos da ejemplo. 
2. -EN VERDAD, TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO. Jesús ante el ladrón que muestra su fe en Él y que reconoce su pecado. 
3. -MADRE HE AHÍ A TU HIJO, HIJO HE AHÍ A TU MADRE. Dirigiéndose a la Virgen , y luego a Juan, nos confía a su Madre. 
4. -DIOS MIO, DIOS MIO, PORQUE ME HAS ABANDONADO. Jesús carga los pecados de la humanidad, no cometió pecado, se hizo pecador por nosotros, por eso la expresión. El pecado nos aleja de Dios. 
5. -TENGO SED. Jesús no sólo tiene sed porque está deshidratado, sino que también tiene sed de almas, que correspondan a su amor. 
6. -TODO ESTA CUMPLIDO. Jesús termina su misión, como el Padre se lo indica. 
7. -PADRE; EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. Jesús se abandona en los brazos de su Padre Dios

​MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: VIERNES SANTO

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: VIERNES SANTO. Tomado de “Meditaciones para todos los días del año – Para uso del clero y de los fieles” del Rev. Padre Andrés Hamon, cura de San Sulpicio
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE

Consagraremos nuestra meditación de mañana a considerar el Viernes Santo: 1° Como un día de amor; 2º Como un día de conversión. 

      

—Tomaremos en seguida la resolución: 1º De pasar este día en el recogimiento y en frecuentes aspiraciones de amor a Jesús crucificado; 2° De hacer en honor de la Cruz algunas pequeñas mortificaciones, juntamente con el sacrificio que más nos cueste. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Apóstol: “La caridad de Jesucristo me apremia, pensando que Él ha muerto por todos a fin de que los que viven no vivan para sí mismo”. 

     

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

         

Transportémonos en espíritu al Calvario; adoremos allí a Jesús enclavado en la Cruz por nosotros; y, a la vista de su cuerpo convertido en una sola llaga, dejemos desbordar de nuestros corazones la compasión, el agradecimiento, la contrición, la alabanza y el amor. 

       

PUNTO PRIMERO – EL VIERNES SANTO, DÍA DE AMOR
Contemplemos amorosamente al divino Crucificado desde los pies hasta la cabeza, desde el menor movimiento de su Corazón hasta sus más vivas emociones; todo nos obliga a amarle; todo nos dice: “Hijo mío, dame tu corazón”. Sus brazos extendidos dicen que nos abrazan a todos sin distinción; su cabeza, que no puede reposar sino sobre las espinas de que está erizada, se inclina hacia nosotros para darnos el beso de paz y de reconciliación; su pecho, desgarrado por los golpes, se levanta por los latidos del corazón lleno de amor; sus manos y pies, taladrados por los clavos; su vista apagada, sus venas desangradas, su boca seca por la sed, todas las llagas, en fin, que cubren su cuerpo, forman como un concierto de voces que nos dicen: “¡Ved cuánto os he amado!” ¡Ah! SI PENETRÁRAMOS EN ESE CORAZÓN, LO VERÍAMOS TODO OCUPADO EN CADA UNO DE NOSOTROS PARA AMAR; PIDIENDO MISERICORDIA POR NUESTRAS INGRATITUDES, NUESTRA FRIALDAD Y NUESTROS PECADOS; SOLICITANDO PARA NOSOTROS TODOS LOS SOCORROS DE GRACIAS QUE HEMOS RECIBIDO Y RECIBIREMOS; OFRECIENDO POR NOSOTROS A SU PADRE SU VIDA, SU SANGRE, TODOS SUS DOLORES INTERIORES Y EXTERIORES; EN FIN, CONSUMIÉNDOSE EN ARDORES INDECIBLES DE AMOR, SIN QUE NADA PUEDA DISTRAERLO. ¡Oh amor! ¿Sería demasiado morir de amor por tanto amor? ¡Oh buen Jesús!, os diré con San Bernardo, “Nada me enternece tanto, nada me abrasa y enciende en mi corazón en vuestro amor, como vuestra Pasión. Es ella la que me atrae más a Vos, la que me une más estrechamente, la que con más viveza me conmueve”. ¡Oh! ¡Cuánta razón tenía San Francisco de Sales al decir que el monte Calvario es el monte del amor; que es allí, en las llagas, donde las almas fieles encuentran la miel del amor; y en el Cielo mismo, después de la bondad divina, vuestra Pasión es el motivo más grande, más dulce y más poderoso para arrebatar de amor a los bienaventurados! Y yo, después de esto, ¡oh Jesús crucificado! ¿Podría tener otra vida que la de amaros? 

