¿Sabes cuál es la ciudad tres veces santa?

¿Sabes cuál es la ciudad tres veces santa?
Jerusalén en la historia y las fuentes sagradas del judaísmo, cristianismo e islam
“…os habéis acercado al monte de Sión y a la ciudad de Dios viviente, la Jerusalén celestial” Heb (12, 22)
Jerusalén es conocida como la ciudad tres veces santa. Judíos, cristianos y musulmanes reconocen en ella sus raíces. Podemos afirmar que Jerusalén es el cordón umbilical que une a los tres monoteísmos, ¿quieres saber por qué?

Como punto de partida,  nos centraremos en la presencia de Jerusalén en los textos sagrados de los tres grandes monoteísmos. Históricamente, no podemos obviar que Jerusalén es profusamente recogida en los textos sagrados de los tres monoteísmos.
Desde el siglo XIX AC, Jerusalén aparece ya como un centro de referencia para acadios (Urusalim) y egipcios (Urushamen). Mencionada por primera vez en la Biblia con el nombre de Salem (Gn 14,18) y Jebús (Jos. 10, 1-2 y Jue. 19, 10), aparecerá como capital del reino unido con el nombre de Sión (2 S ,4-9 1R 11,42) y del Reino Judá en tiempos del rey David (1 R 14,21; Sal 122).
Su hijo Salomón construirá en el Moria el primer Templo de dedicado a Yahvé (1R, 6 y 2Cr 3, 1-14). Alrededor de su destrucción por los ejércitos de Nabucodonosor en 587 AC (2R 25; Jer 21; Lam 1-5; Ez 11, 1-13; 16; 3, 21-22) y reconstrucción tras el exilio en 538 AC (Neh 2, 11-7, 4; Is 44, 26; 49, 8-50, 3; 52,1-12; 6; Ez 36; 48, 30-35; Zac 12-14; Tb 13, 10-18) se desarrollará la historia del pueblo de Israel como “pueblo elegido” por Dios.
Como recogen los textos bíblicos, Jerusalén será no sólo la capital del Reino de Israel y luego de Judá sino el centro religioso del mundo judío.
Hablar de Jerusalén para los cristianos es sin duda retomar su protagonismo del mundo judío. Identificada frecuentemente con Sion como lugar del Templo, es el escenario de la vida pública de Jesús y testigo de su muerte.
El Nuevo Testamento tendrá a Jerusalén como testigo privilegiado de la Presentación de Jesús (Lc 2, 21-38); las tentaciones (Mt 4, 5; Lc 4, ); la predicación (Mt 5,35; 16, 21; 20, 18-19; 23-37; Lc 10, 30; 13, 4,33-34; 21, 20-24, 24-47; Jn 4, 21) y la muerte (Mt 27, 51).
Tampoco podemos olvidar que Jerusalén es el centro de la primera comunidad cristiana (Hch 1, 4-8,1; 15, 1-29). Los primeros cristianos están estrechamente unidos al Templo (Hch 2, 46; 3, 1-26; 5, 20-26, 42; 21, 26-22) y juega un papel relevante en la actividad de Pablo (Hch 21, 17-23; Ap.)
Para los musulmanes en cambio, la ciudad de Jerusalén (Quds) es la tercera ciudad santa del Islam. Aunque no aparece expresamente mencionada en el Corán, sí que aparece recogida la entrada de los israelíes en la “tierra prometida” (2, 58; 7, 161).
Siguiendo un criterio histórico puede decirse que los pasajes referentes al “viaje nocturno” de Mahoma (isrāʼ) y su “ascensión al cielo” (miʿrāŷ) (17, 1) se narran de una forma muy breve y vaga.
La Sunna sí que precisa algo más los datos respecto al viaje nocturno y la ascensión del profeta. Aquí se identifica Jerusalén como la Casa de la Santidad (bayt al-maqdis). Algunos hadices atribuyen a Mahoma algunas sentencias asegurando que la peregrinación debe incluir las tres mezquitas: Meca, Medina y la “alejada” de Jerusalén.
Sin embargo, cotejando la fuente histórica, dicha alusión a la “mezquita alejada” no puede identificarse con la mezquita de al-aqṣā. Ésta junto con la cúpula de la roca fueron construidas tras la conquista de la ciudad por el califa omeya abd al-Malik (685-705). Erigidas en el centro de la explanada del Templo, sirvieron para desviar a los peregrinos musulmanes de Meca a Quds en tiempo de conflicto bélico.
A pesar de esta presencia silenciosa de Jerusalén en las fuentes sagradas, ésta marcó la orientación del rezo. Es decir, hasta poco después de la hégira en 622, los musulmanes de Medina oraban orientados a Jerusalén, ya que Ka’ba era aún un centro pagano ( https://es.aleteia.org/2017/07/04/por-que-la-kaba-es-el-centro-espiritual-del-mundo-islamico/ ). Poco después ya lo harían hacia Meca, algo que les facilitó también diferenciarse del mundo judío.
De modo breve, hemos podido repasar cómo la ciudad de Jerusalén está presente en la historia y las fuentes sagradas del judaísmo, cristianismo e islam. No sólo como lugar geográfico, sino como símbolo de tierra sagrada, de tierra elegida por Dios.

