​SOBERBIA Y HUMILDAD

SOBERBIA Y HUMILDAD – por San Alfonso María de Ligorio


El soberbio es como un globo henchido de aire, que a sí mismo se considera como algo muy grande, aun cuando, en realidad, toda su grandeza se reduzca a un poco de viento, que, roto el globo, se desvanece súbitamente. Quien ama a Dios es verdaderamente humilde y no se engríe con sus cualidades personales, porque sabe que cuanto tiene, todo es don de Dios, y si algo tiene de sí es la nada y el pecado. Por consiguiente, cuanto más señaladas mercedes re­cibe de Dios, más se humilla, viéndose tan in­digno y tan favorecido por El.
Santa Teresa decía, hablando de las gracias especiales que Dios le había hecha: «Dios se las ha conmigo como se hace con una casa, que se la apuntala cuando amenaza ruina. Cuando el alma recibe la amorosa visita de Dios sintien­do en sí ardores extraordinarios de caridad, acompañados de lágrimas y de gran ternura de corazón, guárdese muy bien de creer que todo ello es recompensa y premio de sus buenas obras, humíllese entonces más y tenga por cierto que, si Dios la regala, es para que no le abandone. De lo contrario, si por tales mercedes se levan­tasen en el alma humos de vanidad, juzgándose más favorecida, porque es más fiel que las de­más en el servicio de Dios, esta falta de humil­dad sería suficiente para privarla de tales fa­vores. Para que se conserve la casa son necesarias dos cosas: los cimientos y el techo; los cimien­tos deben ser para nosotros la humildad, reco­nociendo que nada valemos ni nada podemos, y el techo, la divina protección, en la cual tan sólo hemos de confiar.»
Mientras más favorecidos nos veamos de Dios, más nos debemos humillar. Santa Teresa, cuan­do recibía una gracia especial, traía a la memo­ria sus pasadas culpas, y el Señor entonces la unía a sí con más estrecho lazo de amor, porque, cuando el alma se confiesa más indigna del fa­vor divino, tanto más la enriquece Dios de sus gracias. Tais, primero pecadora y luego Santa, se humillaba tanto ante Dios, que se creía in­digna hasta de nombrarlo, por lo que no se atre­vía a decir: Dios mío, sino que decía: Crea­dor mío, tened piedad de mí. Y escribe San Jerónimo que, debido a tal humildad, le pre­paraban en el cielo un magnífico trono. Igual­mente se lee en la vida de Santa Margari­ta de Cortona que, visitándola cierto día el Señor con mayores ternuras de amor que las acostumbradas, ella se puso a exclamar: «Pero ¿cómo, Señor, os habéis olvidado de lo que he sido? ¿Cómo me pagáis con tantas finezas las injurias que os he hecho?» Y Dios le respondió que, cuando el alma le ama y se arrepiente sinceramente de haberle ofendido, El se olvida de todas las ofensas recibidas, como había dicho por Ezequiel: Si el impío se convierte de todos sus pecados que cometió y observa todos mis pre­ceptos…. ninguno de los pecados que cometió le será recordado Y en prueba de ello la hizo ver el trono que le tenía aparejado en el cielo, rodeado de serafines. ¡Ojalá llegáramos a com­prender el valor de la humildad! Un acto de hu­mildad vale más que la conquista de todas las riquezas del mundo.
Decía Santa Teresa: «Vuestro entender, hijas, si estáis aprovechadas, será en si entendiere cada una es la más ruin de todas., y esto que se en­tienda en sus obras que lo conoce así»; así lo hacía la Santa: y así lo hacían todos los santos. San Francisco de Asís, Santa María Magdale­na de Pazzi y el resto de los santos se tenían por los mayores pecadores del mundo, y se ex­trañaban de que la tierra los sostuviese y no se abriera para tragarlos, y esto lo decían de todas veras. Hallándose próximo a la muerte el Beato Juan de Ávila, que vivió desde pequeñito vida santa, acercóse a él un sacerdote para asistirlo y le sugería cosas muy elevadas y sublimes, tra­tándolo como a gran siervo de Dios y persona docta como era; pero el P. Ávila exclamó: «Ruégole, padre, me asista como a criminal conde­nado a muerte, pues no soy otra cosa.» Tal es el concepto que en vida y en muerte tienen de sí los santos.
Así debemos obrar también nosotros si que­remos salvarnos y conservar la gracia de Dios hasta la muerte, poniendo en El solamente nues­tra confianza. El soberbio fíase de sus fuerzas, y por eso cae; pero el humilde, porque en solo Dios confía, aunque le asalten las más vehemen­tes tentaciones, mantiénese firme y no sucumbe, diciendo: Para todo siento fuerzas en aquel que me conforta. El demonio una vez nos tienta de presunción, otra de desconfianza; cuando nos as­gura que no hemos de temer las caídas, enton­ces es cuando hemos de temer, porque, si el Se­ñor dejara un solo instante de socorrernos con su gracia, entonces es cuando estaríamos perdi­dos. Y cuando nos tiente de desesperación, po­niendo los ojos en Dios, hemos de decirle: A ti, Señor, me acojo; no quede para siempre confundi­do ni privado de vuestra gracia. Estos actos de desconfianza en nosotros mismos y de con­fianza en Dios hemos de ejercitarlos hasta el pos­trer instante de nuestra vida, rogando siempre al Señor que nos dé la santa humildad.
Mas para ser humilde no basta sentir baja­mente de sí y tenerse en poco y por hombres miserables; el verdadero humilde, dice Tomás de KempisAquino que, cuando uno se ve despreciado., si se resien­te, por más milagros que haga., téngase por cier­to que anda muy lejos todavía de la perfección. La divina Madre ordenó a San Ignacio que ins­truyese en la humildad a Santa María Magda­lena de Pazzi, y el Santo le dijo: «La humildad consiste en gozarse de cuanto redunda en nues­tro propio desprecio.» Nótese que dice gozarse, porque., aun cuando la parte inferior se resista cuando nos desprecian, por lo menos en espíri­tu debemos alegrarnos.
Y ¿cómo es posible que el alma que ama a Jesucristo no se goce en los desprecios, viendo a su Dios aguantando las bofetadas y salivas que en su rostro recibió durante su pasión? Entonces escupieron en su rostro y le dieron de puñadas, y otros le abofetearon. Al considerar esto, ¿có­mo podrá dejar de amar los desprecios? Con este fin quiso nuestro Redentor que fuese expuesta en nuestros altares su imagen, no ya en forma gloriosa, sino crucificada, para que tuviésemos siempre ante los ojos sus desprecios, ante los cuales los santos se gloriaban viéndose despre­ciados en esta tierra. Esta fue la petición que San Juan de la Cruz dirigió a Jesucristo cuando se le apareció con la cruz a cuestas: «Señor, pa­decer y ser despreciado por vos.» Viéndote a ti, Señor, despreciado, por amor mío, no te pido más que padecer y ser despreciado por tu amor.
Decía San Francisco de Sales que «el soportar los oprobios es la piedra de toque de la humil­dad y de la verdadera virtud». ¿Qué decir de una persona que pasa por espiritual, hace ora­ción, comulga frecuentemente, ayuna y se mor­tifica, y, a vuelta de todo eso, no puede sopor­tar una afrenta ni una palabrilla punzante? Que es una caña hueca, vacía de humildad y de vir­tud. Y ¿qué sabrá hacer el alma amante de Je­sucristo si no sabe afrontar una afrenta por el amor de quien tantas afrontó por ella? En la Imitación de Cristo escribió Kempis: «Pues tanto horror tienes a las humillaciones, señal es de que no estás muerto al mundo, ni eres hu­milde, ni tienes a Dios ante los ojos. Quien no tiene siempre ante la vista a Dios, a la menor palabra de censura se turba.» No tienes valor para sufrir por Dios bofetadas y heridas; so­porta al menos cualquier palabrilla.
¡Qué admiración y escándalo no causa la per­sona que comulga frecuentemente y luego se turba e irrita por una palabra despectiva! Por el contrario, ¡cómo edifica el alma que a los desprecios responde con palabras bondadosas, para aplacar al ofensor, o no responde ni se lamenta con los demás, sino que permanece con rostro serena, sin rastro de amargura! Dice San Juan Crisóstomo que el humilde es útil para sí y para los demás, por el buen ejemplo que les da de mansedumbre en los desprecios.
Tomás de Kempis, volviendo sobre esta ma­teria, indica muchas ocasiones en las cuales de­bemos humillamos. «Lo que dicen los otros —es­cribe— será oído; lo que dices tú será contado por nada; pedirán los otros, y recibirás; pedi­rás tú, y no conseguirás. Los demás serán en­salzados en boca de los hombres, y de ti nadie dirá nada; a los otros se encomendará esto o aquello, y a ti no se te tendrá por útil para nada. Por estas pruebas hace Dios pasar a sus siervos, para ver hasta dónde llega el renuncia­miento propio y la confianza en El. Por eso gemirá a las veces la naturaleza, y no hará poco si sufriere callando.»
«Humilde es de verdad —decía Santa Juana de Chantal— quien, viéndose humillado, se hu­milla más.» Y, en efecto, el verdadero humilde no juzga ser lo debidamente humillado como me­rece. A los que esto hacen, llámalos Jesucristo bienaventurados, y no a quienes el mundo estima, honra y alaba por nobles, doctos o poderosos; para los maldecidos, perseguidos y calumniados del mundo, para quienes todo lo sufren paciente­mente, está reservada gran recompensa en los cielos.
De especial manera hemos de practicar la hu­mildad cuando nuestros superiores u otro cual­quiera nos corrigen de un defecto. Personas hay que se parecen a los erizos: mientras no se les toca, parecen apacibles y mansos; pero, no bien el superior o el amigo les corrigen de algún defecto, enseñan al instante todas sus púas, responden destempladamente, o que no es cierto o que han tenido sus razones para obrar de aque­lla manera, por lo que no haya para qué amonestarles de aquella forma; en una palabra, mi­ran como a enemigo a quien les reprende, imitando a quienes se irritan contra el cirujano porque les hace sufrir al curarles la llaga. «Esto es airarse contra quien le hace la cura», dice San Bernardo. El varón santo y humilde, dice San Juan Crisóstomo, cuando le corrigen, llora el error cometido, al paso que el soberbio llora también, pero llora porque aparece su defecto; por eso pierde la serenidad y por eso responde y se revuelve contra el que le amonesta. He aquí la excelente regla de conducta que dio San Feli­pe Neri para cuando uno se vea acusado: «El que verdaderamente quiere hacerse santo-—decía— jamás debe excusarse, aun cuando sea falsa la inculpación que se le hiciere.» Solamen­te esta regla padece una excepción, y es cuan­do la defensa se juzga necesaria para atajar el escándalo. ¡Qué de méritos atesora ante Dios el alma que es reprendida y, aun cuando sea in­justamente, guarda silencio y no se defiende! «Más levanta una cosa de éstas a las veces—de­cía Santa Teresa—que diez sermones…, por­que se comienza a ganar libertad y no se da más que digan mal que bien, antes parece es nego­cio ajeno.»