       

PUNTO SEGUNDO – EL VIERNES SANTO, DÍA DE CONVERSIÓN
PARA PROBAR A JESÚS CRUCIFICADO QUE LE AMO VERDADERAMENTE, ES PRECISO CONVERTIRME, ES DECIR, HACER MORIR AL PIE DE LA CRUZ TODO LO QUE HAY DE TERRENO EN MÍ, todas mis negligencias y todas mis tibiezas, todo mi amor propio y mi orgullo, todas las delicadezas, deseo de goces y placeres, tan enemigos de lo que mortifica o desagrada; la susceptibilidad, que de todo se resiente; el espíritu de crítica y la maledicencia, que de todo murmura; la ligereza, la disipación y el vagar del espíritu, que no quiere asentarse en el recogimiento; la intemperancia de la lengua, que lanza afuera todo lo interior; en fin, todo lo que es incompatible con el amor que pide a los suyos Jesús crucificado. Hay que sustituir todas estas malas inclinaciones por las sólidas virtudes que la Cruz nos enseña: La humildad, la mansedumbre, la caridad, la paciencia, la abnegación. Jesús nos pide todo esto, por todas sus llagas, como por otras tantas lenguas. ¿Podríamos rehusárselo? ¿Podría yo conservar mis apegos, cuando le veo desnudo en la Cruz? ¿Podría no hacer mi vestido de su desnudez, mi librea de sus oprobios, mi riqueza de su pobreza, mi gloria de su confusión, mis alegrías de sus padecimientos?

​DE LA ANUNCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

DE LA ANUNCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Tomado del Catecismo de San Pío X


136. ¿Qué se celebra en la fiesta de la ANUNCIACIÓN de la Santísima Virgen? – En la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen se celebra la embajada que le trajo el ángel San Gabriel anunciándole haber sido escogida para Madre de Dios.
137. ¿Dónde se hallaba la Santísima Virgen cuando se le apareció el ángel San Gabriel? – La Santísima Virgen, cuando se le apareció el ángel San Gabriel, se hallaba en Nazaret, ciudad de Galilea.
138. ¿De qué modo el ángel San Gabriel saludó a la Virgen María cuando se le apareció? – Cuando el ángel San Gabriel apareció a la Virgen María, le dirigió las palabras que decimos todos los días: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres.
139. ¿Qué hizo la Santísima Virgen al oír las palabras del ángel San Gabriel? – Al oír las palabras del ángel San Gabriel, la Santísima Virgen se turbó, oyéndose saludar con títulos tan nuevos y excelentes, de los cuales se juzgaba indigna.
140. ¿Qué virtudes mostró de un modo especial la Santísima Virgen al anuncio del ángel San Gabriel? – Al anuncio del ángel San Gabriel, la Santísima Virgen mostró de un modo especial: pureza admirable, humildad profunda, fe y obediencia perfectas.
141. ¿Cómo la Santísima Virgen María, al anuncio del ángel San Gabriel, dio a conocer su gran amor a la pureza? – Al anuncio del ángel San Gabriel dio a conocer la Santísima Virgen María su gran amor a la pureza con la solicitud de conservar la virginidad, solicitud que mostró al tiempo mismo que se veía destinada a la dignidad de madre de Dios.
142. ¿Cómo la Virgen María, al anuncio del ángel San Gabriel, dio a conocer su profunda humildad? – Al anuncio del ángel San Gabriel dio a conocer la Virgen María su profunda humildad con las palabras: He aquí la esclava del Señor, dichas mientras era hecha madre de Dios.
143. ¿Cómo la Virgen María, al anuncio del Ángel San Gabriel, mostró su fe y su obediencia? – Al anuncio del ángel San Gabriel mostró la Virgen María su fe y obediencia cuando dijo: Hágase en mí según tu palabra.
144. ¿Qué sucedió en el mismo punto en que la Virgen María dio el consentimiento para ser madre de Dios? – En el mismo punto en que la Virgen María dio el consentimiento para ser madre de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnó en sus entrañas, tomando cuerpo y alma, como tenemos nosotros, por obra del Espíritu Santo.
145. ¿Qué nos enseña la Santísima Virgen en su Anunciación? – La Santísima Virgen en su Anunciación: 1°, enseña en particular a las vírgenes que hagan grandísima estima del tesoro de la virginidad; 2°, enséñanos a todos a disponernos con gran pureza y humildad a recibir dentro de nosotros a Jesucristo en la sagrada comunión; 3°, enséñanos finalmente, a rendirnos con presteza al divino beneplácito.
146. ¿Qué hemos de hacer en la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen? – En la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen hemos de hacer tres cosas: 1ª, adorar profundamente al Verbo encarnado por nuestra salvación y darle gracias de tamaño beneficio; 2ª, congratularnos con la Santísima Virgen de la dignidad a que ha sido elevada de Madre de Dios, y honrarla Señora y Abogada nuestra; 3ª, determinarnos a rezar siempre con gran respeto y devoción la salutación angélica, comúnmente llamada Ave María.