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​La explicación del Ave María

La explicación del Ave María frase por frase que despierta tus sentidos

Hermosa reflexión sobre el Avemaría con la intención de que al pronunciar cada frase lo hagamos con sentido pleno.

 

El Señor es mi Luz y mi Salvación

 

Después de haber respondido a la pregunta ¿Cómo rezar bien el Avemaría? vamos a comentar el avemaría con la intención de que al pronunciar cada frase lo hagamos con pleno sentido.
En el año 1525 se encuentra ya el Avemaría en los catecismos populares, pero la fórmula definitiva tal y como nosotros la rezamos la fijó Pío V en 1568, con ocasión de la reforma litúrgica.
• Dios te salve
Imagínate cómo es la mirada de Dios sobre la mujer que Él creó y eligió para que fuera su madre: una mirada llena de amor, de predilección, de gozo y complacencia. Hasta donde te sea posible, cuando comiences el Avemaría apropia la mirada de Jesús sobre su Madre y salúdala con las palabras del Arcángel Gabriel en la anunciación (Lc. 1,28). Desde lo más profundo de tu corazón dile: “alégrate María”.
• María
Pronunciar el nombre de María te llena de amor y de confianza. María significa la amada del Señor, Señora, estrella del mar, la que orienta a los navegantes y los dirige a Cristo. San Alfonso María de Ligorio dice que es un “nombre cargado de divinas dulzuras” y Tomas de Kempis afirma que los demonios temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara.
• Llena eres de gracia, el Señor es contigo
Porque Dios está con ella María está completamente impregnada de gracia, como una esponja bajo el agua. María está llena de la presencia de Dios y Dios es la fuente de la gracia. El poder del Altísimo la cubrió con su sombra (Lc 1,35), es decir, Dios descendió para habitar en ella.
María es “la morada de Dios entre los hombres” (Ap 21,3) Dios se da por completo a María, la colma de belleza, y ella, que desborda Gracia divina, la entrega a la humanidad.
• Bendita tú entre las mujeres
Isabel fue la primera en decirle a María: “Tú eres bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42) Es bendita porque Dios la eligió con amor eterno, porque es la madre de Dios, porque es madre y virgen, porque es inmaculada, porque fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celeste.
• Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús (cfr. Lc 1,42)
María es la viña fecunda que nos entrega el mejor de los frutos, el alimento que sacia. El fruto de su vientre es fruto del amor de Dios, de la maravillosa y fecunda colaboración entre el Espíritu Santo y esa pobre jovencita de Nazareth. A mí me ayuda mucho contemplar el icono de la “Madre del signo” que nos muestra a Jesús en el vientre de María en forma de Eucaristía: “el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6, 51)
• Santa María, Madre de Dios
Comenzamos la segunda parte del avemaría exaltando su santidad y el gran motivo de su dignidad. La portadora de Dios es santa. Ella creyó en la Palabra del Señor y se entregó como la esclava del Señor, y gracias a eso el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Como madre alimentó a Jesús, lo protegió, lo educó. ¡Qué digna representante del género humano que le da a Dios todo el amor que su pequeñez es capaz de dar!
Nos duele escuchar: “Y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11) pero María sí lo recibió y hoy nosotros, cultivando la vida de gracia, queremos recibirlo como lo hizo ella.
• Ruega por nosotros pecadores
Su maternidad espiritual se extiende a todas las generaciones, a todos los hermanos de Jesús, y ella ruega por nosotros, vela por nuestras necesidades. Como en las bodas de Caná va una y otra vez con Jesús y le dice: “No tienen vino”, y obtiene abundantes bienes para sus hijos. Ella protege con particular predilección a los más pequeños, a los indefensos, a los enfermos, a los que tienen heridas morales, a los pecadores. Vemos lo espléndida que es en los Santuarios Marianos: Guadalupe, Lourdes, Fátima, El Pilar, Loreto, Luján, Aparecida, La Vang, Medjugorje…
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, me declaro pecador, necesito que desbordes sobre mí tu corazón misericordioso.
• Ahora
En el momento presente, en todo momento presente. Cuando todo va bien y cuando no, cuando estoy en gracia y cuando no, cuando me siento bien y cuando no, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y las tristezas, en la luz y en la oscuridad: siempre. El “ahora” abarca toda mi vida, porque el momento presente recoge el pasado, el presente y el futuro: todo lo pongo en tus manos. En el presente reparo por mi pasado, te ofrezco mi futuro, vivo según el Evangelio.
Decirle ruega ahora por mí, es decirle: te necesito siempre a mi lado María, siempre; no te separes de mí.
• Y en la hora de nuestra muerte
Así como estuviste junto a Jesús en la hora de su muerte (cf Jn 19, 27), así desde ahora te pido que cuando termine mi vida terrena estés conmigo. Si paso mis últimos días enfermo, quiero que como buena madre me acompañes de día y de noche. Al morir quiero tener un Rosario en la mano y sentir tu mejilla en mi frente, mientras me dices al oído: No tengas miedo, que no te aflija cosa alguna, ten confianza, ¿qué no estoy yo aquí que soy tu Madre?
Quiero que mis últimas palabras sean: “María, Jesús”, y que habiéndolas pronunciado me cargues en tus brazos y me pongas en los brazos del Padre. Quiero que tú me lleves con Jesús, y que al despertar allá en el cielo tenga mi cabeza reclinada sobre Su pecho, y estar sintiendo tus caricias por toda la eternidad.
• Amén
Es una palabra aramea (la lengua de Jesús) que significa fuerza, solidez, fidelidad, seguridad. Se usa para afirmar y confirmar. Decir Amén es decir que sí, que así es, que estamos de acuerdo y afirmamos con fuerza y seguridad lo que creemos. Decir amén al final del avemaría es decirle: “Sí, Madre, yo sé que cada vez que te dirijo esta oración tú trabajas mi corazón, me estás formando, me vas modelando poco a poco, me vas ayudando a crecer en las virtudes de la humildad, la pobreza, la caridad, la pureza, la prudencia, la generosidad, la misericordia…. Sí, Madre, hazlo con toda libertad, te lo suplico: amén.”
Padre Evaristo Sada, L.C. | Publicado originalmente en: La-Oracion.com

HIJOS FUERA DE CONTROL

HIJOS FUERA DE CONTROL

Goethe afirmaba: Si tratas a una persona como es, la deterioras; si la tratas como puede llegar a ser, la desarrollas.

Los padres de familia, con frecuencia describimos a nuestros hijos en base a sus errores. Especialmente en el período de la adolescencia, cuando ellos se muestran rebeldes y sistemáticamente nos retan; nosotros experimentamos que hemos fracasado, con cierto desaliento esperamos lo peor de ellos. Como padres, muchas veces nos desesperamos y comenzamos a comunicarnos con ellos en base a críticas.



