Consejos para educar a los hijos

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LA FAMILIA: IMAGEN DE LA TRINIDAD

LA FAMILIA: IMAGEN DE LA TRINIDAD En cada aspecto de nuestra vida cristiana “lámpara para mis pasos es tu palabra, Señor”. La familia cristiana, como antes la hebrea, no está fundada en corrientes de pensamiento pasajeras que antes o después se manifiesta como parciales y falsas, sino en la Revelación de Dios, en Tradición y … Sigue leyendo

La abstinencia sexual, explicada a los hijos

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Mujer ¿Por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia Autor: Horacio Bojorge Capítulo 2: Acedia en la Vida Religiosa 1. Un caso de acedia en la vida religiosa activa Entre los numerosos testimonios biográficos de acedia que me han hecho llegar amables lectores y amigos, con la autorización de la … Sigue leyendo

La piedad

La piedad

 

La virtud de la piedad es “un habito sobrenatural que nos inclina a tributar a los padres, a la patria y a todo los que se relacionan con ellos el honor y servicio debido”.(1)

Dicho en otras palabras, es la amorosa disposición del corazón que nos lleva a honrar y servir a Dios, a nuestra Patria, a nuestros padres y a todos los objetos venerables. Sto. Tomas la define como “cierta manifestación de caridad que alguien tiene hacia los padres y hacia la Patria.

La religión y la piedad nos conducen ambas al servicio de Dios, pero así como la religión lo considera como el Creador,  la piedad lo ve como a un Padre. Quien ve a Dios sólo como el Creador del universo, siente hacia El respeto, admiración y reverencia que lo lleva a someterse a sus leyes libremente reconociendo su soberanía. Pero la piedad es fundamentalmente una virtud del corazón, nacida del afecto, del cariño de sabernos hijos, de entender que es un Padre y muy Padre nuestro el Señor que está junto a nosotros y en los cielos.

La piedad es una virtud distinta de la caridad hacia el prójimo. Se funda en la estrechísima unión que resulta de un mismo tronco o estirpe familiar común, mientras que la caridad se funda en los lazos que unen con Dios a todo el género humano.

La verdadera piedad no está hecha de sensiblerías y gestos superficiales, debe nacer del corazón para que sea fuerte, para que sea sólida. De ahí que San Agustín nos enseñe que la piedad es una virtud superior a otras porque los padres son superiores a los hijos en jerarquía, autoridad y responsabilidad ante Dios.  Dios ocupa el primer lugar por ser nuestro Creador, luego viene la Patria y después vienen nuestros padres que nos dieron la vida, el afecto y la educación y a quienes deberemos dejar, si somos llamados a servir a Dios o a defender la Patria. Por la piedad, el hombre de bien, el corazón noble, está inclinado a amar a Dios, a la Patria y a los padres más que a cualquier otra persona. La piedad supera a la virtud de la justicia, aunque ambas están destinadas a regular las relaciones del hombre con Dios y el prójimo. La virtud de la piedad se eleva por encima de la justicia porque nos inclina a dar a Dios el honor y la gloria debida, no por ser el Creador sino porque lo consideramos nuestro Padre. Con relación a la justicia, nos consideramos deudores, con relación a la piedad como sus hijos.
Pertenece a la religión dar culto a Dios y a la piedad darlo a los padres y a la Patria. El cuarto mandamiento completo reza: “Honrar padre y madre si quieres que se prolonguen tus días en la Tierra que el Señor tu Dios te da”. De ahí que la piedad infunda en nuestros corazones ese instinto sobrenatural que quiere para nosotros el Padre.

Transcribo, como ejemplo de amor filial y de este orden, la carta que el mayor de la Fuerza Aérea Juan José Falconier, copiloto del Lear jet LR- 35, matrícula T-24 muerto en la guerra de las Malvinas dejó escrita a sus dos hijos mayores:
“A Nequi y Mononi:
Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás, por ustedes y vuestros hijos… y los que hereden mi Patria. Les va faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a Dios, aférrense a Él, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente; es la única forma de vivir la “buena vida”, y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de Él, para no aflojar, yo estaré junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor. Sean una “familia”, respetando y amando a mamá aunque le vean errores, sean siempre solo “uno”, siempre unidos. Les dejo el apellido “Falconier” para que lo lleven con orgullo y dignifiquen, no con dinero ni bienes materiales, sino con cultura, con amor, con la belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombres y menos “animal”, y por sobre todo enfrentando la vida con la “verdad”, asumiendo responsabilidades aunque les cueste sufrir sinsabores, o la vida misma. Les dejo muy poco en el orden material, un apellido “Falconier” y Dios (ante Quien todo lo demás no importa).
Firmado PAPÁ. (2)

La Patria es la tierra de nuestros padres, de donde recibimos nuestra cultura e identidad. Es el lugar en donde Dios quiso que naciéramos y que “labráramos y que cuidásemos”. No somos masivamente “todos” por estar parados sobre un mismo territorio, ni son sólo “los pobres y los marginados” (como nos quieren hacer creer ahora nuestros políticos) sino los que estuvieron, los que están y los que vendrán que se identifican con los valores de nuestra identidad nacional. Nuestra Patria Argentina fue fundada católica, de ahí que al hablar de Patria haya que hablar de su catolicidad y, si no se hace, es para arrancarnos las raíces. La revolución anticristiana sabe que, al aniquilarnos la familia y, por consiguiente, el amor a los padres, liquidamos el amor a la Patria, que se transmite en una familia estable, unida, generosa, que engarza las tradiciones de una generación con otra.