​DE LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

DE LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Tomado del Catecismo Mayor de San Pío X


105. ¿Cuándo celebra la Iglesia la fiesta de la Santísima Trinidad? – La Iglesia honra a la Santísima Trinidad todos los días del año, y principalmente los domingos; pero le hace una fiesta particular el primer domingo después de Pentecostés.
106. ¿Por qué el primer domingo después de Pentecostés celebra la Iglesia esta fiesta particular de la Santísima Trinidad? – El primer domingo después de Pentecostés celebra la Iglesia esta fiesta. particular de la Santísima Trinidad, para darnos a entender que el fin de los misterios de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo ha sido llevarnos al conocimiento de la Santísima Trinidad y a su adoración en espíritu y verdad.
107. ¿Qué quiere decir Santísima TRINIDAD? – Santísima Trinidad quiere decir: Dios uno en tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
108. Siendo Dios espíritu purísimo, ¿por qué se representa la Santísima Trinidad en forma visible? – Dios es espíritu purísimo; pero las tres Personas divinas se representan bajo ciertas imágenes para darnos a conocer algunas propiedades o acciones que se les atribuyen a la manera con que algunas veces han aparecido.
109. ¿Por qué Dios Padre se representa en forma de anciano? – Dios Padre se representa en forma de anciano para significar la eternidad divina y porque Él es la primera Persona de la Santísima Trinidad y el principio de las otras dos Personas.
110. ¿Por qué el Hijo de Dios se representa en forma de hombre? – El Hijo de Dios se representa en forma de hombre porque es también verdadero hombre, por haber tomado la naturaleza humana por nuestra salvación.
111. ¿Por qué el Espíritu Santo se representa en forma de paloma? – El Espíritu Santo se representa en forma de paloma porque en esta forma bajó sobre Jesucristo, cuando fue bautizado por San Juan.
112. ¿Qué hemos de hacer en la fiesta de la Santísima Trinidad? – En la fiesta de la Santísima Trinidad hemos de hacer cinco cosas: 1ª, adorar el misterio de Dios uno y trino; 2ª, dar gracias a la Santísima Trinidad por todos los beneficios temporales y espirituales que de Ella recibimos; 3ª, consagrarnos totalmente a Dios y rendirnos del todo a su divina Providencia; 4ª, pensar que por el Bautismo entramos en la Iglesia y fuimos hechos miembros de Jesucristo por la invocación y virtud del nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 5ª, determinarnos a hacer siempre con devoción la señal de la Cruz, que expresa este misterio, y a rezar con viva fe e intención de glorificar a la Santísima Trinidad aquellas palabras que tan a menudo repite la Iglesia: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu. Santo.