La Encarnación 

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” 


Bendito seas Señor, Hijo de Dios,  que en este dulcísimo día siendo Omnipotente y Todopoderoso te humillaste haciéndote hombre, tan pequeño como nosotros, llegando a ser verdaderamente el último y el servidor de todos. 
“Bendita tu entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús”
Bendita sea María por siempre, a ti que en este dulcísimo día fue enviado el Ángel como presagio del divino Espíritu que te inundó para confeccionar de tu carne la carne del Hijo de Dios. ¡Bendita seas Virgen Inmaculada que sin perder la gloria de tu virgnidad engendraste en tu seno al Creador del Universo y llegaste a ser Madre de quien te dio la vida!

​BAJO LA VIRTUD DEL ALTÍSIMO

BAJO LA VIRTUD DEL ALTÍSIMO Un extracto del libro “Contemplaciones Marianas” de Dom Augustin Guillerand, O.Cart. (monje cartujo) para reflexionar sobre la Anunciación de la Santísima Virgen María (25 de marzo). Seguido por el Angelus en latín y español.  


“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y su poder te envolverá como una sombra”. Lc. 1:35. 
 Al abrigo de esta sombra, bajo el velo de lo alto, el gran misterio se cumplirá: el Hijo de Dios tomará la carne de tu carne. Y él será la santidad misma, el objeto sagrado, la realidad sagrada completamente libre de la creación caída que se unirá a ésta para así elevarla; y estará unido a Dios para restablecer nuestra unión con él.  
Así nacerá de María aquel a quien llamaremos el Hijo de Dios. Nacerá debido a una acción divina que será una misteriosa comunicación del pleno poderío de Dios. Y el agente de tal poder será el Espíritu Santo, el amor infinito. Todo procede de ahí.
La creación todopoderosa logrará realizar ahí su obra. El seno de esta Virgen pura entre todas, desprovista de todo y preparada por este desprendimiento para recibir al espíritu de amor, es el nuevo abismo en donde el Espíritu Santo hará surgir a la flor suprema y al sublime fruto de la tierra.  
Al igual que Adán, María está hecha del sedimento de la tierra. Toda creación inferior está en ella, y ella pondrá esta creación –obra del Espíritu de Dios- a disposición del Espíritu Santo, a fin de que éste pueda expresar la vida del Verbo hecho carne; y lo hará luego de haber manifestado sucesivamente las aguas superiores, las plantas, los animales y finalmente el cuerpo del hombre (Gn. 1:6 y ss.). Esta obra culmina en el hombre-Dios, quien anteriormente solo había sido esbozado. En ese momento se cierra el círculo que lo hizo partir de Dios y entrar en Dios. 
Este reingreso se hace en María y por María. Es ahí [en ella] que se enlazan todas las cosas, en este ser que está hecho de las cosas [creadas] y de Dios;  en donde las cosas y Dios no son sino uno, aunque lo son sin fundirse ni perderse. El vientre de María es el abismo en donde entra todo y desde donde todo sale renovado.
El Espíritu Santo la posee. Ella es su esposa porque es hija del Padre; y lo es de manera plena porque ella es hija del Padre: está a su servicio, a su disposición. Él es su amo, ella es su sierva (Lc. 1:38).
“He aquí la sierva del Señor. ”
He aquí porqué desde el principio se complació en María. Esperó por la voluntad de ella y no actuó sino después de haberla obtenido. Y obtiene su voluntad mediante una acción en la inteligencia de ella que logra iluminarla (ibíd. 1:29):
“Ella se preguntó lo que tal saludo podría significar.”
La Virgen reflexiona, se pregunta en su interior lo que significa tal saludo del ángel, de dónde es que viene. Y el Espíritu Santo se suma a esta reflexión, responde a la pregunta del espíritu de María y le concede la luz que ella reclama (ibíd. 1:30):
“No temas. ”
El ángel primero le asegura que todo será obra de Dios y le da una señal (ibíd. 1:36):
“Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez.” 
Le recuerda, además, el gran principio que domina toda la obra divina (ibíd. 1:37):
“No hay nada imposible para Dios.”
La interrogante que surge no es, por lo tanto, saber si se trata de algo normal o anormal sino si es Dios [o no], si la firma divina ha sido inscrita. La firma divina: ése es el milagro. El amor concede el milagro, luego reclama la adhesión, la sumisión. Le concede satisfacción a la razón y luego exige la entrega de la voluntad. Lo que la voluntad permite, el cuerpo lo realiza; es el instrumento que el Todopoderoso opera a su gusto.
                        + EL ANGELUS +
V. Angelus Domini nuntiavit Mariae.
R. Et concepit de Spiritu Sancto.
Ave Maria, gratia plena; Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui Iesus. * Sancta Maria, Mater Dei ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
V. Ecce ancilla Domini,
R. Fiat mihi secundum verbum tuum. 
Ave Maria, gratia plena; Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui Iesus. * Sancta Maria, Mater Dei ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
V. Et Verbum caro factum est,
R. Et habitavit in nobis.
Ave Maria, gratia plena; Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui Iesus.* Sancta Maria, Mater Dei ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen. 
V. Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix,
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi. 
Oremus. Gratiam tuam, quaesumus, Domine, mentibus nostris infunde; ut qui, Angelo nuntiante, Christi Filii tui incarnationem cognovimus, per passionem eius et crucem ad resurrectionis gloriam perducamur. Per eumdem Christum Dominum nostrum. R. Amen. 
Traducción al Español 
V: El Angel del Señor anunció a María. 
R: Y concibió por obra del Espíritu Santo. 
V: Dios te salve, María. Llena eres de gracia: El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. 