Si te encuentras en una situación de impotencia, en la que no parece que tus hijos te escuchan y parece que cada vez la situación se pone peor, te invito a cambiar tu actitud y a esperar un resurgimiento de lo mejor que hay en el interior de tus hijos. Desde luego, esto implica sacrificio y crecimiento conjunto de padre y madre. Para enderezar el rumbo que están tomando tus adolescentes, enumeraré cuatro recomendaciones prácticas que propone, entre otras, el Doctor Isauro Blanco, experto en Educación:

a) Realiza actividades integradoras con tus hijos: De no ser así, estás enviando un mensaje desagradable a tu familia: “Los estoy soportando”. Se trata de que ellos sientan tu amor, tu interés positivo en sus personas. Evita estar corrigiéndolos todo el tiempo y procura un mayor lapso de convivencia a gusto, como jugar, conversar, ver películas juntos…

b) Recuerda que se enseña con el ejemplo: Práctica los valores que quieres que ellos aprendan. A los padres nos interesan las dos “R”: Respeto y Responsabilidad. Que ellos te sientan respetuosa, sin gritos, sin humillaciones, sin comparaciones, y que te encuentren responsable en todos tus compromisos. No puedes pedirles lo que no has modelado para ellos.

c) Mantén el buen humor: Procura hacer de tu hogar un sitio divertido y con actitud optimista. Provoca momentos de convivencia con risa.

d) Ten confianza en tus hijos: Visualiza su futuro en positivo y hazles ver lo que esperas de ellos. Menciónales que sabes que serán útiles a la Sociedad y que harán mucho bien a quienes les rodean. Que sientan que para ti son fuente de orgullo.

Sé que estarás pensando: “¿Cómo puedo decirles que siento orgullo de ellos cuando beben, fuman y desobedecen?” Considera que ellos están actuando de modo incorrecto, pero no por eso dejan de ser valiosos seres humanos. No identifiques su conducta con su persona. Debes ser sincero al expresarles que esperas lo mejor de ellos porque “sabes que son valiosos”, aunque hayan tomado algunas decisiones equivocadas. Exprésales tu amor, no tu desesperación.

 Si quieres que tus hijos mejoren, mejora tú. Ponte en las amorosas manos de Dios Padre, que te comprende y te asiste en estos períodos difíciles. Lo he dicho antes y lo subrayo ahora: “A los hijos se les educa de rodillas”. Los padres nos hemos olvidado del medio más poderoso para conseguir lo mejor de los nuestros: la Oración.

Lupita Venegas

ESCANDALOS EN LA IGLESIA… (P. Roger J. Landry) (algunas ideas extraídas)

ESCANDALOS EN LA IGLESIA… (P. Roger J. Landry) (algunas ideas extraídas)  DE LOS ELEGIDOS POR JESÚS… UNO FUE TRAIDOR!… Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quienes elegiría para … Sigue leyendo

APRENDER

APRENDER El valor que nos ayuda a descubrir la importancia de adquirir conocimientos a través del estudio y la reflexión de las experiencias cotidianas. Uno de los valores fundamentales de todo ser humano es el conjunto de habilidades y conocimientos de que dispone para resolver problemas. La única forma de obtener este conjunto es el … Sigue leyendo

PERMANECIERON FIELES HASTA LA MUERTE

PERMANECIERON FIELES HASTA
LA MUERTE


EN UNA MISMA FE Y EN UN MISMO ESPÍRITU

De la historia del martirio de los santos
Nicolás Pick
y compañeros, escrita por un contemporáneo

Después que los prisioneros fueron
sacados de la ciudad, se estuvo buscando un lugar apto para el suplicio, hasta
que llegaron al monasterio de Rugg, conocido con el nombre de Santa Isabel.
Había allí un local amplio, semejante a un granero, que
servía de depósito para hierba seca, que allí se precisaba
en abundancia. Había en este lugar dos vigas, una larga y otra
más corta, que parecieron a los soldados ser a propósito para
colgar de ellas a sus prisioneros.

Los condujeron a aquel granero, mientras
ellos, convencidos de que morirían por defender su fe católica,
mutuamente se confortaban en el espíritu y oraban al Señor con
fervor para que les ayudara en aquel trance definitivo. Cada uno, según
Dios le inspiraba, confortaba a los demás, animándose con la
esperanza de conquistar la retribución imperecedera y con la
posesión definitiva del reino de los cielos, exhortándose
también a soportar con valor cuantos suplicios les esperaban, sin perder
el ánimo y venciendo la muerte corporal. Después los despojaron
de sus vestidos y los dejaron totalmente desnudos.