​NOVENA A SAN PEREGRINO, PATRÓN DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER. Fiesta: 1 de mayo

NOVENA A SAN PEREGRINO, PATRÓN DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER. Fiesta: 1 de mayo

ORACIONES INICIALES
Invocación al Espíritu Santo: Ven oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu divino amor. Envía vuestro Espíritu y serán creadas todas las cosas. Y se renovará la faz de la tierra.
Oración: Oh Dios que os habéis dignado instruir los corazones de vuestros fieles con las luces del Espíritu Santo, os pedimos que por este mismo Espíritu sepamos obrar rectamente, y nos alegremos con su celestial consuelo, por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.
Oración preparatoria. Señor mío Jesucristo que deseas que San Peregrino sea invocado como Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras y a quienes prometes curar por su intercesión. Os doy gracias Señor, por vuestra compasión para la humanidad doliente y por concedernos vuestra misericordia por intercesión de vuestro siervo San Peregrino. Concédenos que sus ruegos ayuden a tantas almas que sufren afligidas en sus cuerpos el terrible mal del cáncer o de úlceras y os encomiendo en especial (aquí se nombra por quien o quienes se reza en particular esta novena).

 

Benignamente dígnate Señor escuchar las súplicas de San Peregrino, así como las de Vuestra Santísima Madre, Salud de los enfermos, en favor de aquellos que encomendamos a la compasión y amor de vuestro Sacratísimo Corazón. Dadles paciencia para sufrir su aflicción y resignación a vuestra divina voluntad. Dadles el consuelo que necesitan, especialmente la curación que tanto anhelan, si es vuestra santa voluntad. Concedednos que todos adoremos e imitemos tus sagrados dolores con verdadero amor para que podarnos merecer un día la recompensa eterna de estar con Vos en la gloria que vives y reinas con el Padre en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Amén.    
Rezar a continuación la oración del día que corresponda: 
DÍA PRIMERO [Ir al principio de esta página]
Oh glorioso San Peregrino, perfecto modelo de virtud, tú que tan prontamente respondiste al divino llamamiento dejando honores, comodidades y riquezas de este mundo, cuando postrado ante una imagen de María Santísima en la Catedral de Forlí implorabas su poderosa intercesión y fuiste llamado por Ella para que fueras su Siervo, obtenme, te lo suplico, que corresponda prontamente a todas las inspiraciones divinas, que desprendido de todos los bienes y placeres de este mundo, esté siempre listo a cumplir su divina voluntad. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA SEGUNDO 
Oh venturoso San Peregrino que por vuestra prontitud y fervor en responder el divino llamamiento mereciste recibir un ángel como guía en vuestro camino a Siena cuando ibais a rogar ser admitido entre los Siervos de María; obtenme, te lo suplico, que yo sea asistido por mi buen ángel en todos mis trabajos y sea iluminado, guiado y dirigido por él en mi camino a la vida eterna. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA TERCERO 
Que acepto al cielo, ¡oh glorioso San Peregrino! fue el sacrificio que hicisteis de vuestra alma y cuerpo a Dios, abrazando la pobreza evangélica en la vida religiosa, renunciando vuestra propia voluntad y los placeres sensibles. Dios se dignó demostraros cuán aceptado había sido este renunciamiento vuestro cuando recibiendo la sagrada librea de Siervo de María milagrosamente se vio sobre vuestra cabeza una bola de fuego, emblema de eminente santidad con que brillaríais en la Iglesia de Jesucristo. Obtenme, os lo ruego, ¡oh gran santo! participar de este santo fuego, que consuma en mí todo afecto terrenal para que yo pueda desear y buscar sólo el amor de mi Dios. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA CUARTO 
¡Oh San Peregrino! fiel Siervo de María, cuán generosamente perseveraste en el verdadero camino de la virtud y de la santidad. Constante en la oración, rígido en el ayuno y abstinencia, austero para domeñar tu cuerpo, fuiste para tus hermanos ejemplo viviente de penitencia. Arrepentido una vez por todas de los pecados de tu juventud, aborreciste el pecado mereciendo vivir siempre puro hasta el fin de tus días en la tierra. Pueda yo imitarte, ¡oh glorioso santo! y sinceramente arrepentido de mis graves pecados, obtenme por tu intercesión, de mi Dios misericordia y perdón y la gracia de no perecer al imperio de mis bajas pasiones; que, constante en mis resoluciones, sirva siempre a mi Dios para continuar fiel hasta la muerte y merecer la corona de la vida eterna. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA QUINTO 
Humilde San Peregrino, grande en verdad fueron tus méritos cumpliendo rigurosamente los más serviles deberes para con tus hermanos. No habríais llegado a la dignidad sacerdotal si no hubierais tenido que cumplir, por el voto de obediencia, la orden de tus superiores. Obtenme, te lo suplico, verdadera humildad de corazón para que libre de los honores y placeres del mundo, mi vida pueda esconderse con Cristo en Dios y sea así digna de su gracia y gloria en el Cielo. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA SEXTO
¡Oh San Peregrino! cuya paciencia fue tan admirable que sufriste, sin murmurar jamás, las contradicciones e insultos de los hombres, y no contento con tus rigurosas penitencias, pedíais al Señor mayores sufrimientos que soportaste en silencio: el agudo dolor de una úlcera incurable dada por Dios como respuesta a tus muchas oraciones y peticiones por sufrimientos. ¡Cuán amorosamente nuestro Creador recompensó tu fe y largos sufrimientos, cuando en milagro, como jamás se había oído, el curó esa cruel úlcera tocándola con su divina mano! Otórgamelo te lo suplico, que yo también practique la paciencia y mortifique mis sentidos como expiación por mis pecados y así pueda participar de aquellos consuelos que vos ya gozáis en el paraíso eterno. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA SÉPTIMO
Oh bendito apóstol San Peregrino, lleno de celo por la conversión de los pecadores e incansable predicador de la palabra divina, vos que llevasteis tantas almas al camino de la penitencia promoviendo la gloria y honor de Dios en todo el mundo y que el Señor se dignó confirmar con estupendos milagros. Obtenme, te lo suplico, que no contento con trabajar para mi propia salvación, pueda también hacerlo para la santificación de otras almas por medio del buen ejemplo, constante oración, buenos consejos y apostolado incansable. Qué feliz fuera si yo pudiera extender la gloria de Dios en la tierra y así tener mi parte con vos y todos los santos en la eterna gloria. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA OCTAVO
Oh Dios que diste a San Peregrino un ángel por compañero, a María Santísima por Maestra y a Jesús por médico de su terrible enfermedad, otórganos, te lo pedimos, por los méritos de San Peregrino, que amemos ardientemente aquí en la tierra a nuestro ángel custodio, a nuestra Madre Inmaculada y a nuestro Divino Salvador para en el Cielo bendecirlos por toda la eternidad. Te lo suplicamos por los méritos de Jesucristo Señor nuestro. Amén. Concluir con las oraciones finales.
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DÍA NOVENO 
Oh Dios Todopoderoso, benigno escucha las plegarias que te elevamos en honor de San Peregrino, vuestro amante siervo y patrón de los que padecen de cáncer, para que nosotros, que no podemos confiar en nuestros propios méritos, podamos recibir tu misericordioso auxilio en nuestras necesidades por la intercesión de tu Siervo cuya vida fue tan entregada a Vos. Te pedimos esta gracia por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. Concluir con las oraciones finales.