Y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús. 
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
 V: He aqui la esclava del Señor.

R: Hagase en mi segun Tu palabra. 
V: Dios te salve María….
R: Santa María…. 
V: Y el Verbo se hizo carne.
R: Y habito entre nosotros. 
V: Dios te salve María…. 
R: Santa María…. 
V: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. 
V: Oremos. R. Derrama, Señor, Tu gracia en nuestros corazones; que habiendo conocido la Encarnación de Cristo, Tu Hijo, por la voz del Angel, por los meritos de Su Pasión y cruz seamos llevados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Cristo, Nuestro Señor. Amén.

​“Pidan y Dios les dará.” (Mateo 7, 7)

“Pidan y Dios les dará.” (Mateo 7, 7)


¡Qué magnífica promesa! Jesús nos dice en forma inequívoca que Dios nos concederá cualquier cosa que le pidamos en oración, si lo hacemos con fe e insistencia. Dios es sumamente generoso y está constantemente dando sin límite; pero al mismo tiempo, quiere que aprendamos a pedir, buscar y llamar a la puerta. ¿Por qué? ¿Será porque le gusta vernos luchar para conseguir su gracia? ¡No, en absoluto! Es porque sabe que en el proceso de pedir con persistencia y confianza, aprendemos a derribar las barreras de la incredulidad, la desconfianza y el desánimo.
Cuando tú le pides algo a Dios, ¿lo haces con persistencia o pronto te das por vencido? ¿Te parece que Dios no ha contestado tus oraciones? Es normal pensar así; a todos nos parece que a veces Dios no nos responde con la rapidez o claridad que quisiéramos. Pero cuando una respuesta se demora en llegar, hemos de recordar que Dios ve hasta la eternidad; nosotros apenas vemos algo del aquí y ahora.
Todo padre o madre sabe que para la formación del carácter de sus hijos es útil que ellos aprendan a resolver sus propias dificultades reconociendo qué es lo que conviene y lo que necesitan hacer. También es cierto que nuestro Padre celestial no desea “mimarnos”, dándonos bienes demasiado pronto ni otorgándonos cosas que a la larga nos resultarán perjudiciales.
Tomemos en serio lo que Jesús nos dice. Si perseveramos, Dios contestará todas nuestras peticiones, con respuestas que a veces son sutiles o que se van revelando a través del tiempo; o bien, pueden ser inesperadas y presentarse de repente. Pero de cualquier manera que lleguen las respuestas, hemos de tener la seguridad de que podemos presentarle nuestras necesidades al Señor y él nos responderá como un Padre que nos ama; es decir, dándonos aquello que realmente nos ayude a crecer más espiritualmente.
Lo que más quiere nuestro Padre es nuestra salvación. Por eso, de lo que podemos estar seguros es que, sea lo sea que Dios decida concedernos, sus bendiciones serán muy superiores a cualquier cosa que hayamos pedido o imaginado.
“Padre eterno, que siempre colmas a tus hijos de grandes bendiciones, sabemos que estás dispuesto a darnos todo lo que realmente necesitamos en esta vida. Que toda la familia de tu Pueblo te dé gracias y te alabe ahora y por siempre. Amén.”