El padre Guardián fue escogido el
primero para sufrir aquel horrendo suplicio. Abraza y besa a cada uno, y con
palabras graves les exhorta a que permanezcan fieles en la fe católica;
y que mueran con valentía por ella, manteniendo el espíritu y
amor de fraternidad que durante su vida les había unido en la vida
religiosa, permaneciendo fieles hasta la muerte en la misma fe y en el mismo
espíritu, sin perder en aquella hora final el amor que toda su vida les
había mantenido unidos; que tenían ya cercano el premio que Dios
les había prometido y por el que venían luchando toda su vida: la
corona eterna de la felicidad; que preparadas estaban estas coronas, pendientes
de posarse sobre sus cabezas; que por cobardía no las despreciaran en
aquel trance; finalmente, que siguieran su ejemplo con valor ante el
suplicio.

Diciendo estas palabras y otras parecidas,
con intrepidez sube las gradas del patíbulo; con rostro cargado de paz y
de cristiana alegría, avanza y no deja de pronunciar frases de aliento
hasta que su garganta queda atrapada por las cuerdas de la horca. Su cuerpo
pende en el aire. Y el vicario, padre Jerónimo, Ecio Nicasio y los dos
párrocos, Leonardo y Nicolás, se dedican a reafirmar a sus
compañeros, cumpliendo en aquel trance supremo su labor pastoral
definitiva.

Todos fueron colgados de la viga más
larga, excepto cuatro. Tres de éstos pendían en la viga
más corta; entre el padre Guardián y el hermano lego, fray
Cornelio, se hallaba Godofrido Duneo; el último en ser ahorcado fue
Jaime, premonstratense, que pendía de una escalera. Por lo demás,
los soldados, con gran sarcasmo, no a todos les colocaron las cuerdas en el
cuello, sino que a unos se las pusieron en la boca, a modo de mordaza; a otros,
en la barbilla; incluso algunos lazos eran flojos, para prolongar más el
suplicio, como el del venerable Nicasio, que, al clarear el nuevo día,
aún no había expirado, por habérsele prolongado la
respiración. Aquellos esbirros emplearon en tan horrendo crimen dos
largas horas, a partir de la media noche.

* * *

Nuestra Señora del Carmen – 16 de julio

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Nuestra Señora del Carmen 16 de julio       Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y en el que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, dando origen … Sigue leyendo