    
ORACIONES FINALES
Oración a Nuestra Madre Dolorosa. Oh mi muy amada Madre María, Madre de los Dolores, miradme, soy vuestro hijo, postrado en oración a vuestros pies. He venido a suplicarte este favor especial por intercesión de vuestro fiel Siervo San Peregrino. (Se hace la petición).
Oh Madre Dolorosa, te ruego presentes mi petición a vuestro Divino Hijo. Si vos intercedéis por mí no la rechazará. Yo sé, mi buena Madre, que Vos deseáis que yo acepte en todo la voluntad de Dios. Por esto con confidencia de hijo me abandono a la santa voluntad de Dios. Si lo que pido no conviene me sea concedido, hazme digno de recibir aquello que sea de mayor beneficio a mi alma. Dulce Madre Dolorosa, yo os amo, yo pongo toda mi confianza en Vos, pues vuestros ruegos ante Dios son muy poderosos. Por la mayor gloria de Dios, en nombre de Cristo y por intercesión de San Peregrino, a quien Vos llevasteis a la santidad, oídme y concededme lo que os pido. Amén.
 
Oración a San Peregrino. Oh San Peregrino, a quien la Santa Madre Iglesia ha declarado Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras, vengo con gran confianza para que me ayudes en la presente enfermedad (se nombra). Mira que afligido en el cuerpo y en el alma ya mi valor comienza a decaer y la impaciencia y la tristeza me oprimen, por eso te ruego intercedas por mí Buen San Peregrino, pídele a Dios me alivie de esta enfermedad si es su Santa Voluntad. Aboga ante la Santísima Virgen de los Dolores, a quien vos amasteis tan tiernamente y en unión de quien sufristeis los dolores del cáncer, para que ella me ayude con su poderosa súplica y dulce consuelo.
Mas, si es la voluntad de Dios que yo sufra esta enfermedad, obtenme valor y fortaleza para aceptar con resignación y paciencia todas estas pruebas de la amorosa mano de Dios. Puedan estos sufrimientos llevarme a una vida mejor y me permitan expian mis pecados y los pecados del mundo.
San Peregrino, ayudame a imitante en tu sufrimiento, a unirme a Jesús Crucificado y a su Madre Dolorosa y a ofrecer mis penas y dolores a Dios con todo el amor de mi corazón para su gloria y la salvación de las almas, especialmente de la mía. Amén.

8 DATOS POCO CONOCIDOS SOBRE SAN JOSÉ

*8 DATOS POCO CONOCIDOS SOBRE SAN JOSÉ, PATRONO DE LOS TRABAJADORES*

*El 1 de mayo es el Día Mundial de Trabajo que coincide con la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores y padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo. En la siguiente lista se presentan 8 datos que quizá no conozca acerca de San José:*
*1) No hay palabras suyas en las Sagradas Escrituras:* 

¡Él protegió a la Inmaculada Madre de Dios y ayudó a criar al Señor del Universo! Sin embargo, no hay ninguna cita de él en los Evangelios. Más bien, fue un silencioso y humilde servidor de Dios que desempeñó su rol cabalmente.
*2) Fue muy poco mencionado en el Nuevo Testamento:* 

San José se menciona en Mateo, Lucas, una vez en Juan (alguien llama a Jesús “el hijo de José”) y eso es todo. Él no es mencionado en Marcos o en el resto del Nuevo Testamento.
*3) Su salida de la historia de los Evangelios no es explicada en la Biblia:* 

Es una figura importante en los relatos de la Natividad del Señor en Mateo y Lucas, y es incluido en los pasajes que relatan el momento en que Jesús se perdió a los 12 años y fue encontrado en el templo. Pero eso es lo último que oímos de él. María aparece varias veces durante el ministerio de Jesús, pero José se fue sin dejar rastro. Entonces, ¿qué le pasó? Varias tradiciones explican esta diferencia diciendo que José murió alrededor del cumpleaños número 20 de Jesús.
*4) ¿Viudo y anciano?:* 

La Escritura no nos dice la edad de San José cuando se casó con María o sobre su vida anterior. Sin embargo, por mucho tiempo se le representó como un hombre de edad avanzada, aparentemente basándose en un texto del llamado protoevangelio de Santiago, un evangelio apócrifo del que se desprende que San José habría estado casado anteriormente, tuvo hijos de ese matrimonio y quedó viudo. Según esa tradición San José sabía que María había hecho voto de virginidad y fue elegido para casarse con ella para protegerla, en parte porque era viejo y no estaría interesado en tener una nueva familia. Esta idea fue rebatida a lo largo de la historia por grandes santos como San Agustín.
*5) Su veneración se remonta al menos al siglo IX:* 

Uno de los primeros títulos que utilizaron para honrarlo fue “nutritor Domini”, que significa “guardián del Señor”.
*6) Tiene dos celebraciones:* 

La solemnidad de San José es el 19 de marzo y la fiesta de San José obrero (Día Internacional del trabajo) es el 1 de mayo. También está incluido en la Fiesta de la Sagrada Familia (30 de diciembre) y sin duda forma parte de la historia de la Navidad.
*7) Tiene múltiples “patronazgos”:* 

Es el patrón de la Iglesia Universal, la buena muerte, las familias, los padres, las mujeres embarazadas, viajeros, inmigrantes, artesanos, ingenieros y trabajadores. Es también el patrón de las Américas, Canadá, China, Croacia, México, Corea, Austria, Bélgica, Perú, Filipinas y Vietnam.
*8) La ‘Josefología’:* 

Entre las subdisciplinas de la teología, son conocidas la cristología y mariología. Pero, ¿sabías que también existe la Josefología?