P Carlos G Rosales

​MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA  

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA  

Tomado de “Meditaciones para todos los días del año – Para uso del clero y de los fieles” del Rev. Padre Andrés Hamon, cura de San Sulpicio


RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE

Meditaremos mañana: 1° En la santidad del tiempo de Cuaresma; 2° En los medios de santificar este tiempo.

    

—Tomaremos en seguida la resolución: 1º De guardar mejor nuestro corazón y nuestros sentidos contra el pecado y la disipación; 2° De dedicarnos en este tiempo a la reforma del defecto que sea más importante corregir en nosotros. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Pablo: “Llegado es el tiempo favorable, llegado es el día de la salvación”.

    

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

      

Transportémonos en espíritu al desierto, donde Jesús pasa cuarenta días y cuarenta noches. Contemplémosle abismado delante de la majestad de Dios, su Padre, postrado de rodillas, a menudo con su rostro en tierra, derramando su alma, ya en adoraciones, homenajes y acciones de gracias, ya en súplicas, para obtener de su Padre misericordia en favor de los pobres pecadores y agregando a sus súplicas, hechas con lágrimas en los ojos, una mortificación incomparable, pues en estos cuarenta días no bebe ni come, no tiene otra cama que las rocas y la tierra desnuda, ni otro abrigo que la bóveda celeste. Rindámosle en este estado nuestros homenajes de adoración, de admiración, de reconocimiento y de amor.

     

PUNTO PRIMERO – SANTIFICACIÓN DEL TIEMPO DE CUARESMA

Desde luego, Nuestro Señor nos lo enseña con su ejemplo. Aunque su vida fue siempre eminentemente santa, le da durante estos cuarenta días un carácter exterior de santidad completamente especial. 1° PASA SUS DÍAS EN RETIRO; en lo cual quiere decirnos que pasemos nosotros un santo recogimiento, condición necesaria para oír a Dios en el fondo del corazón, estudiarle y conocerle, amarle y gozarle; y al mismo tiempo, con un espíritu de reflexión, condición no menos necesaria para conocernos a nosotros mismos y reformarnos; 2º PASA ESTE TIEMPO EN ORACIÓN, para decirnos que debemos ser más fieles en nuestros ejercicios de piedad y orar más y con más fervor; 3° SE SOMETE EN ESTE TIEMPO A LA MORTIFICACIÓN MÁS RIGUROSA, para hacernos comprender que es necesario, durante la Cuaresma, morir a la sensualidad y a los goces y placeres, aceptar las privaciones impuestas por la Iglesia y hacer verdadera penitencia. De esta suerte Nuestro Señor con su ejemplo nos enseña la santidad del tiempo de Cuaresma; y esta enseñanza del Salvador está confirmada con la de la Iglesia. Pues ¿por qué esas predicaciones más frecuentes, esos ejercicios religiosos más numerosos? ¿Por qué esas privaciones obligatorias, sino para decirnos que es necesario santificar esos días por la penitencia? ¡Oh! ¡Bendita sea la Iglesia por esta enseñanza! En el transcurso de la vida olvidamos tan fácilmente la penitencia, que tenemos gran necesidad de que cada año se nos hable de ella, porque nos es indispensable, sea para expiar nuestros pecados, sea para evitar las recaídas, a las cuales nuestra debilidad nos lleva infaliblemente. A estas enseñanzas sobre la obligación de pasar santamente la santa Cuaresma, añádese una razón poderosa, sacada de los grandes misterios de la pasión y resurrección del Salvador, para los cuales la Cuaresma sirve de preparación, pues el fruto de estos misterios debe ser la muerte a nosotros mismos y una vida nueva toda en Dios y por Dios; estos misterios sólo producirán estos frutos en nosotros, si la Cuaresma es verdaderamente santa. Recibiremos la abundancia de gracias agregadas a su celebración, si llegamos bien dispuestos al fin de la santa Cuaresma; pero, por el contrario, no tendrá esto lugar, si tenemos la desgracia de pasar días tan santos en la disipación y la irreflexión, en la cobardía y la tibieza. Comprendamos bien la santidad de este tiempo y la necesidad de pasarlo mejor, si cabe, que los tiempos ordinarios del año.