​SOBERBIA Y HUMILDAD

SOBERBIA Y HUMILDAD – por San Alfonso María de Ligorio


El soberbio es como un globo henchido de aire, que a sí mismo se considera como algo muy grande, aun cuando, en realidad, toda su grandeza se reduzca a un poco de viento, que, roto el globo, se desvanece súbitamente. Quien ama a Dios es verdaderamente humilde y no se engríe con sus cualidades personales, porque sabe que cuanto tiene, todo es don de Dios, y si algo tiene de sí es la nada y el pecado. Por consiguiente, cuanto más señaladas mercedes re­cibe de Dios, más se humilla, viéndose tan in­digno y tan favorecido por El.
Santa Teresa decía, hablando de las gracias especiales que Dios le había hecha: «Dios se las ha conmigo como se hace con una casa, que se la apuntala cuando amenaza ruina. Cuando el alma recibe la amorosa visita de Dios sintien­do en sí ardores extraordinarios de caridad, acompañados de lágrimas y de gran ternura de corazón, guárdese muy bien de creer que todo ello es recompensa y premio de sus buenas obras, humíllese entonces más y tenga por cierto que, si Dios la regala, es para que no le abandone. De lo contrario, si por tales mercedes se levan­tasen en el alma humos de vanidad, juzgándose más favorecida, porque es más fiel que las de­más en el servicio de Dios, esta falta de humil­dad sería suficiente para privarla de tales fa­vores. Para que se conserve la casa son necesarias dos cosas: los cimientos y el techo; los cimien­tos deben ser para nosotros la humildad, reco­nociendo que nada valemos ni nada podemos, y el techo, la divina protección, en la cual tan sólo hemos de confiar.»
Mientras más favorecidos nos veamos de Dios, más nos debemos humillar. Santa Teresa, cuan­do recibía una gracia especial, traía a la memo­ria sus pasadas culpas, y el Señor entonces la unía a sí con más estrecho lazo de amor, porque, cuando el alma se confiesa más indigna del fa­vor divino, tanto más la enriquece Dios de sus gracias. Tais, primero pecadora y luego Santa, se humillaba tanto ante Dios, que se creía in­digna hasta de nombrarlo, por lo que no se atre­vía a decir: Dios mío, sino que decía: Crea­dor mío, tened piedad de mí. Y escribe San Jerónimo que, debido a tal humildad, le pre­paraban en el cielo un magnífico trono. Igual­mente se lee en la vida de Santa Margari­ta de Cortona que, visitándola cierto día el Señor con mayores ternuras de amor que las acostumbradas, ella se puso a exclamar: «Pero ¿cómo, Señor, os habéis olvidado de lo que he sido? ¿Cómo me pagáis con tantas finezas las injurias que os he hecho?» Y Dios le respondió que, cuando el alma le ama y se arrepiente sinceramente de haberle ofendido, El se olvida de todas las ofensas recibidas, como había dicho por Ezequiel: Si el impío se convierte de todos sus pecados que cometió y observa todos mis pre­ceptos…. ninguno de los pecados que cometió le será recordado Y en prueba de ello la hizo ver el trono que le tenía aparejado en el cielo, rodeado de serafines. ¡Ojalá llegáramos a com­prender el valor de la humildad! Un acto de hu­mildad vale más que la conquista de todas las riquezas del mundo.