San José ha sido una figura de interés teológico durante siglos. Sin embargo, a partir del siglo XX algunas personas empezaron a recoger opiniones de la Iglesia acerca de él y lo convirtieron en una subdisciplina. 

En la década de 1950, se abrieron tres centros dedicados al estudio de San José: en España, Italia y Canadá.

ORACIÓN PARA UNA VISITA AL SANTÍSIMO

+ JUEVES EUCARÍSTICO +

ORACIÓN PARA UNA VISITA AL SANTÍSIMO
¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.
Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes…; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?
Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía… Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.
 Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.
No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás… Sí…, vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.
Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo… Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.
Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor…, amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.
Te ruego por los que amo… Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.
Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.
Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.
Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo. Amén.

LA SOLEDAD DE MARÍA

+ SÁBADO SANTO +


LA SOLEDAD DE MARÍA Meditación #69 tomado del libro “Puntos breves de meditación sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgicas de la Santísima Virgen María” del P.  Ildefonso Rodríguez Villar
1º Jesús muerto en brazos de su Madre. -Imagínate aquel cuadro. -Pendiente de la Cruz el cadáver de Cristo…, lleno de largos manchones de sangre cuajada cubierto de heridas…, material -mente deshecho sin belleza ni hermosura…, ni casi figura humana…; labios exangües…, ojos sin vida…; aquello no es más que eso, ¡un cadáver!… y es ¡¡el Hijo de Dios!!, ¡qué misterio!
A los pies de la Cruz, un grupo de almas buenas, llora sin cesar. -Grande, muy grande es su dolor…, pero ¿cómo comparado con el de aquella Madre que llora la pérdida de su Hijo… ¡Pobre Madre!… ¿Qué va a hacer ahora sin su hijo? -Quizá, en medio del dolor, comenzó a preocuparla la sepultura de su Hijo…, pero, ¿cómo y dónde?…, ¿si Ella no tenía sepultura, ni medios para comprarla?…; ¿si sus amigos se habían ocultado unos… y otros se habían hecho enemigos?… ¿Adónde acudir?… ¿Quién bajará a su Jesús de la Cruz?… ¡Qué consuelo en medio de su pena, cuando ve a aquellos santos varones que van a cumplir este piadoso oficio!… ¡Qué agradecimiento no guardaría Ella en su corazón!
Y, efectivamente, con gran cuidado le bajan de la Cruz y depositan el santo Cuerpo, en brazos de Ma­ría. -Póstrate en espíritu junto a esa Madre, y medita con Ella ¿porque qué meditación haría la Virgen entonces? ¿Cómo iría recordando ante la vista de aquel Cuerpo, todos y cada uno de los tormentos de la Pasión? – -Ahora recordó todo lo pasado…, las escenas de Belén…, los idilios de Nazaret…, los días felices en que Ella cuidaba de su Hijo, como ninguna madre lo ha podido hacer. Ahora entendió de una vez, lo que significaba la espada de Simeón, que toda la vida! -llevó atravesada en su Corazón. -Ahora comprendió lo que era ser Madre nuestra… ¡Madre de los pecadores!, que así habían puesto a su Hijo… Y ¿a esos precisamente iba Ell4 -a amar?… ¿A esos querer como a hijos, cuando así habían hecho sufrir a su Jesús? ¡Oh, qué dolorosa maternidad!… Y, sin embargo, besando, una a una aquellas heridas, iría repitiendo:«Soy la esclava del Señor…, hágase en mí tu divina voluntad».
Haz tú esta piadosísima meditación con Ma­ría…, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una…, con mucho cuidado, como si aún sufriera, con ellas Jesús… Limpia aquellos ojos y aquel rostro afeado con tantas salivas… y sangre… toca aquellas manos y pies agujereados… y besa, besa aquel costado abierto… y no apartes tus ojos de aquel corazón que se ve por la herida, sin vida…. sin latir…, sin movimiento…, pero no sin amor… y en cada herida, recuerda tus pecados… y mira lo que has hecho con ellos.
2º Él santo entierro. -Los santos varones Nicodemus y Arimatea, juntamente con las piadosas mujeres y la Santísima Virgen, comenzaron a ungir y vendar aquel cuerpo sacrosanto. -Contempla este embalsamamiento y mira cuán amorosa y delicadamente, van limpiando aquellas heridas y ungiéndolas con bálsamo y perfumes… Tal vez la Santísima Virgen se reservó limpiar y ungir la sagrada cabeza… y Ella misma cubriría aquel rostro divino con el más fino lienzo… ¡Qué dolor el suyo al echar su última mirada sobre aquel rostro que Ella sabía de memoria!… ¡Cuánto se había embelesado contemplándolo!
Y así dispuesto el cadáver, es conducido a la sepultura. -Forma parte de aquella tristísima procesión, que ya casi de noche, acompaña por última vez el Cuerpo de Cristo… ¡Cómo iría la Santísima Virgen! ¡Qué penoso es el momento de arrancar el cadáver de una persona querida, de casa para llevarlo a enterrar!… ¡Qué camino tan largo y, al mismo tiempo tan corto, el que hay que recorrer en el entierro! -Por una parte, se desea llegar cuanto antes y acabar de una vez con aquel tristísimo momento… por otra, se teme llegue el instante de la separación total., del último adiós… ¡Cuál sería el sufrimiento del corazón de aquella Madre en estos momentos!
Y cuando ya, colocado en el sepulcro, fue la piedra cerrando la entrada y ocultando el santo cuerpo, ¿quién podrá explicar lo que pasaría entonces por el alma de la Virgen?… Ahora sí que se quedó definitivamente sin Hijo… ¿Quién la arrancaría de aquel lugar si Ella no podía vivir sin Él? -Tampoco tengas tú prisa en marcharte… Detente muy despacio, y allí ante el sepulcro de tu Jesús, en compañía de la Virgen tu Madre, piensa en el término de todas las cosas que es el sepulcro. -Cristo quiso pasar por esa humillación, para servirnos de ejemplo en nuestra muerte y sepultura.
Pero no, no es humillante la muerte, si es como la de Cristo…, ni lo es el sepulcro, aunque el cuerpo se deshaga entre gusanos, si es semejante al de Jesús. -¡Muerte gloriosa!…. ¡sepulcro dichoso el de las almas santas!… ¿Por qué no aspirar a eso?
Recuerda, además, que diariamente sepultas a Jesús en tu corazón… y no olvides que su sepulcro quiso que fuera nuevo…, limpio…, y donde nadie, sino Él, fuera colocado. -Compara y examina estas, circunstancias, para que veas si así es tu corazón. -Piensa si en él, encuentra Jesús aquellos aromas y perfumes de virtudes, simbolizados en los que ungieron su cuerpo y con los que ahora especialmente Él quiere regalarse en tu alma… y pide a la Santísima Virgen, sea Ella la que supla tu pobreza miserable, y te enseñe a guardar y a sepultar, mientras dure tu vida., a Jesús en tu corazón…, para que nunca su presencia falte en él…
3º La vuelta del Calvario. -Él Salvador quedó allí en el sepulcro descansando…, pero Ma­ría no podía descansar, ni sosegar… se consideraba sola…, huérfana…, desamparada y desterrada…, sin familia…, sin hogar… y así, acompañada de aquellas almas piadosas, pero sintiendo en su corazón la frialdad de la más espantosa soledad, emprendió el regreso hacia su morada.
Todos los que la acompañaban, con el corazón encogido, pensaban, sin embargo, en el corazón destrozado de aquella Madre, que se volvía sola…, ¡sin su Hijo! -Sigamos con Ella este camino de dolor.
Ha vuelto a subir al Calvario para emprender el regreso… ¿Qué sentiría a vista de la Cruz desnuda vacía…, manchada de la sangre de un Dios? Mírala arrodillarse ante ella y abrazarla… y adorarla.
Ya no es instrumento del suplicio…, ya no es algo odioso…, horrible…, maldito. -Va en ella el árbol de la vida, del que se ha desprendido, ya maduro el fruto de salvación… Es la llave del Cielo…, es la espada que vencerá a todos los enemigos de Cristo, que a sus pies irán a estrellarse…, es el arma de combate de todos los cristianos…, es la locura de todos los santos, que no podrán vivir sin ella, ni lejos de ella… sino subidos…, abrazados…, crucificados en ella es, en fin, la balanza donde se pesarán las acciones de todos los hombres y la causa y razón de su condenación o de su salvación. -¡Oh Cruz bendita!… ¡Oh Cruz divina!… ¡Qué requiebros amorosos la diría la Santísima Virgen!… ¡Cómo se desahogaría en dulcísimas lágrimas y en abrazos tiernísimos con ella! -Abrázate tú también y enamórate de aquella Cruz, regada con la sangre de Cristo y las lágrimas de la Madre. -Que sea para ti, como decía San Pablo, tu mayor gloria y bienaventuranza.
Y levantándose, continuó su camino… ¡Qué recuerdos al llegar a la ciudad maldita…, la ciudad deicida!… Sus calles manchadas aún de la sangre de su Hijo… ¡Cuántas veces se postraría a besarla!… ¡Cómo iría recordando todos los pasos de la pasión!… Aquí las caídas…, allí la calle de la Amargura, donde le encontró…; más lejos, donde salió con la Cruz a cuestas…; entre sombras, el palacio de Herodes, donde le trataron como a un loco…, y más allá el de Pilato…, la plaza donde gritaba la muchedumbre…, el balcón del Ecce Homo…, el patio de la flagelación… ¡¡Pobre Madre!! -¡Cómo iría recorriendo uno a uno estos pasos! -Acompaña muchas veces a la Virgen en esta devota meditación, y ten mucho gusto en hacer muy bien el Santo Via-Crucis con frecuencia y acompañando a la Santísima Virgen… Ella es tu modelo en esta hermosa devoción…