       

PUNTO SEGUNDO – MEDIOS DE SANTIFICAR LA CUARESMA

1° Es necesario dedicarnos más a la perfección de nuestras acciones ordinarias durante estos santos días, hacer mejor nuestra oración y demás ejercicios espirituales, emplear mejor nuestro tiempo y vigilar más nuestras palabras; dar a cada una de nuestras acciones una perfección mayor y ofrecérselas a Dios en unión de la penitencia de Jesús en el desierto, en expiación de nuestros pecados y de los pecados de todo el mundo.

    

2º Es necesario ser puntual en el ayuno y abstinencia que prescribe la Iglesia, o si no se puede o se ha obtenido dispensa, es necesario suplirlos por la mortificación interior, haciendo ayunar la voluntad por el espíritu de abstinencia y de privación; el carácter, por una suavidad siempre igual; el paladar, por la privación de ciertas sensualidades de ninguna manera necesarias; los ojos, por la modestia de las miradas; todo el cuerpo, por la modestia de la postura y del andar; del interior, en fin, por la supresión de pensamientos inútiles, imaginaciones vanas, deseos desordenados por los cuales el corazón se deja llevar, si no se le sujeta, Estas mortificaciones no hacen mal ni a la cabeza ni al pecho, y hacen gran bien al alma.

   

3° Es necesario sobrellevar de buena gana las cruces que Dios nos envía, como las enfermedades, el soportar los caracteres, defectos y voluntades contrarias.

    

4° En fin, nos es necesario determinar un defecto especial que trataremos de reformar durante la Cuaresma. Este es, dice San Crisóstomo, el mejor de todos los ayunos, porque sus frutos son durables, no solamente por todo el año, sino hasta la eternidad. ¿Estamos bien resueltos a abrazar estos diversos géneros de mortificación? Tengamos valor para decidirnos.

​LA CENIZA

LA CENIZA Tomado del libro “La Flor de la Liturgia” del Rev. Padre Andrés Azcárate, O.S.B.  Seguido por “O Sol Salutis, Intimis”, himno de Laudes para el Tiempo de Cuaresma. 


 La ceniza es símbolo de la caducidad de la vida y de todo lo material, y, por lo mismo, de dolor, de penitencia, de arrepentimiento, de gran aflicción. En la Biblia la expresión “cubrirse de ceniza y de cilicio” es sinónimo de amarga penitencia y de muy gran duelo. Todos estos significados entraña la ceniza, que la Iglesia bendice e impone a los cristianos al comienzo de la Cuaresma. En una de las oraciones de la bendición del Miércoles de Ceniza se dice expresamente que se la recibe sobre las cabezas “en señal de la humildad cristiana y como prenda del perdón que se espera”, que es, precisamente, lo que la Iglesia quiere expresar con ese rito.
O SOL SALUTIS, INTIMIS
O sol salutis, intimis,

Jesu, refulge mentibus,

Dum, nocte pulsa, gratior

Orbi dies renascitur.
Dans tempus acceptabile,

Da lacrimarum rivulis

Lavare cordis victimam,

Quam laeta adurat caritas.
Qua fonte manavit nefas,

Fluent perennes lacrimae,

Si virga poenitentiae

Cordis rigorem conterat.
Dies venit, dies tua,

In qua reflorent omnia:

Laetemur et nos, in viam

Tua reducti dextera.
Te prona mundi machina,

Clemens, adoret, Trinitas,

Et nos novi per gratiam

Novum canamus canticum.
TRADUCCIÓN EN ESPAÑOL
Jesús, sol de salvación,

Brilla en nuestro interior

Cuando, vencida la noche,

Nace un nuevo día para el mundo.
Ya que nos das un tiempo de gracia,

Danos también ríos de lágrimas,

Para lavar la ofrenda del corazón

Que presenta con gozo la caridad.
Hoy brotarán lágrimas sin fin

De la fuente de nuestros pecados,

Pues la vara de la penitencia,

Quiebra el corazón endurecido.
Llega el día, llega tu día,

Y todas las cosas se renuevan:

Alegrémonos también nosotros,

Vueltos al buen camino por tu diestra.
El universo mismo, de rodillas,

Te adora, Trinidad clemente,

Y nosotros, renovados por la gracia,

Cantaremos un cántico nuevo.