Decía Santa Teresa: «Vuestro entender, hijas, si estáis aprovechadas, será en si entendiere cada una es la más ruin de todas., y esto que se en­tienda en sus obras que lo conoce así»; así lo hacía la Santa: y así lo hacían todos los santos. San Francisco de Asís, Santa María Magdale­na de Pazzi y el resto de los santos se tenían por los mayores pecadores del mundo, y se ex­trañaban de que la tierra los sostuviese y no se abriera para tragarlos, y esto lo decían de todas veras. Hallándose próximo a la muerte el Beato Juan de Ávila, que vivió desde pequeñito vida santa, acercóse a él un sacerdote para asistirlo y le sugería cosas muy elevadas y sublimes, tra­tándolo como a gran siervo de Dios y persona docta como era; pero el P. Ávila exclamó: «Ruégole, padre, me asista como a criminal conde­nado a muerte, pues no soy otra cosa.» Tal es el concepto que en vida y en muerte tienen de sí los santos.
Así debemos obrar también nosotros si que­remos salvarnos y conservar la gracia de Dios hasta la muerte, poniendo en El solamente nues­tra confianza. El soberbio fíase de sus fuerzas, y por eso cae; pero el humilde, porque en solo Dios confía, aunque le asalten las más vehemen­tes tentaciones, mantiénese firme y no sucumbe, diciendo: Para todo siento fuerzas en aquel que me conforta. El demonio una vez nos tienta de presunción, otra de desconfianza; cuando nos as­gura que no hemos de temer las caídas, enton­ces es cuando hemos de temer, porque, si el Se­ñor dejara un solo instante de socorrernos con su gracia, entonces es cuando estaríamos perdi­dos. Y cuando nos tiente de desesperación, po­niendo los ojos en Dios, hemos de decirle: A ti, Señor, me acojo; no quede para siempre confundi­do ni privado de vuestra gracia. Estos actos de desconfianza en nosotros mismos y de con­fianza en Dios hemos de ejercitarlos hasta el pos­trer instante de nuestra vida, rogando siempre al Señor que nos dé la santa humildad.
Mas para ser humilde no basta sentir baja­mente de sí y tenerse en poco y por hombres miserables; el verdadero humilde, dice Tomás de KempisAquino que, cuando uno se ve despreciado., si se resien­te, por más milagros que haga., téngase por cier­to que anda muy lejos todavía de la perfección. La divina Madre ordenó a San Ignacio que ins­truyese en la humildad a Santa María Magda­lena de Pazzi, y el Santo le dijo: «La humildad consiste en gozarse de cuanto redunda en nues­tro propio desprecio.» Nótese que dice gozarse, porque., aun cuando la parte inferior se resista cuando nos desprecian, por lo menos en espíri­tu debemos alegrarnos.
Y ¿cómo es posible que el alma que ama a Jesucristo no se goce en los desprecios, viendo a su Dios aguantando las bofetadas y salivas que en su rostro recibió durante su pasión? Entonces escupieron en su rostro y le dieron de puñadas, y otros le abofetearon. Al considerar esto, ¿có­mo podrá dejar de amar los desprecios? Con este fin quiso nuestro Redentor que fuese expuesta en nuestros altares su imagen, no ya en forma gloriosa, sino crucificada, para que tuviésemos siempre ante los ojos sus desprecios, ante los cuales los santos se gloriaban viéndose despre­ciados en esta tierra. Esta fue la petición que San Juan de la Cruz dirigió a Jesucristo cuando se le apareció con la cruz a cuestas: «Señor, pa­decer y ser despreciado por vos.» Viéndote a ti, Señor, despreciado, por amor mío, no te pido más que padecer y ser despreciado por tu amor.
Decía San Francisco de Sales que «el soportar los oprobios es la piedra de toque de la humil­dad y de la verdadera virtud». ¿Qué decir de una persona que pasa por espiritual, hace ora­ción, comulga frecuentemente, ayuna y se mor­tifica, y, a vuelta de todo eso, no puede sopor­tar una afrenta ni una palabrilla punzante? Que es una caña hueca, vacía de humildad y de vir­tud. Y ¿qué sabrá hacer el alma amante de Je­sucristo si no sabe afrontar una afrenta por el amor de quien tantas afrontó por ella? En la Imitación de Cristo escribió Kempis: «Pues tanto horror tienes a las humillaciones, señal es de que no estás muerto al mundo, ni eres hu­milde, ni tienes a Dios ante los ojos. Quien no tiene siempre ante la vista a Dios, a la menor palabra de censura se turba.» No tienes valor para sufrir por Dios bofetadas y heridas; so­porta al menos cualquier palabrilla.