Visita a las siete Iglesias

—–Visita a las siete Iglesias—– 
Aquí te comparto este valioso mensaje : 
GUÌA DE ORACIÒN PARA VISITA A LAS IGLESIAS 

(Compàrtelo)
De la noche del Jueves Santo hasta el Viernes Santo en la mañana es devoción bíblica y católica el visitar las siete iglesias. Por ello te compartimos una guía de oración que te puede ser útil mientras se realiza este recorrido en familia, grupo, comunidad o de manera personal.
Esta tradición nació en Roma y se ha propagado por el mundo entero. Su iniciador fue San Felipe Neri.
La finalidad de estas visitas es agradecer a Jesucristo el don de la Eucaristía y del Sacerdocio que instituyó aquella noche santa y acompañarle en la soledad y sufrimientos en el Huerto de Getsemaní, así como en las afrentas recibidas en las casas de Anás, Caifás, Herodes, Pilato, en el Calvario y en el silencio del sepulcro.
Ante el Monumento, donde se reserva al Señor Sacramentado, se le da gracias a Jesús por su Sagrada Pasión con la que redimió con amor al mundo. De igual manera se le ofrece disculpas por el abandono con que frecuentemente se le deja en el Sagrario y quizás por la poca frecuencia a la Santa Misa y Comunión.
Meditaciones y oraciones
Primera Iglesia: Jesús en el huerto
Medita: Serían como las 10 de la noche al llegar Jesús al Huerto de Getsemaní. Su alma se llenó de tristeza, entró en agonía ante la visión de los sufrimientos que se le venían encima y la ingratitud de la humanidad. Oró por espacio de tres horas con lágrimas y sudor de sangre, que en gotas cayó en tierra. Aquí llegó Judas y con un beso lo entregó a quienes vinieron a aprenderle, aunque más bien fue su Amor a ti el que le entregó.
Oración: Te compadecemos Jesús, y te damos gracias por lo que sufriste por nuestra Salvación en la Oración del Huerto. Nos duele la traición y alevosía con que fuiste hecho preso. Concédenos fortaleza en nuestros sufrimientos y danos el don de la oración.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Segunda Iglesia: Jesús en casa de Anás
Medita: Jesús, maniatado como un vulgar malhechor, interrogado por Anás sobre sus discípulos y doctrina, responde con entereza y mansedumbre que pregunte a quienes le han escuchado y que saben bien lo que Él ha dicho y enseñado. Un guardián le dio una bofetada que de seguro lo hizo tambalearse.
Oración: Jesús, te compadecemos; te damos gracias por la injusta humillación que sufriste al ser abofeteado. Te pedimos que nos ayudes a hablar con verdad, serenidad y educación y a respetar a nuestros interlocutores.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Tercera Iglesia: En casa de Caifás
Medita: Aquí Jesús tiene que oír cómo se tergiversan sus doctrinas. Cómo se aducen falsos testimonios en su contra. Cómo se le reta a proclamar que es Hijo de Dios, pero sin intención de reconocerle. Cómo Pedro niega conocerle. Cómo se le declara reo de muerte.
Oración: Jesús, tú eres la verdad y se amontonan mentiras para callarte. Has dicho: la verdad los hará libres y tienes que ver cómo la mentira nos esclaviza. Has dicho: ustedes son mis amigos y con qué facilidad te negamos. En ti somos hijos de Dios y qué pobreza la de nuestra vida. Te compadecemos, Jesús, por esas traiciones y te pedimos la gracia de ser tus testigos valientes, fieles a tu amor.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Cuarta Iglesia: En casa de Pilato
Medita: Jesús es acusado ante Pilato de malhechor, alborotador del pueblo, que prohíbe pagar el tributo al César y que se proclama rey. Pero Él también anuncia que todo el que es de la verdad escucha su voz. Lo que piden es que sea condenado a muerte.
Oración: Jesús, te proclamamos Cristo Rey, porque eres el único Rey de la Verdad, de la Vida y del Amor. Te compadecemos por la tristeza que tiene que darte el descaro con que te calumnian y por la ceguera con que juegan con las palabras salidas de tu boca. Te pedimos que limpies estos labios y estos corazones con los que te recibimos, y que nuestras vidas den testimonio de Ti.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Quinta Iglesia: En casa de Herodes
Medita: Herodes, curioso, pero sin compromiso, se alegra de ver a Jesús. Espera divertirse viéndole hacer algún milagro. Jesús guarda silencio ante la palabrería con que Herodes le halaga. Al no tener respuesta, le desprecia, se burla de Él, poniéndole una túnica blanca.
Oración: Jesús, Sabiduría del Padre, ahora guardas silencio. Por ti los sencillos y humildes han visto el poder de Dios y lo han celebrado con gozo grande. Ahora estás cabizbajo. Te agradecemos la lección que nos das, te compadecemos por el ultraje que recibes y te pedimos la gracia de hablar y callar oportunamente.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Sexta Iglesia: De nuevo en casa de Pilato
Medita: Pilato reconoce que Jesús ni es alborotador ni ha cometido delito alguno de los que le acusan. Como que quiere dejarle libre; pero claudica ante las presiones de los adversarios que han jurado acabar con Jesús porque les resulta incómodo, su conducta y sus enseñanzas chocan con sus intereses. Total: Jesús es condenado a muerte de cruz, flagelado, coronado de espinas.