Y para ser “padre” no basta con engendrar. La verdadera paternidad implica responsabilidad frente a la vida que traemos al mundo, su protección, su sustento, la educación, la preocupación y el desvelo por marcarle el camino y darle un ejemplo. Un padre debiera marcarle con claridad a sus hijos el sentido de la vida, y los hijos aprender a mirar al padre biológico para convertir luego ese mismo lazo sobrenatural con Dios Padre… Hemos de ser piadosos como niños, porque los niños son sencillos, y nosotros delante de Dios somos muy pequeños, como niños. En el mundo pagano, si bien todavía no habían recibido la Revelación, eran respetuosos de los antecesores y de sus antepasados, cuando ellos llegaban al mundo. La vida de los padres, la tierra en que se había nacido, tenían un valor religioso. De ahí que, durante siglos, el peor castigo que se podía dar a un hombre después de la muerte, era el destierro. Es antinatural al hombre que lo eche de su propia patria, de ahí lo doloroso.

Bajo la Cristiandad, los padres son considerados como representantes de Dios, de quien procede toda paternidad. El primer deber de los padres hacia los hijos es amarlos, de ahí que sintamos totalmente antinatural que los padres no amen a sus hijos. Los padres deben además, cuidar que sus hijos tengan una educación adecuada a su nivel social y cultural, darles buenos ejemplos y corregir sus errores. Los hijos a su vez tienen la triple obligación de amor, reverencia y obediencia hacia sus padres. Esto se deduce de la virtud que Santo Tomás llama “pietas”. Así como la religión nos obliga a rendir culto a Dios, hay una virtud distinta que nos inculca la actitud que debemos tener hacia nuestros padres en cuanto a que a ellos le debemos la vida, la educación y el afecto. Así como todos los hombres somos hijos de Dios, la virtud de la piedad nos exige un amor fraternal entre nosotros. Una piedad con respecto al prójimo. Una manera de obrar franca y amable, una inclinación a agradar, a perdonar las ofensas que nos lleva a tener un semblante bondadoso, una conversación benévola e inclinada hacia la cordialidad. Soportar con paciencia las flaquezas de los débiles y las miserias de los imperfectos, reprimiendo el odio y los deseos de venganza que son dureza anticristiana.

Los pecados opuestos a la piedad familiar son: el amor exagerado a los parientes (por exceso) que nos llevará a dejar de lado nuestros deberes de estado u obligaciones más importantes (por ejemplo no responder al llamado de una vocación religiosa para no disgustar a los padres, abandonar continuamente a nuestro marido para estar cerca de nuestra mamá que vive lejos, pasar el día visitando a nuestras hermanas desatendiendo a nuestro hogar y nuestros hijos, dividir a las familias eligiendo tratar solamente con una parte etc.). Y la impiedad familiar (por defecto) que desatiende y se desentiende de los deberes de honor, reverencia, respeto, ayuda económica y espiritual debido a los padres (pudiendo cumplirlos).

Con referencia a la Patria, se oponen: el nacionalismo exagerado (que desprecia con palabras y obras a todas las demás naciones que no sean la propia) y el cosmopolitismo de los hombres sin Patria, los hoy llamados (lamentablemente) hasta con orgullo “ciudadanos del mundo”.

En la medida en que hayamos aprendido a amar a nuestros padres, estaremos en condiciones de amar a la Patria y a Dios Padre. Es por eso que la revolución anticristiana ha hecho tanto hincapié en destruir a la familia y desautorizar a los padres, para cortar los lazos que unen al hombre no sólo a su Dios Padre (a quien representan los padres en esta tierra) sino a su Patria, a la que los enemigos extranjeros pretenden dominar.

Notas:
(1) “Teología de la perfección cristiana”. Rvdo. P. Royo Marín. Editorial BAC. Pág. 566.
(2) “Dios en las trincheras”. Rev Padre Vicente Martínez Torrens. Ediciones Sapienza. Pág.194.

La oración en el Catecismo de la Iglesia – 3 –

La oración en el Catecismo de la Iglesia – 3 – CUARTA PARTE PRIMERA SECCIÓN CAPÍTULO SEGUNDO (fuentes de la oración el camino de la oración maestros y lugares de oración)   LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN 2650. La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta … Sigue leyendo