¡Qué admiración y escándalo no causa la per­sona que comulga frecuentemente y luego se turba e irrita por una palabra despectiva! Por el contrario, ¡cómo edifica el alma que a los desprecios responde con palabras bondadosas, para aplacar al ofensor, o no responde ni se lamenta con los demás, sino que permanece con rostro serena, sin rastro de amargura! Dice San Juan Crisóstomo que el humilde es útil para sí y para los demás, por el buen ejemplo que les da de mansedumbre en los desprecios.
Tomás de Kempis, volviendo sobre esta ma­teria, indica muchas ocasiones en las cuales de­bemos humillamos. «Lo que dicen los otros —es­cribe— será oído; lo que dices tú será contado por nada; pedirán los otros, y recibirás; pedi­rás tú, y no conseguirás. Los demás serán en­salzados en boca de los hombres, y de ti nadie dirá nada; a los otros se encomendará esto o aquello, y a ti no se te tendrá por útil para nada. Por estas pruebas hace Dios pasar a sus siervos, para ver hasta dónde llega el renuncia­miento propio y la confianza en El. Por eso gemirá a las veces la naturaleza, y no hará poco si sufriere callando.»
«Humilde es de verdad —decía Santa Juana de Chantal— quien, viéndose humillado, se hu­milla más.» Y, en efecto, el verdadero humilde no juzga ser lo debidamente humillado como me­rece. A los que esto hacen, llámalos Jesucristo bienaventurados, y no a quienes el mundo estima, honra y alaba por nobles, doctos o poderosos; para los maldecidos, perseguidos y calumniados del mundo, para quienes todo lo sufren paciente­mente, está reservada gran recompensa en los cielos.
De especial manera hemos de practicar la hu­mildad cuando nuestros superiores u otro cual­quiera nos corrigen de un defecto. Personas hay que se parecen a los erizos: mientras no se les toca, parecen apacibles y mansos; pero, no bien el superior o el amigo les corrigen de algún defecto, enseñan al instante todas sus púas, responden destempladamente, o que no es cierto o que han tenido sus razones para obrar de aque­lla manera, por lo que no haya para qué amonestarles de aquella forma; en una palabra, mi­ran como a enemigo a quien les reprende, imitando a quienes se irritan contra el cirujano porque les hace sufrir al curarles la llaga. «Esto es airarse contra quien le hace la cura», dice San Bernardo. El varón santo y humilde, dice San Juan Crisóstomo, cuando le corrigen, llora el error cometido, al paso que el soberbio llora también, pero llora porque aparece su defecto; por eso pierde la serenidad y por eso responde y se revuelve contra el que le amonesta. He aquí la excelente regla de conducta que dio San Feli­pe Neri para cuando uno se vea acusado: «El que verdaderamente quiere hacerse santo-—decía— jamás debe excusarse, aun cuando sea falsa la inculpación que se le hiciere.» Solamen­te esta regla padece una excepción, y es cuan­do la defensa se juzga necesaria para atajar el escándalo. ¡Qué de méritos atesora ante Dios el alma que es reprendida y, aun cuando sea in­justamente, guarda silencio y no se defiende! «Más levanta una cosa de éstas a las veces—de­cía Santa Teresa—que diez sermones…, por­que se comienza a ganar libertad y no se da más que digan mal que bien, antes parece es nego­cio ajeno.»