Oración: Jesús, te compadecemos por las injusticias cometidas en este proceso al que fuiste sometido y en el que nosotros metimos nuestras manos. Compadecemos en ti a cuantos por ser fieles a la verdad y a la causa de Dios en sus hijos son tratados injustamente. Te pedimos la gracia de la piedad divina ante nuestras injusticias.
Se rezan 3 Padrenuestros.
Séptima Iglesia: En el Santo Sepulcro
Medita: Jesús ha muerto en la cruz entre indecibles dolores, burlas, desprecios y abandonado de Dios. La Madre y los amigos que lo han acompañado en estos duros momentos, no han podido hacer nada. Unos amigos lo sepultan piadosamente. Se han cumplido las escrituras. Ahora a esperar el tercer día. Él, el poderoso en obras y palabras, ha dicho que resucitará.
Oración: Jesús, te acompañaremos en el silencio estos días, en la espera de que tu palabra germine en nuestros corazones y contigo resucitemos hombres y mujeres nuevos en tu Resurrección. Gracias, Padre Dios, tú siempre has escuchado a tu Hijo y así, vencedor de su muerte y de la nuestra, lo has resucitado.
Se rezan 3 Padrenuestros.
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Leer… Leer…. algo mas vas a  saber. 
LAS SIETE PALABRAS :
1. PADRE, PERDONALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Jesús nos pide perdonar a los que nos ofenden y nos da ejemplo. 
2. -EN VERDAD, TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO. Jesús ante el ladrón que muestra su fe en Él y que reconoce su pecado. 
3. -MADRE HE AHÍ A TU HIJO, HIJO HE AHÍ A TU MADRE. Dirigiéndose a la Virgen , y luego a Juan, nos confía a su Madre. 
4. -DIOS MIO, DIOS MIO, PORQUE ME HAS ABANDONADO. Jesús carga los pecados de la humanidad, no cometió pecado, se hizo pecador por nosotros, por eso la expresión. El pecado nos aleja de Dios. 
5. -TENGO SED. Jesús no sólo tiene sed porque está deshidratado, sino que también tiene sed de almas, que correspondan a su amor. 
6. -TODO ESTA CUMPLIDO. Jesús termina su misión, como el Padre se lo indica. 
7. -PADRE; EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. Jesús se abandona en los brazos de su Padre Dios

​MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: VIERNES SANTO

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: VIERNES SANTO. Tomado de “Meditaciones para todos los días del año – Para uso del clero y de los fieles” del Rev. Padre Andrés Hamon, cura de San Sulpicio
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE

Consagraremos nuestra meditación de mañana a considerar el Viernes Santo: 1° Como un día de amor; 2º Como un día de conversión. 

      

—Tomaremos en seguida la resolución: 1º De pasar este día en el recogimiento y en frecuentes aspiraciones de amor a Jesús crucificado; 2° De hacer en honor de la Cruz algunas pequeñas mortificaciones, juntamente con el sacrificio que más nos cueste. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Apóstol: “La caridad de Jesucristo me apremia, pensando que Él ha muerto por todos a fin de que los que viven no vivan para sí mismo”. 

     

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

         

Transportémonos en espíritu al Calvario; adoremos allí a Jesús enclavado en la Cruz por nosotros; y, a la vista de su cuerpo convertido en una sola llaga, dejemos desbordar de nuestros corazones la compasión, el agradecimiento, la contrición, la alabanza y el amor. 

       

PUNTO PRIMERO – EL VIERNES SANTO, DÍA DE AMOR
Contemplemos amorosamente al divino Crucificado desde los pies hasta la cabeza, desde el menor movimiento de su Corazón hasta sus más vivas emociones; todo nos obliga a amarle; todo nos dice: “Hijo mío, dame tu corazón”. Sus brazos extendidos dicen que nos abrazan a todos sin distinción; su cabeza, que no puede reposar sino sobre las espinas de que está erizada, se inclina hacia nosotros para darnos el beso de paz y de reconciliación; su pecho, desgarrado por los golpes, se levanta por los latidos del corazón lleno de amor; sus manos y pies, taladrados por los clavos; su vista apagada, sus venas desangradas, su boca seca por la sed, todas las llagas, en fin, que cubren su cuerpo, forman como un concierto de voces que nos dicen: “¡Ved cuánto os he amado!” ¡Ah! SI PENETRÁRAMOS EN ESE CORAZÓN, LO VERÍAMOS TODO OCUPADO EN CADA UNO DE NOSOTROS PARA AMAR; PIDIENDO MISERICORDIA POR NUESTRAS INGRATITUDES, NUESTRA FRIALDAD Y NUESTROS PECADOS; SOLICITANDO PARA NOSOTROS TODOS LOS SOCORROS DE GRACIAS QUE HEMOS RECIBIDO Y RECIBIREMOS; OFRECIENDO POR NOSOTROS A SU PADRE SU VIDA, SU SANGRE, TODOS SUS DOLORES INTERIORES Y EXTERIORES; EN FIN, CONSUMIÉNDOSE EN ARDORES INDECIBLES DE AMOR, SIN QUE NADA PUEDA DISTRAERLO. ¡Oh amor! ¿Sería demasiado morir de amor por tanto amor? ¡Oh buen Jesús!, os diré con San Bernardo, “Nada me enternece tanto, nada me abrasa y enciende en mi corazón en vuestro amor, como vuestra Pasión. Es ella la que me atrae más a Vos, la que me une más estrechamente, la que con más viveza me conmueve”. ¡Oh! ¡Cuánta razón tenía San Francisco de Sales al decir que el monte Calvario es el monte del amor; que es allí, en las llagas, donde las almas fieles encuentran la miel del amor; y en el Cielo mismo, después de la bondad divina, vuestra Pasión es el motivo más grande, más dulce y más poderoso para arrebatar de amor a los bienaventurados! Y yo, después de esto, ¡oh Jesús crucificado! ¿Podría tener otra vida que la de amaros? 

       

PUNTO SEGUNDO – EL VIERNES SANTO, DÍA DE CONVERSIÓN
PARA PROBAR A JESÚS CRUCIFICADO QUE LE AMO VERDADERAMENTE, ES PRECISO CONVERTIRME, ES DECIR, HACER MORIR AL PIE DE LA CRUZ TODO LO QUE HAY DE TERRENO EN MÍ, todas mis negligencias y todas mis tibiezas, todo mi amor propio y mi orgullo, todas las delicadezas, deseo de goces y placeres, tan enemigos de lo que mortifica o desagrada; la susceptibilidad, que de todo se resiente; el espíritu de crítica y la maledicencia, que de todo murmura; la ligereza, la disipación y el vagar del espíritu, que no quiere asentarse en el recogimiento; la intemperancia de la lengua, que lanza afuera todo lo interior; en fin, todo lo que es incompatible con el amor que pide a los suyos Jesús crucificado. Hay que sustituir todas estas malas inclinaciones por las sólidas virtudes que la Cruz nos enseña: La humildad, la mansedumbre, la caridad, la paciencia, la abnegación. Jesús nos pide todo esto, por todas sus llagas, como por otras tantas lenguas. ¿Podríamos rehusárselo? ¿Podría yo conservar mis apegos, cuando le veo desnudo en la Cruz? ¿Podría no hacer mi vestido de su desnudez, mi librea de sus oprobios, mi riqueza de su pobreza, mi gloria de su confusión, mis alegrías de sus padecimientos?

​DE LA ANUNCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

DE LA ANUNCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Tomado del Catecismo de San Pío X


136. ¿Qué se celebra en la fiesta de la ANUNCIACIÓN de la Santísima Virgen? – En la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen se celebra la embajada que le trajo el ángel San Gabriel anunciándole haber sido escogida para Madre de Dios.
137. ¿Dónde se hallaba la Santísima Virgen cuando se le apareció el ángel San Gabriel? – La Santísima Virgen, cuando se le apareció el ángel San Gabriel, se hallaba en Nazaret, ciudad de Galilea.
138. ¿De qué modo el ángel San Gabriel saludó a la Virgen María cuando se le apareció? – Cuando el ángel San Gabriel apareció a la Virgen María, le dirigió las palabras que decimos todos los días: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres.
139. ¿Qué hizo la Santísima Virgen al oír las palabras del ángel San Gabriel? – Al oír las palabras del ángel San Gabriel, la Santísima Virgen se turbó, oyéndose saludar con títulos tan nuevos y excelentes, de los cuales se juzgaba indigna.
140. ¿Qué virtudes mostró de un modo especial la Santísima Virgen al anuncio del ángel San Gabriel? – Al anuncio del ángel San Gabriel, la Santísima Virgen mostró de un modo especial: pureza admirable, humildad profunda, fe y obediencia perfectas.
141. ¿Cómo la Santísima Virgen María, al anuncio del ángel San Gabriel, dio a conocer su gran amor a la pureza? – Al anuncio del ángel San Gabriel dio a conocer la Santísima Virgen María su gran amor a la pureza con la solicitud de conservar la virginidad, solicitud que mostró al tiempo mismo que se veía destinada a la dignidad de madre de Dios.
142. ¿Cómo la Virgen María, al anuncio del ángel San Gabriel, dio a conocer su profunda humildad? – Al anuncio del ángel San Gabriel dio a conocer la Virgen María su profunda humildad con las palabras: He aquí la esclava del Señor, dichas mientras era hecha madre de Dios.
143. ¿Cómo la Virgen María, al anuncio del Ángel San Gabriel, mostró su fe y su obediencia? – Al anuncio del ángel San Gabriel mostró la Virgen María su fe y obediencia cuando dijo: Hágase en mí según tu palabra.
144. ¿Qué sucedió en el mismo punto en que la Virgen María dio el consentimiento para ser madre de Dios? – En el mismo punto en que la Virgen María dio el consentimiento para ser madre de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnó en sus entrañas, tomando cuerpo y alma, como tenemos nosotros, por obra del Espíritu Santo.
145. ¿Qué nos enseña la Santísima Virgen en su Anunciación? – La Santísima Virgen en su Anunciación: 1°, enseña en particular a las vírgenes que hagan grandísima estima del tesoro de la virginidad; 2°, enséñanos a todos a disponernos con gran pureza y humildad a recibir dentro de nosotros a Jesucristo en la sagrada comunión; 3°, enséñanos finalmente, a rendirnos con presteza al divino beneplácito.
146. ¿Qué hemos de hacer en la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen? – En la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen hemos de hacer tres cosas: 1ª, adorar profundamente al Verbo encarnado por nuestra salvación y darle gracias de tamaño beneficio; 2ª, congratularnos con la Santísima Virgen de la dignidad a que ha sido elevada de Madre de Dios, y honrarla Señora y Abogada nuestra; 3ª, determinarnos a rezar siempre con gran respeto y devoción la salutación angélica, comúnmente llamada Ave María.

La Encarnación 

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” 


Bendito seas Señor, Hijo de Dios,  que en este dulcísimo día siendo Omnipotente y Todopoderoso te humillaste haciéndote hombre, tan pequeño como nosotros, llegando a ser verdaderamente el último y el servidor de todos. 
“Bendita tu entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús”
Bendita sea María por siempre, a ti que en este dulcísimo día fue enviado el Ángel como presagio del divino Espíritu que te inundó para confeccionar de tu carne la carne del Hijo de Dios. ¡Bendita seas Virgen Inmaculada que sin perder la gloria de tu virgnidad engendraste en tu seno al Creador del Universo y llegaste a ser Madre de quien te dio la vida!