​DE LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

DE LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Tomado del Catecismo Mayor de San Pío X


105. ¿Cuándo celebra la Iglesia la fiesta de la Santísima Trinidad? – La Iglesia honra a la Santísima Trinidad todos los días del año, y principalmente los domingos; pero le hace una fiesta particular el primer domingo después de Pentecostés.
106. ¿Por qué el primer domingo después de Pentecostés celebra la Iglesia esta fiesta particular de la Santísima Trinidad? – El primer domingo después de Pentecostés celebra la Iglesia esta fiesta. particular de la Santísima Trinidad, para darnos a entender que el fin de los misterios de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo ha sido llevarnos al conocimiento de la Santísima Trinidad y a su adoración en espíritu y verdad.
107. ¿Qué quiere decir Santísima TRINIDAD? – Santísima Trinidad quiere decir: Dios uno en tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
108. Siendo Dios espíritu purísimo, ¿por qué se representa la Santísima Trinidad en forma visible? – Dios es espíritu purísimo; pero las tres Personas divinas se representan bajo ciertas imágenes para darnos a conocer algunas propiedades o acciones que se les atribuyen a la manera con que algunas veces han aparecido.
109. ¿Por qué Dios Padre se representa en forma de anciano? – Dios Padre se representa en forma de anciano para significar la eternidad divina y porque Él es la primera Persona de la Santísima Trinidad y el principio de las otras dos Personas.
110. ¿Por qué el Hijo de Dios se representa en forma de hombre? – El Hijo de Dios se representa en forma de hombre porque es también verdadero hombre, por haber tomado la naturaleza humana por nuestra salvación.
111. ¿Por qué el Espíritu Santo se representa en forma de paloma? – El Espíritu Santo se representa en forma de paloma porque en esta forma bajó sobre Jesucristo, cuando fue bautizado por San Juan.
112. ¿Qué hemos de hacer en la fiesta de la Santísima Trinidad? – En la fiesta de la Santísima Trinidad hemos de hacer cinco cosas: 1ª, adorar el misterio de Dios uno y trino; 2ª, dar gracias a la Santísima Trinidad por todos los beneficios temporales y espirituales que de Ella recibimos; 3ª, consagrarnos totalmente a Dios y rendirnos del todo a su divina Providencia; 4ª, pensar que por el Bautismo entramos en la Iglesia y fuimos hechos miembros de Jesucristo por la invocación y virtud del nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 5ª, determinarnos a hacer siempre con devoción la señal de la Cruz, que expresa este misterio, y a rezar con viva fe e intención de glorificar a la Santísima Trinidad aquellas palabras que tan a menudo repite la Iglesia: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu. Santo.

EL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS, CORONA Y GLORIA DEL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

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EL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS, CORONA Y GLORIA DEL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA Capítulo I del libro “El Corazón de Jesús” de San Juan Eudes No es justo separar dos cosas que Dios ha unido tan íntimamente por los vínculos más fuertes y por los nudos mas estrechos de la naturaleza, de la gracia y … Sigue leyendo